jueves, 4 de marzo de 2010

de Redecilla a Villambistia, de cabeza a la fuente

Tú, peregrino, si quieres llegar a Santiago en perfectas condiciones, tienes que meter la cabeza en la fuente de Villambistia. Lo dice la tradición y también unos papeles que guarda como oro en paño Rosa María García, en su casa al lado del Camino. Sí, bueno, su casa, aunque en realidad es la del abuelo de su marido, Adolfo Manso. 'Casa del Che' se llama. Lo decía un cartel colgado a la puerta y que ahora está de baja debido a las heridas que le causó el viento del pasado fin de semana. "Me lo arrancó de cuajo", explica Adolfo con el cartel en la mano. Promete colocarlo pronto, para que lo vea el próximo peregrino que pase por aquí... y por la fuente de la localidad.
¡A ver esa tradición! Pues cuenta la leyenda que hace muuuuchos años, en un verano en el que el sol derretía hasta las ampollas de los caminantes (mama tranquila, que a mí me están perdonando, y cruzo los dedos de los pies para que siga así). Decía que hace muuuuuchos años llegó hasta Villambistia un peregrino que venía desde Redecilla del Camino con la lengua fuera. Cansado es poco. Sofocado es menos. Estaba destrozadito el pobre. Y un vecino de lugar le dijo que lo mejor para refrescarse era meter la cabeza entera en la fuente. El peregrino no se lo pensó dos veces y hundió la testa en el agua. ¡Splashhh! Hasta el cuello. Y oye, mano de santo. El caminante llegó a Santiago. Comentó la jugada a otros viajeros compostelanos y, desde entonces, cuentan en Villambistia, la fuente del pueblo ha servido de amuleto para todos aquellos que al pasar por aquí decidieron mojarse en la fuente. Tentado estoy de zambullirme, pero ¡brrrr!, hace tanto frío...
Rosa María y Adolfo (simpáticos es poco) me eximen, así que me doy por mojado.
Los dos son enamorados de su pueblo. El natal de Adolfo. El de adopción de Rosa María. La pareja vive en Burgos, como la mayoría, pero en cuanto pueden se escapan hasta esta esquinita del Camino de Santiago. «Venir aquí es una gozada. Puedes hacer un montón de cosas». Excursiones por el campo, senderismo, hay fiestas casi todos los sábados y, dicen, se lía parda en las fiestas de agosto. Por la zona se pueden ver culebras, jabalíes, zorros y corzos. «Viene mucha gente a cazar, es una pena», se lamenta Rosa María, una de las 200 socias de la asociación cultural y recreativa de la localidad. Y eso que el pueblo sólo tiene 82 vecinos empadronados. En realidad, durante el invierno aquí sólo viven 13, tal y como reconoce Inmaculada, la hospitalera del albergue San Roque, que llegó a la localidad hace unos meses para que no se quedara sola la docena. Sólo unos meses, pero ya se sabe, cómo no, la historia de una de las fuentes más famosas del Camino.
El Norte de Castilla 4/03/2010

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