jueves, 2 de agosto de 2012

Sublevación Republicana, Sto. Domingo de la Calzada, 8 agosto 1883. I Aniversario

LA SUBLEVACIÓN REPUBLICANA
DE SANTO DOMINGO DE LA CALZADA 
8 de agosto de 1883


Fco. Javier Díez Morrás
Instituto de Estudios Riojanos

INTRODUCCIÓN
A las dos y media de la madrugada del 8 de agosto de 1883, en Santo Domingo de la Calzada, una tranquila y pequeña ciudad de la Provincia de Logroño, se sublevaba a favor de la reinstauración de la República el Regimiento de Caballería de Numancia.
El levantamiento no era un episodio aislado. Tres días antes, enmarcado en un mismo plan y por tanto con un mismo fin, se habían levantado los Regimientos Santiago y Covadonga en la ciudad de Badajoz. Casi a la vez que el de la ciudad riojana se sublevaba también el Batallón de Vizcaya de la Seo de Urgel. A todo ello se sumaban distintos conatos y movimientos de civiles y militares en otros puntos de España. Sin embargo, a pesar de todos ellos, el plan no había triunfado. En realidad la acción militar debía haber sido protagonizada por importantes acuartelamientos de toda España. Todo quedaría en una sublevación parcial, descoordinada y abocada al fracaso.
La sublevación riojana nacía derrotada. Para el día 8 los levantados en Badajoz se encontraban huidos en Portugal y la gran mayoría de la opinión pública lamentaba la intentona. Aun así el teniente Juan José Cebrián iniciaba en Santo Domingo de la Calzada una acción desesperada que llevaría a un trágico desenlace. Cebrián sería asesinado por uno de los suyos, y cuatro sargentos republicanos serían fusilados cuatro días después tras juicio sumario verbal de guerra.
Al huir los sublevados de Badajoz a Portugal y los de la Seo de Urgel a Francia, no sufrieron esas penosas consecuencias, por lo que el levantamiento de Santo Domingo de la Calzada adquirió especial trascendencia nacional. El fusilamiento sirvió al gobierno Sagasta para acallar las críticas por su imprevisión, pretendiendo además ser un escarmiento ante los elementos más levantiscos del Ejército.
Los sucesos de agosto de 1883 se erigen por tanto en uno de los hitos del republicanismo revolucionario decimonónico. Su derrota, no obstante, no llevó al desánimo. Tres años después, y al mando del general Villacampa, los mismos que habían sido derrotados en 1883 intentarían el que se ha venido denominado como último levantamiento militar republicano1.

1. LA PREPARACIÓN DE LA SUBLEVACIÓN

1.1. Ruiz Zorrilla, líder político de los republicanos revolucionarios

Con la proclamación de Alfonso XII por parte del general Arsenio Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874, concluía definitivamente la primera aventura republicana española, la cual había dado comienzo un 11 de febrero de 1873.
De entre las diferentes ramas del republicanismo surgía una con un cariz revolucionario la comandada por el político progresista Manuel Ruiz Zorrilla, antiguo correligionario del también progresista aunque monárquico Sagasta.
Manuel Ruiz Zorrilla (El Burgo de Osma, 1833 - Burgos, 1895)2 había llegado al republicanismo tras la salida de Amadeo de Saboya. Su progresismo
sin embargo venía desde la juventud, en 1858 se había integrado en el partido progresista. Participará en la insurrección de Prim de 2 de enero de 1866 y en «La Sargentada de San Gil», de 22 de junio, así como en la revolución de 1868. Con Serrano sería ministro de Fomento. En 1869, con Prim, fue ministro de Gracia y Justicia. En 1870 fue presidente de las Cortes Constituyentes. Como se ha dicho apoyó a Amadeo de Saboya, al que acompañó a España, siendo de nuevo ministro de Fomento en 1871 y presidente del Consejo de Ministros desde septiembre de 1872 hasta la abdicación de aquel el 11 de febrero de 1873. A partir de entonces evolucionó hacia un republicanismo revolucionario. En 1874, con la llegada de Alfonso XII, radicalizó sus posiciones y comenzó una carrera jalonada de intentos levantiscos con el fin de restablecer el régimen republicano. Es por ello que el 4 de febrero de 1875 el Consejo de Ministros decretaba su expulsión a Francia.
Sus conatos no se consolidarán hasta su unión con la Asociación Republicana Militar, organización clandestina nacida en 1880 en el seno del Ejército3. La ARM irá ganado terreno y a principios de 1883 contaba ya con la adhesión de 34 guarniciones. Los progresistas de Ruiz Zorrilla y la ARM prepararán conjuntamente el levantamiento de agosto de 1883.


1.2. La Asociación Republicana Militar y los primeros encuentros preparatorios

La fuente principal para el conocimiento del nacimiento de la Asociación Republicana Militar y de los movimientos tendentes al levantamiento de agosto de 1883, es el libro publicado ese año por Miguel Pérez, alias Siffler 725, los elementos primer secretario de la organización4. También es fuente fundamental la biografía del republicano Juan Manuel Zapatero escrita por su hijo, uno de civiles presentes en los preparativos de la sublevación, cuya parte relativa a este episodio fue transcrita en el diario La Rioja de 8 de agosto de 19315.
La ARM fue fundamental para la organización del levantamiento. El gran avance hacia una sublevación republicana no llegó hasta la implicación de ésta. La ARM era una asociación clandestina de militares creada para reinstaurar la República. A favor de su consolidación y crecimiento estuvo el descontento generalizado de gran parte del Ejército debido a unas penosas condiciones económicas y materiales, lentitud en los ascensos y ausencia de pensiones.
La asociación fue creada a principios de octubre de 1880 por Miguel Pérez. Se aprobó un reglamento y unas bases6, aunque su constitución real no llegaría hasta el 1 de enero de 1883 con el nombramiento de la junta7.
Ruiz Zorrilla se acercó al Ejército prometiendo aquellas demandas militares que venían solicitando8. Era consciente de que sus métodos sólo podían triunfar con la participación sólida de un Ejército en el que, por otra parte, no confiaba demasiado. Pérez por su parte también entendió que el líder progresista era fundamental en su proyecto. Así, éste se puso en contacto con aquel, que le mostró su adhesión al proyecto de la ARM. Según Pérez, Ruiz Zorrilla le respondió a su carta inicial diciéndole:
«Querido Siffler: apruebo cuanto en la suya me dice, y ya sabe que todo lo que sea trabajos para la causa, me halagan; por lo tanto, a trabajar y darme cuenta de los progresos. Su afectísimo amigo, AGRÍCOLA.»
Pérez comenzó así una intensa relación epistolar con el político exiliado informándole de los movimientos, de las reuniones y de los avances. Sin embargo la relación no comenzó bien, pues Pérez no obtuvo el apoyo económico de los progresistas que necesitaba para desarrollar su intensa labor de proselitismo. El propio Pérez tendría que poner dinero de su bolsillo y valerse de amigos para los gastos.
En diciembre de 1882 se creará la junta definitiva de la ARM. El brigadier Manuel Villacampa, alias Pedro Mur, que será protagonista en 1886 del último levantamiento militar republicano, sería nombrado presidente y el número 739 vicepresidente. Miguel Pérez se mantenía como secretario, pero era el verdadero protagonista de la ARM. Ruiz Zorrilla desconfiaba de esa junta y sólo mantenía relación con él9.
En septiembre de 1882 Pérez se entrevistaba con Ruiz Zorrilla en París. En la reunión Ruiz Zorrilla comprobó las verdaderas posibilidades de un levantamiento y se interesó por el compromiso de los acuartelamientos comprometidos. Pérez le informó de la sólida adhesión de todos los regimientos afines y la disponibilidad a actuar en cuanto se les requiriese. Ruiz Zorrilla sin embargo seguía desconfiando de ellos y abogaba por el levantamiento de una única plaza fuerte. Eso iba contra el propio reglamento de la ARM, que apostaba por un levantamiento de todas las plazas comprometidas10. La desconfianza del líder progresista se manifestó además con su negativa a aportar fondos para la causa.

A su vuelta Pérez siguió buscando aportaciones económicas del partido progresista. Consiguió finalmente en enero de 1883 que La Hoz entregase 600 pesetas mensuales para los gastos de las comunicaciones, que posteriormente se le reintegrarían.
El 14 de febrero, de acuerdo con el plan de Ruiz Zorrilla, Pérez quedaba citado en la redacción del diario republicano El Porvenir con un representante de aquel. El fin era hablar sobre un viaje de inspección a las unidades afines a la ARM para comprobar si el grado de compromiso con la causa y con la revolución seguía siendo el mismo que Pérez había manifestado meses antes. Al parecer Ruiz Zorrilla iba diseñando a su conveniencia el levantamiento aprovechando una supuesta debilidad del gobierno Sagasta, que quería acercarse más a la izquierda eliminando del gobierno a Martínez Campos, ministro de la Guerra, o el Marqués de la Vega de Armijo, ministro de Estado11.
De nuevo la falta de dinero provocó que no se pudiesen hacer las visitas a los regimientos previstas en las diferentes reuniones que mantuvieron esos días Pérez y Villacampa con elementos del partido progresista. Las diferencias entre el elemento civil y militar se iban acrecentando. Así ambos acudieron a Manuel Llano y Persi12, otro miembro importante del partido progresista, que les aportó 1.500 reales para la misión.
El día 27 de febrero se pudo hacer el viaje, en el que también estuvo Morán, otro político progresista. Éste pudo comprobar la gran ilusión y compromiso de todos los miembros de la ARM visitados, siete lugares en total, y así se lo hizo ver a Ruiz Zorrilla y hasta en otros foros públicos con cierta indiscreción. La visita duró diez días y les llevó a Barcelona, Lérida, Zaragoza y aunque no se menciona, también a Logroño, entre otros lugares. Es interesante un dato que ofrece Pérez en su libro y que da información sobre la trama civil de la sublevación. En todos los lugares donde iban se entrevistaban con un «elemento civil», lo que le llevó en algún caso a nuevos encontronazos con Morán, pues los miembros de la ARM entendían que era más importante la reunión con los militares. El tal Morán volvió tan entusiasmado que llegó a solicitar al presidente de la ARM y a Pérez que le nombrasen brigadier y que le admitiesen en la asociación13.
El informe que para Ruiz Zorrilla hicieron desde el partido tras el viaje incidía en la necesidad de comenzar la sublevación en Barcelona, en una sola plaza. Pérez y la ARM ya vimos que no creían en esa vía de actuación, además en Barcelona había un importante número de fuerzas en contra.
Entre el 15 y el 20 de abril se reunían en la casa del Marqués de Montemar, Miguel Pérez, el presidente de la ARM, y los progresistas Morán, Menéndez y Rincón. La finalidad de la reunión era formar una Junta Mixta de Guerra y una comisión de Hacienda. Para desesperación de los militares, cada vez estaba más presente el elemento civil en toda la organización14.
Tras la reunión Pérez se dirigió a Barcelona. Los militares de esa ciudad se oponían al plan civil. Los miembros de la ARM le insistieron que siguiese los procedimientos establecidos en el reglamento, o sea, un levantamiento conjunto y general, y le hicieron otras propuestas tendentes a la coordinación de las actuaciones. Fue entonces cuando se estableció por primera vez una fecha y hora para la sublevación, finalmente desechada, el 10 de agosto a las dos de la madrugada15.
Estos movimientos indican de nuevo que la ARM tenía claras sus posiciones. Pérez entendía que sólo debía hacer caso a su organización y no a las órdenes de Ruiz Zorrilla.



1.3. El plan de Ruiz Zorrilla




Ya se ha indicado reiteradamente que Ruiz Zorrilla quería comenzar el levantamiento en Barcelona. Allí tenía importantes contactos que habían ido hablando con los militares. Con la intención de convencer a la ARM, Ruiz Zorrilla mandó a su secretario, Ricardo López16, a Madrid para entrevistarse con Pérez y la ARM. López venía de Barcelona de hablar con los militares de aquella plaza y pidió a Pérez que viajase a dicha ciudad para confirmar las órdenes que en nombre de Ruiz Zorrilla ya había dado y convencer a todos los militares de lo apropiado de ese plan. Pérez le manifestó todos los inconvenientes técnicos de ese levantamiento único, a lo que López respondió ofreciéndoles ascensos a ambos y amenazándole con la retirada de Ruiz Zorrilla17.
El 28 de abril Miguel Pérez llegaba a Barcelona donde vio la confusión de los miembros de la ARM ante los planes de Ruiz Zorrilla. Se volvió a Madrid el día 30 habiendo convencido a sus asociados de lo inoportuno de un alzamiento en Barcelona. Los miembros del partido llegaron a afirmar que una escuadra francesa apoyaría el levantamiento barcelonés.
El 11 de junio Pérez volvía a viajar a París para encontrarse con Ruiz Zorrilla. Hablaron durante nueve horas de las informalidades de sus representantes en Madrid, del nombramiento de un nuevo presidente de la ARM y de las múltiples gestiones y viajes realizados. Finalmente le habló del plan de sublevar los 34 regimientos afines a la vez. Ruiz Zorrilla se mostró intransigente y seguía con la idea de levantar en un primer momento sólo dos regimientos en Barcelona. Amenazó con abandonar y siguió desacreditando al Ejército: «¿Han hecho esos militares nunca nada? Pues yo me quedé sin el dinero y ellos en disposición de recibir otro tanto si yo hubiese vuelto a cometer la torpeza de creerlos». En realidad Ruiz Zorrilla estaba más pendiente de su propio prestigio: «necesito que uno o dos regimientos se lancen a la calle suceda lo que suceda, a fin de demostrar a los Gabinetes extranjeros que el ejército es republicano, que tiene en mí toda su confianza.» 18

Pérez veía cada vez más clara la escasa importancia que el elemento civil otorgaba al levantamiento. Pero ante la insistencia de Pérez, y contra las ideas de Ruiz Zorrilla, López consintió que la ARM siguiese con sus planes y se comenzaran a repartir contraseñas e instrucciones. Se fijó una nueva fecha para la sublevación, el 29 de junio. Pero López tenía un plan para frustrar los planes de Pérez: mandar a la mujer de éste a Barcelona para que supuestamente estuviese más protegida, y amenazarle después con su muerte si no desistía de su plan.
Fue a finales de junio cuando quedó todo al descubierto. En realidad los zorrillistas querían un levantamiento en Barcelona, a pesar de la escasez de fuerzas existentes en esa ciudad «pues el objeto principal de la sublevación en Barcelona no es otro que apoderarnos de 20 o 30 millones, cosa fácil de realizar si conseguimos dominar 24 horas en la población… Con este dinero se puede hacer la revolución en poco tiempo, conquistando generales y coroneles con mando de cuerpos». Esta conclusión indignó a Pérez19. Fue entonces cuando entendió aquellas palabras de Ruiz Zorrilla en las que decía que iba a ser capaz de involucrar a varios generales. Todo ello se podría hacer con ese dinero comprando voluntades.
A partir de entonces todo fue descoordinación. López decidió ir dando órdenes a los regimientos de acuerdo con las intenciones de Ruiz Zorrilla, y éstos a ponerse en contacto con Pérez para aclarar la situación.

1.4. Una definitiva fecha para la sublevación

Después de estos problemas, y tras una tensa entrevista con López en Barcelona los días 21 y 22 de julio en casa del político progresista Buixó, en la que estaba también un representante militar de Barcelona y Mansilla, se llegaba a un acuerdo y se fijaba una nueva fecha para la sublevación, la madrugada del 5 de agosto. En esa reunión también se encontraría el riojano Juan Manuel Zapatero y un teniente coronel y otros tres civiles20. El hijo de Zapatero dice en su biografía que la reunión en la que se fijó la fecha fue el 30 de julio. Rolandi señala que la reunión preparatoria fue el 27.
Se acordó el levantamiento de las plazas de Barcelona, Valencia, Zaragoza, Badajoz, Alicante y Logroño21, esta última parece que por presiones de Juan José Cebrián22, aunque la presencia del riojano Zapatero bien pudo tener también su relevancia. El resto de las guarniciones se irían sumando23. Por ejemplo se enviaron esos días contraseñas e instrucciones a Puigcerdá, Berbell, la Seo de Urgel y Badalona24. Plazas que al parecer también habían comprometido su unión al levantamiento fueron Bilbao, Cartagena, Cádiz, Burgos, Sevilla, Granada y Málaga. Se habló también en la reunión de la lectura de un manifiesto por parte de Ruiz Zorrilla en el que se restablecería la Constitución de 186925.
A pesar de lo acordado López propiciaría el definitivo fracaso. Cuando ya habían salido las órdenes para Badajoz y Alicante propuso que todo se retrasase al 10 de agosto a las dos de la madrugada. El cambio venía a consecuencia de una noticia que Villacampa había hecho llegar a un redactor de El Porvenir. Se refería a que el día 9 se iba a contar «con la unión de un nuevo elemento y con la entrega de una cantidad respetable que un amigo de Madrid había ofrecido dar.»26
Pérez echa la culpa a López en su libro, pues parece que fue él quien propuso la modificación tras la noticia:
«Todo se perdió por esta contraorden debida a la poca capacidad del Sr. López, a sus mañas disposiciones, a su avaricia, porque al ver que se le escapaban de las manos los millones que pensaban recoger en Barcelona por la oposición de los elementos de dicho punto a tamaña atrocidad, le cegó la esperanza de apoderarse de la cantidad ofrecida en Madrid y para esto era preciso esperar a la fecha del 9.» 27

López se dio cuenta de su error al retrasar la operación. Dice Miguel Pérez: «El 3 de agosto comprendió el Sr. López su temeridad, y desesperado me mandó llamar para ver si yo encontraba medio de evitar el peligro que nos amenazaba». Para intentar arreglar el asunto Pérez mandó sendos telegramas a Badajoz y a Alicante para que se suspendiese todo.
Los telegramas llegaron a tiempo pero en la ciudad pacense el jefe militar, Serafín Asensio Vega, lo interpretaría de manera contraria, con lo que el levantamiento se verificó. Comenzaba una sublevación que había nacido muerta. Algunas informaciones afirman que Martínez Campos se encontraba al tanto de los movimientos, lo que provocó que los generales comprometidos no se sumasen finalmente a la sublevación28.


 

 2. LOS LEVANTAMIENTOS DE BADAJOZ Y LA SEO DE URGEL

2.1. Badajoz

El alzamiento de Badajoz fue estudiado hace años por José Raya Téllez29. Para su estudio consultó las fundamentales memorias del capitán Melchor Muñoz Epelde, editadas en 1901, militar que participó activamente en la preparación del levantamiento y en la sublevación de la ciudad. Era uno de los miembros más activos y comprometidos de la ARM. Su número de identificación dentro de la misma era el 908. Fue quien se encargó de asentar el republicanismo entre los militares de Badajoz, consiguiendo la adhesión del teniente coronel de la Reserva de Caballería, Serafín Asensio Vega y del comandante Pedro Marín, que comandaron el levantamiento. Estas dos adhesiones trajeron en cadena las de numerosos oficiales.
Como ya se ha señalado, las órdenes señalaban la una de la madrugada del día 5 de agosto como el momento de ese alzamiento. Así se hizo, pues se interpretó mal el telegrama de rectificación que vimos mandó Pérez un día antes en el que decía «Mañana salgo, espérame», y que pretendía retrasar el levantamiento al día 10. En Badajoz se sublevaban los regimientos Santiago y Covadonga.
Se comunicó al Gobernador Civil y al Capitán General su arresto, y la Guardia Civil y los Carabineros se rindieron. Los militares no sublevados fueron encerrados en el Cuartel de Ingenieros. La tranquilidad pública no fue alterada. Se puede decir que el levantamiento llegó a término en la ciudad. Sin embargo surgió un primer contratiempo. Ninguno de los republicanos civiles locales quiso formar parte de la Junta de Guerra Mixta que se debía formar. Sólo el abogado Rubén Landa formó parte del órgano.
Pero el problema definitivo sería mucho más importante, y no era otro que el haber sido el único acuartelamiento levantado en todo el país. Ante tal obviedad el día 6 por la mañana los militares y republicanos civiles implicados huían hacia la frontera portuguesa sin saber qué había ocurrido. Según Raya Téllez huyeron 924 hombres. Los periódicos nacionales informaban ya del levantamiento y su fracaso.
Muñoz Epelde señala con acierto que la causa principal del fracaso del levantamiento de Badajoz fue la descoordinación general de la ARM.


2.2. La Seo de Urgel y otras acciones

El día 8 de agosto de madrugada se sublevaban 294 hombres del Primer Batallón de Vizcaya de la guarnición de la Seo de Urgel, a las órdenes del teniente coronel de la reserva Francisco Fontcuberta, que ya se había sublevado en 1866 en Gerona, el capitán Carlos Franco y el capitán de carabineros Higinio Mangado30. En principio esta plaza era de las que se debían sumar tras el levantamiento de los acuartelamientos principales.
Se ocuparon los cuarteles, pero no la ciudadela, donde se encerró el brigadier Emilio López de Letona. Se proclamó también la República y se recorrieron las calles tocando «La Marsellesa». A mediodía el brigadier publicaba un bando en el que se declaraba en la plaza el estado de excepción. Se destituyeron las autoridades y se reemplazaron por nuevas autoridades republicanas. Llegada la noticia de la llegada del general Cuenca, los sublevados abandonaron a las dos y media de la tarde la plaza en dirección a Andorra y Puigcerdá.
En Cataluña se produjeron numerosas escaramuzas y acciones. El periódico sagastino La Iberia informaba el día 9 de que en el barrio de Hostalfrancs, cercano a Barcelona, se había producido el día anterior un motín de obreros armados31.

En Tarragona se levantaron 50 hombres y en Castellón se cortaron telégrafos el día 7. En Valencia hubo reuniones y en Cartagena se tomaron medidas preventivas. En Zaragoza se cortaron líneas telegráficas y se quitaron raíles en las vías férreas32.
El día 10 por la mañana se levantó una partida de 20 a 25 hombres en Alcarraz (Lérida). En su persecución y en dirección a la provincia de Huesca salió el teniente coronel de la Guardia Civil con 30 efectivos33.

3. LA SUBLEVACIÓN DE SANTO DOMINGO DE LA CALZADA
A pesar de no haberse producido en una ciudad de importancia y de haberse retrasado unos días con respecto a Badajoz, la sublevación de la ciudad riojana tuvo especial trascendencia. Fue en la única en la que se persiguió efectivamente a los sublevados con el resultado de un asesinado, el teniente Juan José Cebrián, y cuatro sargentos fusilados.


3.1. La ARM en el Regimiento de Caballería de Numancia

El Regimiento de Santo Domingo de la Calzada era uno de los que tenían mayor número de militares republicanos. Un buen grupo de sargentos del acuartelamiento calceatense pertenecían a la Asociación Republicana Militar, entre ellos los cuatro fusilados. Pero además algunas fuentes hablan de que varios de los oficiales también estaban comprometidos con la sublevación. Aún hoy no es posible corroborar ese dato, pero las reuniones preparatorias del día anterior lo confirmarían.
En cuanto a los cuatro sargentos fusilados no hay duda de su pertenencia a la ARM. Uno de ellos, Fernando Gómez Sedano, al comunicársele su condena a muerte comenzaría a explicar los planes de la sublevación. El propio Manuel Ruiz Zorrilla le había nombrado capitán en recompensa por la acción34.
El periódico La Iberia, pasada la sublevación, destacaría la importancia de la ARM en el levantamiento de Santo Domingo de la Calzada:
«Dícese que a algunos de los sublevados del ejército del Norte (deben ser los de Numancia), se les han cogido papeles de interés revelando todos que para el levantamiento militar ha contribuido mucho la Asociación masónica que viene cundiendo desde 1877 en las clases más modestas del ejército, bajo el nombre de Asociación republicana militar»35.



3.2. Los republicanos de La Rioja

Pero además de existir un buen número de militares republicanos, la región contaba con un significativo grupo zorrillista dispuesto al levantamiento.
Si hacemos caso a los estudios de Pablo Sáez Miguel, concluiremos que el republicanismo era una fuerza importante en La Rioja a pesar de la ausencia de elementos republicanos en el poder36. En 1868 en La Rioja los republicanos fueron los promotores y protagonistas de la Gloriosa Revolución, pronunciándose con las armas en Calahorra, Haro y Santo Domingo de la Calzada, participando en las Juntas Revolucionarias y formando parte de algunos ayuntamientos. Tambiénestablecieron un buen número de comités locales del Partido Republicano.

A pesar de ello no se convirtieron en una fuerza política mayoritaria en la provincia, en gran parte debido al consolidado sistema bipartidista del últimocuarto del siglo XIX. Tampoco existían entre sus filas personajes con relevancia política nacional como tenía el liberalismo progresista de esta región tales fueron Espartero, Olózoga, Sagasta, Amós Salvador y Miguel Villanueva.
En la Rioja Alta se aprecia un consolidado grupo republicano desde los tiempos de Isabel II. Tanto en Haro como en Santo Domingo de la Calzada los republicanos habían protagonizado los alzamientos de septiembre de 1868.
Con la llegada de Alfonso XII el republicanismo riojano también se dividió en diferentes ramas. En Haro por ejemplo se llegó a aprobar el 23 de abril de 1883 una Constitución Republicana Federal del Estado Riojano.
Entre los republicanos riojanos había importantes zorrillistas. El más destacado fue Cesáreo Muñoz Villanueva. Junto a él hay que destacar a Francisco de Paula Marín Riaño, joven abogado calceatense que tendría un papel destacado en los sucesos de agosto de su ciudad.
Aunque los otros acuartelamientos riojanos comprometidos con la sublevación no la secundaron, y por tanto el grueso de los republicanos no salió a la luz, el levantamiento de Numancia tuvo sus acciones civiles paralelas. Hubo varias acciones y emboscadas en la zona llevadas a cabo por elementos civiles que pretendían ayudar al triunfo de la sublevación. Estos hechos nos hablan de una cierta organización y mínima coordinación de los zorrillistas riojanos.
En Cenicero, por ejemplo, diez hombres incendiaban entre las doce de la noche y la una de la madrugada del día 8 la madera del puente de Torremontalvo tras cortar los hilos telegráficos. En Haro se destruyó la línea férrea en el puente sobre el Tirón, cortándose también el telégrafo37.
Se puede afirmar por tanto que en el verano de 1883 existía en la región y en el entorno un importante número de republicanos conocedores del levantamiento y que esperaban el desenlace para manifestar públicamente su republicanismo y reinstaurar la República en su ámbito municipal.



3.3. Se prepara la sublevación riojana

Uno de los republicanos zorrillistas, pieza fundamental en el levantamiento del Regimiento Numancia, fue Juan Manuel Zapatero Castillo. Había nacido en Cervera de Río Alhama el 21 de octubre de 1849. Estudió Comercio y con catorce años ya organizará un plan contra la monarquía. En el Sexenio Democrático formará parte del Comité Republicano de su localidad. En 1870 participó en la Guerra franco-prusiana formando parte de la Legión Garibaldina. El 27 de noviembre de 1872, con 400 hombres armados, proclamará la República en su localidad de nacimiento, siendo procesado por ello. En la Primera República fue jefe de los republicanos riojanos. Se pasó al zorrillismo y participó en Barcelona en la preparación de la sublevación. Tras ésta, sería condenado a cadena perpetua, por lo que se exilió en Francia. Volvió a España para continuar su militancia republicana y revolucionaria. Murió el 27 de marzo de 1925 en su localidad de nacimiento.
Como ya se señaló, los datos acerca de su participación en la sublevación nos los proporciona la biografía escrita por su hijo años después.
Así, el día 31 de julio llegaba Juan Manuel Zapatero a Logroño con la información de que el día 5 de agosto se produciría el levantamiento militar. Además, como arriba se ha visto, la provincia tenía un sólido respaldo republicano civil. Los días previos hubo en Logroño una reunión con militares en la que se encontraba el teniente Juan José Cebrián. Quedó todo a la espera de un telegrama de confirmación para la víspera. Pero el telegrama no llegaba, por lo que se envió un emisario a Zaragoza al cual se le informó del cambio de planes que ya se ha mencionado, relacionado con aquella supuesta llegada de fondos para la sublevación. Todo se retrasaba hasta la noche del 9 al 10. Sin embargo algo había salido mal, el día 6 apareció en los periódicos nacionales la noticia del levantamiento de Badajoz, lo que modificaba radicalmente los planes.
Los elementos civil y militar de Logroño acordaron actuar por su cuenta y se notificó a Zaragoza sus intenciones de levantarse. El hijo de Zapatero indica que en La Rioja los acuartelamientos dispuestos a levantarse eran, además del calceatense, el de Ezcaray, con un batallón del Regimiento de Infantería Bailén comandado por el teniente coronel Llorens, y otros en Logroño y Calahorra. En Torrecilla en Cameros se unirían todas las fuerzas y de ahí, juntas y en dirección a Tarazona, debían ir a Zaragoza.
En cuanto a los civiles se encontraban dispuestos el abogado calceatense Francisco de Paula Marín Riaño y otros muchos entre los que destacan Carlos Amusco y Echarri y Ramón Pérez Arce.


3.4. Ocho de agosto: Sublevación del Regimiento de Caballería de Numancia

Tras la autorización de Zaragoza el teniente Cebrián, oficial del Regimiento de Reserva de Caballería nº 24 de Logroño, salía en dirección a Santo Domingo de la Calzada el día 7 de agosto a las dos de la tarde. Su intención era liderar el levantamiento del Regimiento de Caballería de Numancia de Santo Domingo de la Calzada que conocía por haber pertenecido a él. Llegó a las nueve de la noche. Zapatero se dirigía también a la misma ciudad pero vía Haro.
Siguiendo con la crónica del hijo de Zapatero, Cebrián se reunió hasta dos veces con los oficiales, lo que confirma la participación activa de éstos. Los sargentos, que se encontraban en el cuartel, fueron también informados de los planes. La orden de Cebrián era que debían esperar hasta que se levantase Logroño.
Sin embargo la impaciencia pudo con ellos y Cebrián y Zapatero acordaron iniciar el levantamiento en la madrugada del ya día 8. Mientras eso se producía Zapatero y Francisco de Paula Marín subirían a Ezcaray para acordar con el teniente coronel Llorens los detalles de su alzamiento. La primera orden era que debían esperar a la sublevación calceatense. Zapatero, antes de dirigirse a Ezcaray le diría a Cebrián: «Hay que volver a requerir a los demás oficiales con verdadero interés; más que por la ayuda material, por la moral; porque ellos en gran número, dan al soldado una mayor confianza». Nuevo ejemplo de la participación de aquellos.
Zapatero y Marín llegaron a las dos y media de la madrugada del ya día 8 a Ezcaray. Llorens no levantó el acuartelamiento en espera del correo de Santo Domingo, correo que nunca llegó. Según el hijo de Zapatero, Marín mandó a un emisario para que le informara de lo que había sucedido en Santo Domingo y le indicó que ya se había producido el levantamiento. Llorens tomaría entonces la decisión de dirigirse por una vereda a Torrecilla para unirse a Cebrián. Salieron haciendo ver que iban en persecución del Numancia pero en Santo Domingo de la Calzada fueron interceptados por las tropas de Haro. Zapatero y Marín, viendo el fracaso, huirían a Francia.
A las dos y media38 de la madrugada el teniente Juan José Cebrián Piqueras había levantado al Regimiento de Caballería de Numancia acantonado en el ex convento de San Francisco de la ciudad calceatense.
El maestro de trompetas, tres sargentos primeros y nueve sargentos segundos «sobornaron»39 a 224 hombres, entre cabos y soldados. Cebrián se había presentado en el acuartelamiento haciéndose pasar por coronel. No hubo resistencia, desconociendo los soldados el porqué y a dónde se dirigían40.
El oficial al mando del regimiento era el coronel Ramón Rubalcaba Juárez de Negrón. Salió dos horas después en persecución del Numancia acompañado por otros hombres entre los que se encontraban Fernando O´Mulryan y Duro, el capitán José Sánchez Nieto, el cabo segundo Ricardo Carrillo y los soldados Gabriel Palacios, Faustino de Jorge y Antonio Bermúdez. Una vez en camino se incorporaron los capitanes Tomás Felipe, Hipólito García, Braulio Verdes y Guillermo Vázquez, los tenientes Martín Blázquez, Santos Gil, Julián Herranz, Marcos Villar, Ramón Alonso y Miguel Robles, los alféreces portas Pedro Martínez, Manuel Fernández, Manuel Quiroga y Amalio Reguero. Quizás alguno de estos oficiales había formado parte de los encuentros previos con Cebrián.
Por otra parte en Haro se movilizó el Regimiento Bailén, que vimos tenía un destacamento en Ezcaray. En Logroño lo hicieron los Regimientos Príncipe y Almansa, a las órdenes del Brigadier Martí y el Coronel Almansa, que en principio tenían que haber tomado parte de la sublevación41. Finalmente y a última hora habían desistido.
El alcalde de la ciudad calceatense enviaba unas horas después al gobernador civil, que a su vez se lo hacía llegar al ministro de la Gobernación, un telegrama informando del levantamiento42.
Cebrián había salido en dirección a Torrecilla en Cameros, o sea hacia el este. La primera localidad que pisó fue Cirueña.
Tras una legua y media recorrida por los perseguidores, comenzaron a encontrarse elementos rezagados debido al intenso ritmo de la marcha43.
El Diario de las operaciones del Numancia, publicado por San Baldomero y Olmos, señala que, perdida la pista, volvieron a encontrarla gracias al sargento Agustín Bendito, siguiendo hacia Cordovín, Badarán, Baños de Río Tobía, Bobadilla y finalmente Pedroso.

La prensa informa de que a las ocho de la mañana había llegado a Pedroso el regimiento sublevado, y que habían parado para reponer herraduras a la caballería que venía descalza por el intenso ritmo. De ahí partirían para Torrecilla en Cameros por el Serradero44. La crónica de Zapatero señala que «Al cruzar sin parar la calle estrecha y larga de Pedroso, los vecinos despertados a los gritos de ¡Viva la República! echaban a los soldados bacalao, pan, botellas de vino. Se sumaban a su modo al corazón». Ningún periódico habla de ello.
A una legua y media de Pedroso, en dirección a Torrecilla en Cameros, los perseguidores alcanzaron la retaguardia de los sublevados. Setenta soldados se unieron al grupo de O´Mulryan. Los sublevados lanzaron algunos disparos, no así los perseguidores, pero que no alcanzaron a nadie «seguramente también a que la tropa hacía fuego de una manera completamente forzada»45. O´Mulryan, viendo lo estrecho del paso hacia el Serradero, punto de fácil ataque, y lo agotados que se encontraban los caballos, decidió volver sobre Pedroso para herrar a los animales y darles pienso. Allí permanecieron unas tres horas. Desde allí enviaría Rubalcaba a un hombre para observar la situación de Torrecilla, el cual informó que las cuatro torres y la puerta de la localidad estaban tomadas.
Las crónicas periodísticas dicen que, apenas quince o veinte minutos después de la salida de Pedroso de los sublevados habían llegado a la localidad el coronel Rubalcaba y sus oficiales46, el coronel comandante Fernando O´Mulryan y Duro, los capitanes Braulio Verdes, Guillermo Vázquez y José Sánchez, los ayudantes Ramón Alonso y Julián Herranz, los portas Amalio Reguero, Manuel Fernández Gamboa y Pedro Martínez, el alférez Manuel Quiroga y los tenientes Martín Blázquez, Santos Gil y Marcos Villar.

Un vecino de Pedroso enviará a la prensa un escrito explicando lo acontecido en su localidad al paso de los sublevados y sus perseguidores, crónica que repetirán varios periódicos. Ese informante describe esos movimientos de Rubalcaba que, tras alcanzar a la retaguardia de los sublevados e intercambiar disparos, decide retroceder:
«Pero el camino era muy difícil y peligroso; los caballos del coronel y de los oficiales, que habían corrido mucho para ganar a los sublevados la delantera que estos llevaban, no podían dar un paso, y convencidos todos de la imposibilidad de seguir la persecución, retrocedieron a Pedroso a herrar sus cabalgaduras y darles pienso. Allí se les incorporaron más soldados que habían aprovechado las revueltas del camino para separarse de sus compañeros».47

En la misma carta describe el difícil paso del Serradero:
«El camino que siguieron es una cañada, por cuyo fondo corre el río Pedroso. A la derecha e izquierda se alzan ásperas montañas, la de la derecha pedregosa y árida, la del lado opuesto cubierta de espesos bosques de hayas, y allí en el fondo un monte de los mismos árboles. El camino que los sublevados seguían era tan estrecho que no podrían ir aquellos más que de uno en uno.»48

Como se ve, los sublevados muy bien podían haber tendido una emboscada a los perseguidores, pero no aprovecharon ese estrecho paso porque en realidad Cebrián no quería derramamientos de sangre. Su plan era juntarse en Torrecilla con otras tropas venidas de Logroño y dirigirse hacia Zaragoza.
A Torrecilla llegaron los sublevados a las nueve de la mañana pero no encontraron a nadie. Cebrián tomó la decisión de esperar a los regimientos supuestamente levantados colocando vigilancia en las torres de la población.

Después de unas horas de espera, sobre las seis y media de la tarde, secercaban ya a los perseguidores, a los que se habían sumado cerca de un centenar de rezagados. Ante esta nueva situación Cebrián tomó la decisión de proseguir su camino hacia Tarazona por tierras de Soria. Parece que finalmente le habían informado además de que el coronel Cortijo con el Regimiento de Lusitania y otro de infantería subían desde Logroño en su busca49. Zapatero habla de que hubo un amago de abandono por parte de Cebrián, pero que finalmente decidió proseguir.
El Diario del regimiento indica que a las seis y media de la tarde llegaban finalmente los perseguidores a Torrecilla, y que apercibidos los sublevados, salieron precipitadamente camino de Soria unos sesenta hombres «entregándose otros tantos a la fuerza leal»50.
El alcalde de Torrecilla también informó sobre la estancia de Cebrián. El periódico La Iberia informaba de la salida basándose en su testimonio:
«…precipitadamente y en el mayor desorden, salieron por la carretera de Soria; que poco después llegó el coronel de dicho cuerpo con fuerza del mismo, siguiendo la dirección de la primera, de la cual se le ha incorporado en aquella villa más de la mitad, y que la población no ha secundado el movimiento, continuando tranquila.»51

Pasada la localidad de Villanueva de Cameros y en dirección a Villoslada, en el lugar conocido como «Junta de los Ríos», uno de los soldados que aún continuaba con Cebrián, Pedro Ramírez Lázaro, «El Pinche», natural de Albelda de Iregua, quizás ya desanimado, disparará su carabina por la espalda contra Cebrián matándole52. Eran las nueve de la noche53. Rubalcaba le entregó 25 pesetas ese mismo día y el general Genaro Quesada, jefe del Ejército del Norte, le daría posteriormente 1.000 más. El rey le concederá además una pensión vitalicia54. Tiempo después moriría de tres puñaladas tabernarias55.
El resto de soldados apresó a los cuatro sargentos. El Correo informaba de que la muerte se produjo sobre las diez de la noche56. Tadeo Salvador, gobernador civil, en su comunicado oficial señalaba que serían las nueve de la noche57.
En Villanueva de Cameros sería enterrado Cebrián, siendo retenidos en una habitación del mesón los sargentos Gómez, Cano, Guerrero y Alonso. En el registro civil de dicha localidad se conserva su acta de defunción, y en el libro de difuntos de la parroquia se informa de su entierro en el cementerio local. A las ocho de la mañana del día siguiente volvían hacia Santo Domingo de la Calzada58.


3.5. Comunicaciones oficiales y declaración del estado de guerra

El mismo día 8 de agosto las provincias de Logroño y Soria eran declaradas en estado de guerra por parte de Genaro Quesada y Mathews, capitán general de los Ejércitos Nacionales y general en jefe del Norte, con sede en Vitoria59.

El teniente general Camilo Polavieja y Castillo también declaraba el estado de guerra en las provincias de Sevilla, Córdoba, Huelva y Cádiz el día 10 de agosto. Según la prensa, hubo detenciones de cabos y sargentos60.
Por su parte la Gaceta de Madrid publicaba el día 9 la suspensión de las garantías constitucionales en el territorio de la Península decretada por el Presidente del Consejo de Ministros interino, Arsenio Martínez Campos, el día anterior, a reserva de su aprobación por las Cortes61.
El gobernador de Madrid, conde de Xiquena, informaba el 9 de agosto a los directores de los periódicos la posibilidad de cerrar los que alentasen la comisión de delitos contra el orden público. A su vez mandó cerrar el Casino democrático progresista, el Casino democrático popular y el Centro federal62.
El estado de guerra en Logroño y Soria se levantó por Genaro Quesada el 4 de septiembre, siendo dado a conocer mediante bando por Manuel Trabéis y Pérez, brigadier gobernador militar de Logroño.
Los comunicados oficiales del momento pretendieron tranquilizar a la población y dar sensación de control de la situación.
El Boletín Oficial de la Provincia publicaba el día 9 el siguiente comunicado del Gobernador Civil:
«En la mañana de ayer salió sublevado de la ciudad de Santo Domingo de la Calzada el Regimiento de Caballería de Numancia, que se encontraba allí acantonado, a las órdenes del Teniente Don Juan Cebrián, perteneciente a la Reserva de Caballería de esta Capital.



Apercibidos del hecho el Señor Coronel, Jefes y Oficiales de dicho Regimiento, salieron inmediatamente en su persecución, la que fue también activamente realizada por columnas del Ejército tan luego como tuvieron conocimiento del suceso las autoridades superiores, dando por resultado la reducción de los sublevados a la legítima obediencia de su expresado Jefe Coronel Sr. Rubalcaba, después de la muerte, a manos de aquellos, del referido Teniente Cebrián, ocurrida sobre las nueve de la noche anterior en el puente de Villoslada, inmediato a Villanueva de Cameros.
Ninguna otra fuerza del Ejército, ni pueblo alguno, ha secundado esta sublevación, anatematizada por todas las personas sensatas; y al publicarlo me cabe también la satisfacción de participar que reina completa tranquilidad en toda la provincia.
Logroño 9 de agosto de 1883. El Gobernador, Tadeo Salvador.»63

Un ejemplo de nota oficial de lo sucedido en La Calzada es la siguiente, publicada el día 12 en la Gaceta de Madrid64:
«En las primeras horas de la mañana del 8 del corriente, y poco después de haber terminado con la fuga de los sublevados la sedición de Badajoz, recibió el Gobierno despacho de las autoridades civiles y militares comunicándole que el regimiento de caballería de Numancia, acantonado en Santo Domingo de la Calzada, había abandonado su cuartel durante la noche, caminando hacia Nájera, sin sus oficiales y jefes, al mando del teniente de la reserva Cebrián. A las seis de la tarde del mismo día confirmaba el gobernador de Logroño estos datos, manifestando que en las primeras horas de aquella mañana habían pasado los insurrectos por Pedroso y Baños de Río Tobía, siguiéndole cerca el coronel del regimiento que, con varios oficiales, marchaba en su persecución, y pareciendo dirigirse a Torrecilla de Cameros, mientrasotras fuerzas salían de la capital de la provincia y de otros puntos también en persecución de los insurrectos.
En Villanueva de Cameros, el coronel y los oficiales del regimiento de Numancia, a cuya obediencia habían vuelto ya cuatro sargentos y como unos 80 soldados, consiguieron dar alcance al resto de la fuerza sublevada, ya aunque ésta les rechazó con algunos disparos, el coronel se apoderó del estandarte y arengó enérgicamente a los soldados, que conmovidos a la voz de su jefe le vitorearon con decisión y entusiasmo. Todavía entonces el teniente Cebrián y alguno de los sargentos intentaron prolongar la insurrección y continuar la iniciada lucha, logrando tan solo con sus palabras que uno, hasta aquel momento insurrecto, disparara sobre el citado teniente, dejándole muerto en el acto. Pocas horas después emprendía el regimiento la marcha hacia Santo Domingo bajo las órdenes de sus jefes y presos ya los sargentos rebeldes».

3.6. El fusilamiento de los cuatro sargentos

El día 12 a las 7 de la mañana se celebraba en Santo Domingo de la Calzada un juicio sumario verbal. Fueron condenados a muerte cuatro de los sargentos sublevados, los que se mantuvieron hasta el final con Cebrián65.
El juez fue Miguel de Echenique,  Comandante del Primer Batallón del Regimiento de Infantería Bailén, acantonado en Haro. El general Loma, capitán general de las Vascongadas realizó la instrucción.
La sentencia condenó a muerte a José Guerrero Martín, sargento primero, casado, de treinta y tres años y natural de Lobras (Granada); a Fernando Gómez Sedano, sargento primero, casado, de treinta y cuatro años y natural de Campillo (Burgos); a Gregorio Cano García, sargento segundo, soltero, de veintinueve años, natural de Alcántara (Cáceres) y a Félix Alonso Llorente, sargento segundo, soltero, de treinta y tres años, natural de Barajas (Madrid). Al cabo primero Luciano Benito se le condenó a cadena perpetua.



Un testigo del juicio escribía pocos días después una carta al diario La Época en la que expresaba sus impresiones:
«Instantáneamente le abrazaron los cuatro, y en medio de la desesperación unos y llorando los otros, le manifestaron su conformidad con el fallo del Consejo, pues que habían incurrido en una grave falta y no ignoraban la pena a que se habían hecho acreedores, diciendo el primero Gómez, que él había recibido el nombramiento de capitán firmado por Zorrilla, en recompensa de la aventura en que se lanzaron.»
Fueron fusilados sobre las tres del mediodía del día 12 en una huerta contigua al cementerio capitular de Santo Domingo de la Calzada. El hijo de Zapatero señala que los colocaron de espaldas y se abrazaron. También habla de que el sargento Félix Alonso no murió en un primer momento, pidió clemencia, y recibió tres disparos más. El Correo Militar señalaba que en una primera descarga sólo cayeron dos, otro quedó herido de rodillas y otro ileso. Hubo una segunda descarga, si bien uno de los sargentos se levantó pidiendo clemencia. A la tercera descarga se le quitó la vida. También señala ese periódico que «La esposa de uno de los ajusticiados abortó; la de otro de éstos es casi una niña, tiene dos hijos e ignora la catástrofe»66.
Los libros de defunción municipales señalan que fueron enterrados en el cementerio de la ciudad.
La celeridad para juzgar a los cuatro sargentos y su inmediata ejecución pretendió demostrar a la ciudadanía la firmeza del Gobierno. Quiso ser además una advertencia a los militares levantiscos. Esa intención se aprecia en el escrito oficial del general Quesada:
«Ejército del Norte. Estado Mayor General.
Orden general dada en el Cuartel General de Vitoria a 12 de agosto de 1883.

SOLDADOS. El inexorable fallo de la Ley se ha cumplido. Cuatro de los Sargentos que olvidando sus juramentos y deberes, arrastraban con engaño a la rebelión a la tropa del Regimiento de Numancia, han sido pasados por las armas a las tres de la tarde de hoy, por sentencia del Consejo de guerra verbal, cumplidas las prescripciones que exige la ordenanza.
Rogad a Dios por ellos, y sirva a todos de saludable escarmiento tan terrible como justo castigo, y de ejemplo constante de energía y resolución del Coronel Ruvalcaba y de sus Jefes y oficiales, así como el buen espíritu de sus soldados, que a la vez de aquellos se pusieron bajo sus órdenes, quedando presos los Sargentos que les obligaron a hacer fuego contra sus superiores, y muerto por un tirador el Teniente de la Reserva que …
Así, el Cuerpo no registrará una página bochornosa en su historia, ni se ha empañado el buen nombre y crédito de este Ejército, cuyas clases todas anhelan siempre demostrar su firme adhesión a S. M. el Rey (q. D. g.), e instituciones vigentes.
Tened siempre presentes la humillación y escarnio que sufristeis en 1873, mientras la Nación se desmembraba, marchando rápidamente al abismo.
El restablecimiento de la disciplina la salvó entonces y confía la demostraréis siempre que sea necesario, vuestro General en Jefe.
Genaro de Quesada.»67

Sin embargo este escarmiento no sentó de la misma manera en la prensa y en la política. San Baldomero y Olmos ponen de manifiesto en su mencionado trabajo las diferentes reacciones de la prensa de acuerdo con su ideología política68.



La Patria pide por ejemplo «Que la autoridad no vacile», La Correspondencia habla de castigo «rápido, enérgico y ejemplar», el monárquico y tradicionalista La Fe, habla sin embargo de «serenidad y olvido de la historia. Los fusilamientos en España no han producido jamás, desde el año 31 hasta la fecha, otro resultado que exacerbar los ánimos y convertir en mártires a los que se habían tratado como criminales.» El Día, veía injusto el fusilamiento. El Correo Militar señalará que los sargentos cumplían órdenes y por tanto no debían ser fusilados. El diario La Epoca69 sin embargo veía correcta la consecuencia.



3.7. Represalias contra la ARM

Una vez fusilados los responsables directos del levantamiento de Santo Domingo de la Calzada se procedió por parte del Gobierno con la depuración del Ejército.
El 1 de septiembre se aprobaba una real orden contra la ARM. Se señalaba que era «un organismo político que pugna con los más elementales deberes del soldado».
Se indicaba que «se hace preciso proceder con la mayor energía en el castigo» por haber celebrado reuniones, actos y pactos sediciosos. Con ello se pretendía abrir expedientes gubernativos de acuerdo con el Real Decreto de 1 de junio de 1877, con el fin de separar del Ejército tanto a los levantados como a sus promotores. Al margen quedaban las responsabilidades de carácter penal militar que sería vistas en los correspondientes procesos judiciales.
La real orden señalaba que la mera pertenencia a la ARM era suficientemente grave como para separar temporalmente del servicio a los oficiales y expulsar del Ejército a los sargentos. El articulado de la real orden nombraba instructores del expediente a los generales, capitanes y comandantesde Ceuta «contra cualquier oficial que aparezca iniciado de haber formado parte de la asociación republicana militar o de cualquiera otra sociedad secreta contraria a los fines del Ejército.»
Antes de iniciarse el procedimiento y en el plazo de un mes, los oficiales implicados podrían solicitar clemencia. Con respecto a los sargentos de la ARM no había miramientos, se señalaba que el órgano instructor debía proponer la separación inmediata del Ejército de los asociados si antes de ocho días «no confesasen su culpa y se acogieran al indulto» 70.
El mismo 1 de septiembre se aprobaba otra real orden por la cual se endurecían las sanciones impuestas a los oficiales que participasen en cualquier sublevación militar. La finalidad era atajar por vía de la reglamentación los intentos levantiscos.


3.8. Consecuencias para los elementos republicanos civiles riojanos

En el mes de octubre y noviembre se publicaban en la Gaceta de Madrid y en el Boletín Oficial de la Provincia de Logroño71 varios edictos firmados por Rafael Álamo y Castillo, teniente coronel y fiscal militar de Logroño, que instruía el asunto del levantamiento del Regimiento Numancia en lo concerniente al elemento civil. En ellos se emplazaba a Manuel Ruiz Zorrilla, al logroñés Carlos Amusco y Echarri, al calceatense Francisco de Paula Marín Riaño, al cerverano Juan Manuel Zapatero Castillo y al jarrero Ramón Pérez Arce, todos ellos en paradero desconocido, con el fin de que respondiesen por los cargos que se les imputaba como consecuencia del levantamiento72.



Después del juicio a los sargentos había habido periódicos como La Época que hablaban de la existencia de una trama civil73.
Los principales protagonistas civiles, como Zapatero o Marín, habían huido a Francia, pero otros que se quedaron en España fueron detenidos. Fue el caso por ejemplo de Cesáreo Muñoz, jefe de los progresistas riojanos, que fue detenido en Arechavaleta (Guipúzcoa)74.
Finalmente en junio de 1884 tendría lugar el consejo de guerra abierto a cuenta de los sucesos de Santo Domingo de la Calzada. Tal y como informaba El Imparcial:
«…por ella fueron condenados en rebeldía a ser pasados por las armas D. Manuel Ruiz Zorrilla y D. Martín Blázquez, teniente que fue del regimiento de Numancia; a cadena perpetua D. Juan Manuel Zapatero y Castillo, y a doce años de presidio los señores don Francisco de Paula y Marín y D. Ramón Arce.»75


4. REPERCUSIONES EN EL GOBIERNO SAGASTA
Sagasta tardó en reaccionar, lo que llevó a la crítica generalizada de políticos y prensa. No regresó a Madrid desde Francia hasta el día 10, cinco días después de lo de Badajoz, y cuando lo de Santo Domingo de la Calzada estaba sofocado. Sagasta, natural de Torrecilla en Cameros, plaza protagonista en el levantamiento calceatense, se mostró a su llegada muy contrariado según las crónicas del momento76.

Con el rey sin embargo todo fueron muestras de adhesión del pueblo y de los políticos monárquicos77. Los diputados y senadores residentes en Madrid mostraron su apoyo acudiendo a Palacio78.
El día 11 el monarca presidió el Consejo de Ministros en el que pidió detalles de la sublevación. Martínez Campos detalló lo ocurrido79.
El sagastino La Iberia insistirá en la no necesidad de promover una crisis de gobierno: «las crisis no urgen tan precipitadamente». El Día, El Liberal y El Correo tampoco hablaban de crisis de gobierno.
Los conservadores por el contrario tenían claro que el asunto debía solventarse con un cambio. Finalmente Martínez Campos, no sin críticas, fue el sacrificado80.
Pocas semanas después el gobierno, con una clara intencionalidad política, organizaba un viaje de Alfonso XII por los lugares claves de la sublevación, Valencia, Barcelona, Zaragoza, Logroño y Burgos. A Logroño, procedente de Zaragoza, llegó el día 25 de agosto. Fue recibido con gran entusiasmo por la ciudadanía81 acompañado de su Estado mayor. Se revisaron tropas, entre las que estaba el Regimiento de Caballería de Numancia al mando del coronel Rubalcaba. Realizó una recepción donde el general Quesada pronunció un discurso respondido por el propio rey, que agradeció sus palabras. En dirección a Burgos y a su paso por Haro el rey volvería a detenerse, donde recibió a las autoridades de la villa y al alcalde de la ciudad de Santo Domingo de la Calzada.


5. EL RECUERDO DE LA SUBLEVACIÓN
Tras el suceso, el levantamiento fue quedando en la ciudad en el olvido, permaneciendo únicamente en el historial de los republicanos. Como conclusión al presente artículo es interesante hacer una breve referencia al recuerdo que con el tiempo se volvería a recuperar del teniente y de los sargentos fusilados.
Si bien en un principio se convertirían en mártires de la causa republicana, los recuerdos y homenajes se quedarían en el ámbito local y regional. Fue con la llegada de la Segunda República cuando se volvió a recuperar con fuerza el suceso y los homenajes.
El 12 de agosto de 1903 se cumplían veinte años del fusilamiento de los sargentos. El periódico La Rioja detallaba el homenaje de los republicanos de Santo Domingo de la Calzada con la celebración de un funeral en honor de los fusilados. Según la crónica acudió numeroso público que después se trasladó al lugar del fusilamiento. Por la tarde hubo una merienda82.
En el vigésimo quinto aniversario de la sublevación, el 12 de agosto de 1908 se volvieron a hacer homenajes, al igual que en años siguientes hasta por lo menos la Dictadura de Primo de Rivera, con reparto de pan a los pobres83.
Pero como se ha dicho con la Segunda República se producirá un verdadero cambio. Se retoma con fuerza el homenaje anual, no en vano la ciudad tenía unos héroes históricos del republicanismo que esgrimir. El 18 de julio de 1931 el ayuntamiento daba un primer paso y cambiaba el nombre de la plaza de San Francisco por el de plaza de los Sargentos de Numancia84.


Se sucedieron los homenajes, las crónicas periodísticas y las entrevistas con republicanos testigos del suceso y de los fusilamientos. Se publicó en el periódico La Rioja la parte de la biografía de Juan Manuel Zapatero que hablaba del suceso de agosto de 188385.
También estaba prevista la realización de un homenaje en el que participaría Alejandro Lerroux, que tenía ascendientes procedentes de la ciudad. Se comenzó a trabajar en la construcción de un monumento, reivindicado hasta desde Madrid, que finalmente no se llegó a realizar a pesar de que se hizo hasta un diseño por el arquitecto municipal Emilio Otaduy86. El ayuntamiento hasta solicitó al gobierno una aportación económica el 24 de agosto de 193487. Finalmente la demora llevó a su no realización. El 9 de octubre tomaba posesión un nuevo ayuntamiento republicano de derechas que se olvidaba definitivamente del monumento88.
En la actualidad aún se conserva en el cementerio de Santo Domingo de la Calzada un nicho con los restos de los cuatro sargentos en cuya lápida constan sus nombres. Al parecer fueron trasladados al mismo a finales del siglo XIX desde la fosa en la que inicialmente habían sido enterrados.



Notas

 

1 Este artículo se basa en el libro del mismo autor titulado La Sublevación republicana del Regimiento «Numancia» de 1883. Historia de la Sargentada de Santo Domingo de la Calzada, Ed. Piedra de Rayo, Logroño, 2009.

2 MARTÍNEZ, Josefina. «Manuel Zorrilla, el último conspirador», Historia 16, nº 128 (1986), págs. 11-20; CANAL, Jordi. «Manuel Ruiz Zorrilla: De hombre de estado a conspirador compulsivo», Liberales, agitadores y conspiradores: biografías heterodoxas del siglo XIX, Espasa, Madrid, 2000 y GUTIÉRREZ GAMERO, Emilio. Mis primeros ochenta años (Memorias), Ed. Aguilar, Madrid, 1962.

3 ROLANDI SÁNCHEZ-SOLÍS, Manuel. «Aportación a la historia del republicanismo y el federalismo español del siglo XIX. IV. La difícil etapa de los primeros años de la Restauración (1875-1884), Cuadernos Republicanos, 63 (2007), pág. 10.


4 SIFFLER 725 (Pseudónimo de PÉREZ, Miguel). Don Manuel Ruiz Zorrilla ante la ARM. Noticias sobre la formación y desarrollo de la misma, Imprenta de José Rojas, Madrid, 1883.
5 Una vida ejemplar al servicio de la República. Transcripción recogida en el diario La Rioja, de 8 de agosto de 1931.
6 SIFFLER, op. cit., pág. 3.
7 Una vida ejemplar…
8 CARR, Raymond. España 1808-1939, Ed. Ariel, Barcelona, 1970, pág. 348.


 9 SIFFLER, op. cit., pág. 5.
10 Idem, págs. 14-15.

 11 ROLANDI, op. cit., pág. 10.
12 Manuel de Llano y Persi (1826-1903), fue político republicano progresista, además de escritor, periodista y masón. Al igual que Ruiz Zorrilla, participó en la llegada de Amadeo de Saboya a España. Tomó parte en la Revolución de 1848. Fue diputado en 1869, 1871, 1872 y 1903.

 13 Siffler, op. cit., págs. 25-26.
14 Idem, pág. 32.
15 Idem, pags. 35-36.

16 Ricardo López y López (1844-1894). Periodista, escritor y político soriano que trabajó en los periódicos El Porvenir, La Discusión y El Pueblo. Fue íntimo colaborador de Ruiz Zorrilla, acompañándole en París y Ginebra.
17 SIFFLER, op. cit., págs. 37 y ss.



18 Idem, pág. 53-54.

19 Idem, pág. 60.



20 Una vida ejemplar…

21 Idem.

22 ROLANDI, op. cit., pág. 10.

23 CALLEJA, op. cit., pág. 68.
24 SIFFLER, pág. 72.
25 ROLANDI, op. cit., pág. 11.


26 SIFFLER, pág. 73.
27 Idem, pág. 73.
28 ROLANDI, op. cit., pag. 11.
 29 RAYA TÉLLEZ, José. «El pronunciamiento republicano de 1883 en Badajoz», Revista de Estudios Extremeños, tomo XXXVI (1980), págs. 553-569.

30 La Iberia, 10 de agosto de 1883, pág. 3.
31 Idem, 9 de agosto de 1883.
32 ROLANDI, op. cit., pág. 15.
33 La Vanguardia, 12 de agosto de 1883, pág. 10.

 34 La Época, 24 de agosto de 1883.
35 La Iberia, 19 de agosto de 1883.
36 SÁEZ MIGUEL, Pablo. «Política y políticos en La Rioja: El Sexenio Democrático (1868-1874), Brocar, 26 (2002), págs. 229-244. SÁEZ MIGUEL, Pablo. «El republicanismo en La Rioja (1849-1903), I congreso «El Republicanismo en España», 2004.
 37 La Iberia, 9 de agosto de 1883, pág. 3.
38 San Baldomero Úcar, José Manuel y Olmos Lezáun, Ángel. La sublevación de Santo Domingo de la Calzada y la Constitución Republicana Federal del Estado Riojano, Estudio inédito, Instituto de Estudios Riojanos, 1985, pág. 13.
39 Idem.

40 Idem, pág. 19.

41 Idem, pág. 29.

42 La Iberia, 9 de agosto de 1883.

43 Idem, 13 de agosto de 1883.


44 La Iberia, 11 de agosto de 1883.

45 San Baldomero y Olmos, op. cit., pag. 14.
46 El Globo, 11 de agosto de 1883.

47 Idem.
48 Idem.

49 Una vida ejemplar…
50 San Baldomero y Olmos, op. cit., pág. 16.
51 La Iberia, 10 de agosto de 1883.
52 La Vanguardia, 13 de agosto de 1883.
53 Una vida ejemplar…
54 San Baldomero y Olmos, op. cit., pág. 28.
55 Idem.
56 El Globo, 10 de agosto de 1883.
57 Boletín Oficial de la Provincia de Logroño, 9 de agosto de 1883.
58 San Baldomero y Olmos, op. cit., pág. 16.
59 Boletín Oficial de la Provincia de Logroño, viernes 10 de agosto de 1883, nº 35.

60 El Globo y El Liberal, 13 de agosto de 1883.
61 Sagasta, ya advertido, aún se encontraba de vuelta de su descanso veraniego.
62 San Baldomero y Olmos, op. cit., págs. 34-35.
63 Boletín Oficial de la Provincia de Logroño, jueves 9 de agosto de 1883, nº 34.
64 Gaceta de Madrid, 12 de agosto de 1883.

 65 La Época, 24 de agosto de 1883.

66 El Correo Militar, 16 de agosto de 1883.
67 Boletín Oficial de la Provincia de Logroño, jueves 16 de agosto de 1883.
68 San Baldomero y Olmos, op. cit., págs. 42-44.

 69 La Epoca, 9 de agosto de 1883.
70 Boletín Oficial de la Provincia de Logroño, jueves 6 de septiembre de 1883.
71 Boletín Oficial de la Provincia de Logroño, 4, 12, 24 y 30 de octubre, 6, 10 y 17 de noviembre de 1883.
72 La Dinastía, diario político, literario y mercantil, 9 de noviembre de 1883, pág. 566.
73 La Época, 24 de agosto de 1883.
74 El Liberal, 19 de agosto de 1883.
75 El Imparcial, 20 de agosto de 1884.
76 El Liberal, 10 de agosto de 1883.
77 La Iberia, 10 de agosto de 1883.
78 La Correspondencia, 14 de agosto de 1883.
79 El Porvenir, 12 de agosto de 1883.
80 El Liberal, 22 de agosto de 1883.
81 La Iberia, El Correo, La Correspondencia y La Época, de 26 de agosto de 1883.

82 Idem 9 y 14 de agosto de 1903.
83 Idem, 13 de agosto de 1908, 13 de agosto de 1909, 14 de agosto de 1910, 11 y 12 de agosto de 1911, 14 de agosto de 1912, 11 de agosto de 1919, 15 de agosto de 1920.
84 A.M.S.D.C. Libros de actas, sesión de 18 de julio de 1931.
85 La Rioja, 8 y 12 de agosto de 1931.
86 Idem, 12 de agosto de 1934.
87 A.M.S.D.C. Libros de actas, sesiones de 10 y 24 de agosto de 1934.
88 A.M.S.D.C. Libros de actas, sesión de 9 de octubre de 1934.

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