domingo, 18 de abril de 2010

El Camino Literario a Santiago, Las Letras del Camino

Letras que hacen camino ( Diario de León - 18/04/2010 )
 ernesto escapa
Los caminos a Santiago recorren la geografía peninsular y jalonan su tránsito con paisajes e hitos de interés, pero el Camino de Santiago es el que discurre entre Redecilla y El Cebrero, ensartando a su paso un legado de hospitalidad, tradición, urbanismo, literatura y arte que lo hace único entre todos los itinerarios europeos. Esta precisión me la confiaba el lunes en Frómista un hospitalero que lleva en sus pies la huella de todas las peregrinaciones. Del patrimonio cultural acumulado por la tradición jacobea, quizá sea el literario el que pasa más inadvertido. Y eso, porque sus manifestaciones más depuradas (dejando a un lado a los clásicos y a los poetas, pienso en Carpentier, en Yourcenar, en Dieste, en Cunqueiro, en Lodge, en Torbado, en Nooteboom) las va relegando el ruido efímero de quienes tomaron el camino como un trampolín. Pienso en Coelho, en Kerkeling, incluso en Shirley MacLaine, por no incurrir en venialidades más cercanas.
Ahora se incorpora a aquel legado un libro singular, que publica la Consejería de Cultura y Turismo. Se trata del volumen Castilla y León en el Camino. Ficciones y semblanzas de un territorio jacobeo, coordinado por el profesor Javier Gómez-Montero, que articula textos muy diversos de los veinticinco primeros Premios Castilla y León de las Letras. De Miguel Delibes a José María Merino. Conviene señalar de entrada que la selección no se limita a las referencias más conocidas, sino que ofrece sorpresas tan jugosas como los relatos de Martín Garzo (que esconde un homenaje a Delibes), Adrados, González Sainz, Santonja, Merino, Elena Santiago o Luciano González Egido. Y eso es mérito del coordinador, un maragato que enseña en Alemania. Pero no es menos sorpresa la hermosísima evocación de Rodilana (por donde transita el Camino de Levante) en la pluma de Rosa Chacel. Los textos reunidos proporcionan a quien leyere una imagen cabal del legado jacobeo e incluso permiten un seguimiento literario del Camino Francés. Sobre todo, del tramo leonés, que ilustran los versos de Antonio Colinas, Eugenio de Nora o Antonio Gamoneda y las prosas de Crémer, Merino, Luis Mateo Díez, Elena Santiago, Pereira, Aldecoa o Jiménez Lozano.
Muy hermosos y placenteros son los versos de Claudio, de Pino y de Valverde. Ilustrativas las reflexiones de Adrados (que desciende de Prada de la Sierra), de Torrente, de Marías, de Alarcos. Y sugerentes las teselas narrativas que nos remiten, cual un señuelo, a la amplitud de la obra total, com o ocurre con los textos de Aldecoa, de Guerra Garrido o de Luis Mateo Díez. La edición, pulcra y discreta, facilita su lectura, que constituye un auténtico placer.

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