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jueves, 4 de junio de 2026

«El mercado apuesta por los ultraprocesados porque los productos frescos no son un gran negocio»

La soberanía alimentaria surge del movimiento La Vía Campesina, que en 1996 planteó una alternativa al enfoque de la seguridad alimentaria

Plantea quién decide nuestra alimentación: la gente y quienes producen alimentos de manera democrática o las multinacionales. 

Defiende el derecho a la alimentación como derecho humano, no como mercancía, e implica que el control de recursos como la tierra o las semillas esté en manos del campesinado y no de las corporaciones.

También prioriza la producción local, circuitos cortos y mercados locales, evitando la dependencia excesiva de grandes cadenas globales
Mientras la seguridad alimentaria se centraba en que hubiera comida disponible
la soberanía alimentaria plantea decidir cómo y dónde se producen los alimentos, 
y quién los produce.

Javier Guzmán ha trabajado en cooperación internacional y políticas alimentarias en Europa, África y América Latina. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (Universidad Complutense de Madrid), comenzó en Cruz Roja, fue director regional de Oxfam en África Austral e India, y desde hace unos 15 años dirige Justicia Alimentaria —antes Veterinarios Sin Fronteras—, desde donde impulsa campañas e investigaciones sobre el sistema agroalimentario y las desigualdades en el acceso a la alimentación.

Miembro de la Red Mundial por el Derecho a la Alimentación y la Nutrición y colaborador habitual en medios como El Salto o RNE, Guzmán promueve la soberanía alimentaria y advierte, en conversación telefónica desde Barcelona con SINC, que hoy “el derecho a la alimentación está absolutamente privatizado y fuera de la agenda política”.

Desde la soberanía alimentaria hasta la publicidad infantil, este experto en políticas de nutrición y consumo analiza cómo la mala dieta impacta en la salud pública y qué responsabilidad tienen la industria y las administraciones en el acceso a una alimentación saludable.


¿Qué implica en la práctica la soberanía alimentaria?

Surge del movimiento La Vía Campesina, que en 1996 planteó una alternativa al enfoque de la seguridad alimentaria. Plantea quién decide nuestra alimentación: la gente y quienes producen alimentos de manera democrática o las multinacionales. Defiende el derecho a la alimentación como derecho humano, no como mercancía, e implica que el control de recursos como la tierra o las semillas esté en manos del campesinado y no de las corporaciones.

También prioriza la producción local, circuitos cortos y mercados locales, evitando la dependencia excesiva de grandes cadenas globales. Mientras la seguridad alimentaria se centraba en que hubiera comida disponible, la soberanía alimentaria plantea decidir cómo y dónde se producen los alimentos, y quién los produce.

¿Por qué consideráis la mala alimentación el mayor problema de salud pública del mundo?

La alimentación siempre ha sido una cuestión central. Sigue habiendo hambre, pero en pocos años han aumentado en 1 000 millones las personas con obesidad o dietas inadecuadas: tanto en países ricos como en el sur global, son peores nutricionalmente y más procesadas, con más “productos” que alimentos reales.

Sigue habiendo hambre, pero en pocos años han aumentado en 1000 millones las personas con obesidad o dietas inadecuadas: tanto en países ricos como en el sur global. Al tiempo, los alimentos frescos son cada vez más caros

Al tiempo, los alimentos frescos son cada vez más caros. En España han subido un 40 % desde 2021 y seguirán subiendo por la crisis de Irán o el precio de los fertilizantes, lo que deja fuera a amplias capas de población que recurren a productos más baratos y procesados, ricos en azúcar, grasas saturadas y sal. Esto tiene consecuencias en salud y desigualdades. Así, la obesidad infantil en las clases populares duplica la de los hogares con mayores ingresos.

También impacta en los sistemas sanitarios. Como recogimos en nuestro informe Dame Veneno (2016), en España el 20 % del gasto sanitario se debe a enfermedades relacionadas con la mala alimentación: más de 20.000 millones de euros, sin contar el absentismo laboral. Según la OMS, muchos sistemas públicos de salud podrían quebrar. Sería mucho más eficaz invertir en prevención y en cambiar el sistema alimentario, pero esas políticas colisionan con los intereses de grandes empresas. En España, más del 70 % de lo que consumimos ya es alimentación procesada o ultraprocesada, estamos en manos de esta industria.

¿Qué revelan las crisis globales sobre el sistema alimentario actual?

Que este sistema no está adaptado a ellas. La covid supuso un terremoto en el sistema alimentario y evidenció que depender de mercados globales es arriesgado: son muy frágiles ante una crisis. Los circuitos cortos (cooperativas y agricultores locales) fueron más resilientes y evitaron subidas fuertes de precios, lo que apunta a la necesidad de sistemas descentralizados y locales, basados en el territorio.

En España, por ejemplo, un alimento recorre unos 5 000 kilómetros hasta llegar al plato. Exportamos aceite, fresas o verduras, pero importamos alimentos básicos como garbanzos o lentejas, y grano o soja de América Latina para el ganado. Si hay cortes de suministro, los países hacen reservas y aumenta la especulación financiera, elevando los precios. Así, la guerra en Ucrania disparó el precio de fertilizantes y grano, obligando a la UE a inyectar grandes cantidades de dinero público, y ahora vemos amenazas similares en Oriente Medio.

Es un suicidio basar los sistemas alimentarios en el petróleo barato: envases, transporte y fertilizantes dependen de él. Urge descarbonizar la agricultura, responsable de hasta el 37 % de las emisiones

Es un suicidio basar los sistemas alimentarios en algo que ya no existe, el petróleo barato. Todo el sistema alimentario es petróleo: envases, invernaderos, transporte… y el 80 % de los fertilizantes se fabrica con gas. Hay que descarbonizar la agricultura porque el sistema agroalimentario es responsable de entre el 21 y el 37% de las emisiones de CO₂, según el IPCC; no tiene sentido mantener un modelo globalizado dependiente de combustibles fósiles.

¿Qué fortalezas y debilidades tiene el modelo agroalimentario europeo?

Los más de 50.000 millones de euros anuales de la Política Agraria Común (PAC) podrían servir para construir un sistema alimentario coherente, pero ha estado orientada a la exportación: el 80 % de las ayudas han ido al 20 % de los productores, olvidando la agricultura familiar. Se ha pensado la agricultura como otro negocio, generando alimentos caros basados en costes bajos, incluso en la explotación de trabajadores inmigrantes.

La UE intentó un viraje con la estrategia ‘De la granja a la mesa’, al reducir pesticidas y fertilizantes y apostar por una agricultura más sostenible, pero en el último año y medio se ha producido un retroceso por la presión de los lobbies

La UE intentó un viraje con la estrategia De la granja a la mesa, reduciendo pesticidas y fertilizantes y apostando por una agricultura más sostenible, pero en el último año y medio hemos visto un retroceso por la presión de los lobbies. Incluso el glifosato, que iba a prohibirse, ha recibido diez años más de prórroga y, por presión de la ultraderecha, hay propuestas para convertir la PAC en un mero fondo económico donde cada país compita a la baja. La UE debería recuperar un papel central en la política alimentaria: reconstruir sistemas alimentarios locales, fortalecer la agricultura familiar y avanzar en la descarbonización.

¿Por qué mucha gente en España no puede acceder a una dieta saludable?

Como recogimos en Dame Veneno, el 44 % de la población no puede permitírsela, y va a peor: los alimentos han subido un 40 %, incluso el aceite o los huevos. La gente sabe qué es saludable, pero no puede pagarlo. Mientras, los márgenes del sector agroalimentario han crecido un 38,1 % desde 2020, según el Observatorio de Márgenes Empresariales; la rebaja del IVA de 2023 acabó ahí.

En la práctica, el derecho a la alimentación está absolutamente privatizado y fuera de la agenda política; por eso impulsamos Good Food for All [Buena Alimentación para todo el Mundo] para que se reconozca como derecho en la UE.

Como recogimos en ‘Dame Veneno’, el 44 % de la población no puede permitirse una alimentación saludable y va a peor: los alimentos han subido un 40 %, incluso el aceite o los huevos. La gente sabe qué es saludable, pero no puede pagarlo

¿Qué medidas mejorarían el acceso a una alimentación saludable?

Lo primero es controlar la cadena alimentaria. El actual observatorio de precios debería tener capacidad sancionadora, como en Francia, abordar prácticas como la reduflación [mantener precios, pero reduciendo la cantidad] y establecer precios topados para alimentos básicos.

También necesitamos infraestructuras públicas: cocinas en colegios, hospitales, residencias o ayuntamientos, donde la alimentación se ha externalizado a grandes empresas de catering, a menudo con baja calidad y sin relación con nuestro patrimonio alimentario. Existen modelos alternativos: en Italia y algunas ciudades francesas utilizan producción local y ecológica, lo que permite ofrecer alimentos frescos, crear empleo local y vincular la alimentación al territorio.

En España se gastan miles de millones en compra pública de alimentos, que deberían orientarse a objetivos de salud y sostenibilidad

Además, es necesario crear reservas estratégicas de alimentos, limitar la especulación financiera y apoyar modelos agrícolas menos intensivos. Y hace falta una ley de compra pública que establezca de dónde viene la comida y quién la produce: en España se gastan miles de millones en compra pública de alimentos, que deberían orientarse a objetivos de salud y sostenibilidad, no solo a comprar barato o favorecer a grandes empresas. Existe consenso social y científico, pero falta voluntad política.

Otra de vuestras iniciativas es ¡Reclama Tu Mercado!, ¿qué persigue?

Los mercados municipales son una infraestructura pública para alimentar a los barrios que durante décadas conectó a la población con la agricultura y el territorio. Muchos se han cerrado, abandonado o convertido en espacios turísticos o gentrificados, sustituidos por supermercados o grandes cadenas. Necesitan una nueva orientación: en lugares como Azpeitia o Bergara el mercado no es solo un punto de venta; tienen cocina, formación, servicios para colectivos sociales y vínculos con productores locales.

¿Qué denunciáis con campañas como 25 Gramos o Mi Primer Veneno?

Hace años vimos que la alimentación procesada y el azúcar tenían muy buena prensa en España, y lanzamos 25 Gramos para abrir un debate social. Después, en Dame Veneno, estudiamos la relación entre alimentos procesados, enfermedades y obesidad infantil, y al analizar la alimentación dirigida a niños pequeños en Mi Primer Veneno detectamos que se había creado una alimentación específica, como si fueran enfermos, y productos como potitos, leches de crecimiento o “mis primeras galletas” con cantidades muy altas de azúcar.

Al analizar la alimentación dirigida a niños pequeños ‘Mi Primer Veneno’ detectamos que se había creado una alimentación específica, como si fueran enfermos, y productos como potitos, leches de crecimiento o “mis primeras galletas” con cantidades muy altas de azúcar

También identificamos un problema clave: la publicidad infantil. En España no existe una regulación que proteja a niños y niñas, solo un código de autorregulación de 2005 (código PAOS), escrito por las propias empresas, que incumplen constantemente. Desde la Alianza por una Alimentación Saludable llevamos años pidiendo una regulación, pero no se ha conseguido por la presión del lobby alimentario.

Inglaterra lleva años regulando la publicidad y ha aprobado normas más estrictas para prohibir no solo la dirigida a niños, sino también la que aparece en espacios donde están expuestos. Portugal, Chile, México, Finlandia o Suecia cuentan con regulaciones similares, pero en España no hay avances y es un escándalo, porque tenemos una de las tasas de obesidad infantil más altas de Europa. Esperamos que el compromiso actual del Ministerio de Consumo permita una regulación definitiva, porque la sensación de desprotección es enorme.

¿Cómo condicionan nuestras decisiones de consumo los grandes oligopolios alimentarios?

La industria, con su máquina publicitaria, genera una narrativa sobre lo que debe ser la alimentación, y lo hace sin contrapesos, porque el Estado interviene poco. Ante el interés creciente por la salud, ha creado múltiples productos “saludables” (antioxidantes, proteínas en todo…) que muchas veces son ultraprocesados. El mercado apuesta por ellos porque los alimentos frescos no son un gran negocio, el margen de beneficio está en los procesados. Así, buscando salud, muchas personas acaban desplazando la alimentación fresca tradicional, que sigue siendo la verdadera base de una dieta saludable.

La industria ha creado múltiples productos ‘saludables’ (antioxidantes, proteínas en todo…) que muchas veces son ultraprocesados. El 96 % de la publicidad alimentaria realizada por influencers corresponde a productos insanos

Además, se genera un malestar continuo sobre el cuerpo, especialmente entre niños y adolescentes, con mensajes muy agresivos que les hacen sentir que necesitan productos para mejorarlo e impactos en la salud física y mental. Como denunciamos en Unfollow, el 96 % de la publicidad alimentaria realizada por influencers corresponde a productos insanos. No tenemos mecanismos suficientes de defensa ni una narrativa pública que la contrarreste.

lunes, 1 de junio de 2026

España emerge como uno de los grandes objetivos para los mercados que se lanzan a comprar tierra ante un mundo en caos.

 
Campo de trigo en la provincia de Segovia. ÁLVARO MINGUITO

    Vicente Nieves  / Álvaro Moreno


Los mercados se lanzan a comprar tierra ante un mundo en caos y España emerge como uno de los grandes objetivos                      
  • La tierra es un activo tangible y escaso que protege de la inflación
  • En España vive un boom en el país con una inversión de 1.200 millones y un crecimiento del 50%
  • Ofrece rentabilidad de entre el 7% y el 14%

El caos, la incertidumbre y la guerra pueden cambiarlo todo en un momento y convertir las inversiones que parecían seguras en ruina o devastar los ahorros de millones de personas. Esta es la lección que aprendió Zain, un viejo ingeniero sirio que hoy vive en una pequeña aldea perdida entre montañas, robles y prados de la Sierra Norte de Madrid. Este ingeniero, ya jubilado, lleva décadas residiendo en Madrid, un tiempo que ha aprovechado para ir adquiriendo pequeñas parcelas, prados y tierras de pastoreo. Sentado en una silla de plástico en su huerto, Zain explicó cual ha sido la tesis que le llevó a construir su estrategia basada en años de experiencia: "Con el tiempo he visto cómo el dinero, al igual que otros activos financieros, puede multiplicarse y perder su valor en todos los sitios, pero la tierra no, siempre está ahí". En resumen, los billetes, las divisas e incluso las grandes fortunas podían evaporarse con la inflación, las guerras, las crisis o las decisiones de un banco central, pero la tierra cultivable seguía siendo un activo irreproducible, tangible y eternamente útil. Mientras existan seres humanos siempre habrá necesidad de alimento, siendo, además, la alimentación uno de los sectores con la demanda más inelástica. Esta es una lección que han aprendido en los últimos años los fondos (también grandes fortunas individuales) de todo el mundo, que se han lanzado con voracidad a comprar hectáreas y hectáreas ante un mundo cada vez más caótico, especialmente en España.

Comprar tierra, invertir en activos tangibles (oro, plata, vivienda…) está de moda y tiene cierta lógica. Aunque este artículo está centrado en la tierra y la agricultura, este argumento se puede entender de forma más sencilla con el ejemplo de la vivienda. La utilidad de la vivienda (vivir en ella) sigue presente tras una crisis, en medio de un apagón, en un caída del sistema financiero o en una guerra (siempre que no la destruyan). Buena parte de los activos tangibles tienen una utilidad de la que los digitales carecen. Esta es una de sus grandes ventajas.

Por otro lado, la inversión en tierra posee una lógica financiera muy antigua y es la preferencia por poseer algo que no se pueda imprimir y reproducir de forma infinita sin esfuerzo. Por ello, también tienen parte de sus inversiones en obras de arte, por ejemplo. En un mundo en el que los bancos centrales pueden expandir la cantidad de dinero con un clic, como hicieron durante la pandemia del covid, la tierra fértil conserva una cualidad que el dinero fiat ha perdido: escasez física. Hay más dólares, euros o yenes cada década, pero no hay más hectáreas productivas en las mejores zonas agrícolas. Por eso, la tierra funciona como una especie de refugio silencioso frente a la depreciación monetaria.

El fenómeno no es anecdótico. Por ejemplo, Bill Gates figura entre los mayores propietarios privados de tierras agrícolas de EEUU, con unas 98.000 hectáreas de tierra y granjas, según The Land Report, y otras estimaciones elevan sus propiedades totales a unas 110.000 hectáreas. Gates ha defendido que no hay "ningún gran plan" detrás, sino inversiones profesionales para hacer las granjas más productivas y crear empleo en su país, pero lo cierto es que estás inversiones han ayudado a incrementar su riqueza, con una rentabilidad notable.

No es el único. También se cita con frecuencia a Jeff Bezos, Rupert Murdoch o incluso a Warren Buffett como ejemplos de grandes patrimonios vinculados a la tierra. Buffett explicó en su carta anual de 2014 que en 1986 compró una granja de 162 hectáreas cerca de Omaha por 280.000 dólares y que, sin saber apenas de agricultura, le bastó con calcular lo que podía producir y sus costes para ver que era una inversión con "poco riesgo" y mucho potencial de subida. Existen varias razones económicas y financieras que llevan a los grandes patrimonios a invertir en este activo tangible y que presenta una utilidad intrínseca que otros activos no tienen.

La fiebre 'agrícola' en España

La fiebre por la tierra también ha contagiado a España. Este concepto de invertir en la tierra ha llegado a los fondos e inversores como lo que se conoce como agribusiness. Es una tendencia a nivel mundial con un importante auge pues, según datos de Valoral Advisor en cuestión de una década ha pasado de haber solo 41 fondos especializados en este ámbito a escalar hasta los 1.000, gestionando un capital de 150.000 millones de euros. En España es un negocio en pleno crecimiento y, según datos de CBRE estamos hablando de que en 2025 el sector alcanzó los 1.200 millones de euros, un crecimiento del 50%. Estas cifras para la consultora suponen una "estabilización respecto a las cifras registradas en 2022 y una vuelta al crecimiento tras el excepcional 2023 (con unos 2.200 millones de euros)".

Manuel Albuquerque, líder de Agribusiness para el sur de Europa (España, Portugal e Italia) en CBRE, comenta en declaraciones a elEconomista.es que al margen de las cifras actuales sus sondeos respecto al futuro parecen prometedores y de hecho, "el 57% de los inversores prevé un aumento de la actividad y un 29% una estabilización".

El experto de CBRE explica que frente a una inflación en aumento "el Agribusiness se ha definido con un activo defensivo, que tiene correlación positiva con el IPC y una menor vinculación con los mercados financieros". Todos estos factores convierten esta fórmula de inversión en "una herramienta eficaz en un entorno de elevada volatilidad". En este contexto, las características únicas de la Península Ibérica "la convierten en uno de los destinos prioritarios para canalizar el capital de todo Europa con una base estructural que apunta a un crecimiento sostenido los próximos años".

Respecto a las ventajas de la Península Ibérica, Albuquerque comente que se trata de "una región con gran estabilidad productiva, nivel técnico, cadena de valor integrada y con operadores sólidos que facilitan la entrada de capital". Además, "tanto España como Portugal no dependen tanto de insumos críticos de regiones en guerra como fertilizantes oenergía, reforzando su posicionamiento". Además, explican que los cultivos ibéricos están teniendo un auge en mercados clave. "Tienen un posicionamiento nacional hacia Europa, que es un mercado deficitario en productos clave (que produce España) como la almendra, el aguacate o los frutos rojos".

Según los últimos datos de Cocampo, relativos a 2025, la compraventa de fincas rústicas cerró 2025 en máximos históricos con un 7,1% más, llegando a las 167.453 operaciones. En resumen, las operaciones el año pasado tocaron máximos históricos. CBRE comenta que las operaciones compraventa de tierra ascendieron a 600 millones de euros.

La primera razón que lleva a muchos inversores a comprar tierras de cultivo es la escasez relativa. La tierra productiva no solo es limitada: en muchos casos se reduce por urbanización, degradación del suelo, cambio climático o reconversión hacia usos más rentables. A diferencia de una empresa, que puede emitir acciones, o de un Estado, que puede emitir deuda, una finca agrícola de alta calidad no se replica. Las mejores regiones productivas rara vez salen al mercado y, cuando lo hacen, suelen atraer a compradores con horizonte de décadas.

La escasez relativa de la tierra muchas veces también se puede detectar en ciertos cultivos, que a la postre son los más rentables. Un buen ejemplo son las almendras o el aceite de oliva, cuya demanda creciente ha convertido a estos dos cultivos en las 'estrellas' en España, donde el clima es casi perfecto para dichos árboles y sus frutos. España es el segundo mayor productor de almendras del planeta y el primero de aceituna.

El campo también ha crecido en otros negocios muy prometedores como los aguacates. Cabe destacar que tanto almendras como aguacates tienen un mayor riesgo operativo que los olivos pero también mayores retornos. Estos dos últimos tendrían un rendimiento del 12% para los fondos, según datos de Savilis. Más allá de estos cultivos, desde CBRE señalan el aguacate y el pistacho como los de mayor crecimiento. Respecto a los menos atractivos defienden que son el viñedo y el nogal.

"España cuenta con uno de los sectores agrícolas más grandes y, posiblemente, más avanzados de Europa. Es un importante productor y exportador de cultivos de alto valor, como hortalizas, frutas y frutos secos, y también es el centro de producción de productos frescos fuera de temporada para los inviernos del norte de Europa", comenta Savilis. Además señala que los numerosos microclimas diferentes que conviven en España son un factor de protección decisivo ante el cambio climático.

¿Qué suele haber detrás de la escasez relativa? Un activo perfecto para protegerse de la inflación y mucho más. Al igual que una vivienda, la tierra obtiene un rendimiento doble, por un lado su propia revalorización y, por otro, lo que se extrae de ella a través de su utilidad intrínseca. Esta es otra razón que alimenta el boom de la inversión en tierra. Savilis explica que España tiene un gran beneficio y un contra importante. El dinero invertido en tierras viene de dos fuentes fundamentales, la revalorización de la tierra y los ingresos regulares (por alquiler o incluso explotación directa). Según la firma la parte mala es que "la apreciación de la tierra es mucho menos significativa que en otras regiones dado que muchos activos como árboles, sistema de riego o invernaderos se deprecian y compensa la apreciación del terreno".

Sin embargo, las rentabilidad anuales son muy interesantes. Según los cálculos de la consultora los olivadores arrendados (y otros productos hortícolas protegidos) ofrecen un rendimiento del 7%. Sin embargo tal y como ya se ha mencionado otros productos de mayor riesgo como son el aguacate y la almendra, tienen un retorno del 12%.

A pesar de que Savilis cree que la revalorización de la tierra es menos interesante que los ingresos por arrendarla, desde CBRE dicen que hay que matizar esto. "Si bien los precios de la tierra agrícola muestras una tendencia global a la estabilización, determinadas regiones si ven crecimiento". La firma defiende que "en el norte de Cáceres, Aragón o en los secanos de Cádiz, la plantación del olivar en seto continúa registrando subidas superiores al 10% y siendo competitiva (la revalorización del suelo) a nivel mundial".

Un ejemplo concreto es Nuuven, unos de los actores institucionales más potentes, de hecho, tiene un fondo con Bankinter Investment llamado Landa Fund, que actúa como una cartera diversificada de terreno. PSP Investment, el fondo soberano canadiense, que es muy activo comprando terrenos a nivel mundial también se ha expandido los últimos años.

Otros actores como Atitlán han levantado plataformas con gigantes como Santander para las inversiones agrícolas. No son los únicos, Miura Partners es un actor en este auge y también Generandi o Beka Finance. De hecho, España está llamando tanto la atención que incluso ha habido operaciones el año pasado del Fondo Agrícola de los mormones (Farmland Reserve) que, en plena escalada arancelaria, realizaron operaciones en el país ibérico en 2025 en plena escalada arancelaria.

El refugio inamovible

Otro atractivo clave es que la tierra genera ingresos relativamente descorrelacionados de los mercados financieros. La demanda de comida no depende del Ibex 35, del Nasdaq ni del S&P 500. Puede haber años malos por clima, costes o precios agrícolas, pero la necesidad básica sigue ahí. Por eso algunos inversores describen la tierra agrícola como "oro con dividendos", puesto que comparte con el oro la escasez y la defensa frente a la inflación, pero además puede producir rentas.

Otra razón que convierte a la tierra en un activo interesante es la permanencia. Las empresas nacen, crecen, se endeudan, se fusionan y desaparecen. Las modas tecnológicas cambian. Los bonos dependen de la solvencia del emisor, de los tipos de interés. El efectivo se erosiona con la inflación. Pero una buena tierra, bien gestionada, puede mantener valor durante generaciones. Esa es una de las claves de los patrimonios antiguos: no buscan solo rentabilidad máxima, sino supervivencia patrimonial.

Sin embargo, no todos están de acuerdo con que este auge sea bueno para todas las partes. En declaraciones a elEconomista.es, los representantes de UPA (Unión de pequeños agricultores), comentan que "consideramos negativa la tendencia que se está produciendo en los últimos años de que los fondos de inversión inviertan en tierras agrícolas". Según la agrupación, "los fondos de inversión producen una presión al alza en el precio de las tierras de uso agrícola, lo que dificulta el relevo generacional al hacer menos accesible para jóvenes incorporarse a la actividad de producción de alimentos".
UPA concluye alegando que "el modelo de grandes explotaciones agro-industriales se basa en actividad súper-intensiva que busca maximizar el beneficio minimizando el empleo y todos los costes en general. Nosotros no creemos que se apoye la actividad, todo lo contrario. Es un modelo que expulsa a los modelos tradicionales basado en proyectos medianos y pequeños, los cuales, si cierran, es muy difícil que vuelvan a abrir.
Los fondos carecen de patrimonio cultural, carecen de vinculación con el territorio, su fin es exclusivamente económico, y eso no es lo que necesita Europa ni España para sustentar su modelo agroalimentario"

Desde Greenpeace coinciden que la evolución de una suerte de "campo franquiciado" generará mayor presión sobre el agua por hectárea, pérdida de biodiversidad, aumento del uso de químicos y una concentración del sector.

sábado, 2 de mayo de 2026

¿Qué futuro le aguarda a la PAC?

 Menos apoyos, más competencia y la hipótesis de la integración de Ucrania

La futura Política Agrícola Común (PAC) para el periodo de 2028 a 2034, actualmente en fase de negociación, suscita numerosos debates entre los Estados miembros. En parte por el presupuesto dedicado a la agricultura, pero también por las ayudas a la protección medioambiental. El tema divide, y con más razón porque, al mismo tiempo, se plantea la cuestión de la integración en la Unión Europea de Ucrania, una gran potencia agrícola.


Son las cinco de la mañana y el sol se filtra con suavidad por la ventana del obrador. A lo lejos, las montañas de los Vosgos se perfilan con un trazo irregular. Estamos en Valleroy-le-Sec, una localidad de 200 habitantes. “¿Mi declaración PAC? He hecho lo posible por cumplimentarla solo”, cuenta Fabrice Felten mientras amasa una bola grumosa de agua y harina procedente de su cosecha de trigo. Junto con sus dos socios, cultiva 52 hectáreas de cereales, parte de cuya producción convierte en pan. Tras quince años en el oficio, Felten habla con conocimiento de causa: esta política europea de apoyo a los ingresos de los agricultores se ha vuelto cada vez más compleja. Pero sigue resultando indispensable para el sector.

Con sus 54.000 millones de euros de media repartidos cada año a través de la Unión Europea —9000 millones de los cuales se destinan a Francia—, la Política Agrícola Común (PAC) supone dos tercios del resultado de las actividades ordinarias antes de impuestos de los agricultores franceses, aunque con fuertes disparidades en función del tipo de producción (1). Pero en el campo cunde la inquietud. “El próximo presupuesto agrícola europeo de 2028 a 2034 parece anunciarse con un 14% menos de subvenciones a precios constantes con relación al presupuesto de 2021 a 2027”, calcula Eulalia Rubio, investigadora en el Instituto Jacques Delors especializada en las finanzas públicas europeas.

La confirmación de esta hipótesis reforzaría un desmantelamiento que lleva ya un tiempo en marcha a instancias, sobre todo, de la Organización Mundial del Comercio (2). La parte que ocupa la PAC en el presupuesto europeo pasó del 70% en la década de 1980 al 25% a principios de la década de 2020 (3). Según las estimaciones más pesimistas, la próxima edición de la política común tal vez suponga tan solo el 15% del presupuesto europeo (4). Este último lleva ya mucho tiempo aspirando no tanto a garantizar la soberanía alimentaria del Viejo Continente como a adaptar sus sectores productivos para integrarlos en un mercado cada vez más vasto a consecuencia de la liberalización del comercio mundial o la ampliación de la Unión Europea.

Al volante de su tractor, Laurence Fournier, de 51 años, propietaria de una explotación de cereales, está lejos de sentirse tranquila. Tras pasar su infancia en Aubepierre-Ozouer-le-Repos (departamento de Sena y Marne), se puso al frente de la explotación familiar. “Recibo una prima que se ha reducido a la mitad en 15 años”. Con la ayuda de un empleado, cosecha trigo, remolacha, maíz, colza y lino en una extensión de 200 hectáreas, respetando además la normativa europea de producción. “Estamos en un limbo. ¿Pasará como con la industria, acabaremos por desaparecer?”. A esta agricultora le gustaría saber “si el presupuesto de la PAC va a seguir reduciéndose”…

Una política poco común

Pero nadie conoce la respuesta. El Tribunal de Cuentas Europeo señaló en un dictamen (05/2026) publicado el pasado 9 de febrero que “cabe la posibilidad de que a los beneficiarios les cueste prever […] la financiación susceptible de serles adjudicada”. La poco habitual arquitectura del presupuesto hace que toda comparación entre el programa actual y el que está por venir resulte delicada, dado lo novedoso de un marco financiero acaloradamente debatido entre el Consejo, la Comisión y el Parlamento europeos. La futura asignación de fondos dedicados a la agricultura podría integrarse —y, por consiguiente, diluirse— en un fondo único que abarca desde la cohesión territorial hasta el control de las fronteras. En términos más generales, la Comisión Europea pretende reducir los medios destinados a lo que en ocasiones se denomina “viejas políticas”. “Los Estados menos agrícolas no entienden por qué debe gastarse tanto dinero en el sector agrario”, explica Eulalia Rubio.

De hecho, “nunca se ha visto una política tan poco común”, como apunta el presidente de la Comisión de Asuntos Europeos del Senado francés, Jean-François Rapin. Este senador, perteneciente al partido conservador Los Republicanos (LR), cree advertir el inicio de una renacionalización de la política europea. Desde 2021, los Estados miembros ya habían visto su papel reforzado a través de la elaboración de los planes estratégicos nacionales. Dicha lógica podría dar un nuevo paso. “Se está dando progresivamente a los Estados una forma de autonomía de decisión y una autonomía financiera”, añade Rapin. Según Eulalia Rubio, en el futuro subsistirá un presupuesto común mínimo para la agricultura, y “en cuanto a lo demás, serán los Estados los que resuelvan si desean o no financiar”.

De ser así, ¿qué decidirán? Cada Estado miembro elegiría, sobre todo, si quiere contribuir a las ayudas agromedioambientales y climáticas. Tal puede suceder con los “pagos verdes”, concedidos específicamente a las explotaciones agrícolas más respetuosas con el medioambiente. Actualmente son abonados en su integridad por la Unión Europea. Aunque insuficientes, hoy en día estos pagos existen con carácter obligatorio en los veintisiete países. Después de 2027, estas ayudas verdes puede que sigan existiendo a condición de que el Estado miembro las financie en un 30%. Implícitamente, algo así invita a los Estados a conformarse con otras medidas financiadas íntegramente por la Unión Europea y renunciar a las que precisan de cofinanciación. El marco común de protección del medioambiente podría venirse abajo.

¿Qué opina la Dirección General de Agricultura de la Comisión Europea? “Cada país podrá adaptarse mejor en función de su agricultura”, nos explica una alta funcionaria. ¿Y no se acentuarán las distorsiones en materia de competencia? “Creo que podríamos ponernos de acuerdo en ciertos estándares para evitar una nivelación a la baja”. No obstante, parece admitir entre líneas que la mentalidad ya no es la misma. Financiar un poco menos la agricultura significa, automáticamente, ser también un poco menos exigente.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la población europea vivió el trauma del hambre. De ahí que, cuando la PAC se puso en marcha en 1962, de lo que se trataba era de dotarse de una capacidad permanente para alimentar el continente. Precios garantizados, salida de los productos al mercado europeo, subvenciones a la producción, etc.: los Estados miembros se equiparon con una serie de mecanismos decisivos. Fue un éxito. Pero hacia finales del siglo XX, y con el fin de contribuir a la “feliz globalización”, la Unión Europea renunció a los precios garantizados. Las ayudas aumentaron para compensar su disminución. Y la PAC se encaminaba hacia una especie de ingreso mínimo agrícola.

Inquietud por Mercosur y Ucrania

Hoy en día, el mercado se está abriendo todavía más. Europa nunca había importado tantos bienes agroalimentarios. Tras su entrada en vigor, el 1 de mayo, el acuerdo con el Mercado Común del Sur (Mercosur) acentuará todavía más esta tendencia (5). Los flujos procedentes de América Latina —en especial de carne de vacuno, de aves de corral y miel— ya están en aumento. Pero, frente a una competencia sin precedentes con países cuyos estándares de producción no son los mismos que los europeos, la degradación del apoyo público podría precarizar todavía más a los agricultores.

Con más motivo si, por añadidura, Ucrania debe integrarse en la Unión Europea. António Costa, el presidente del Consejo Europeo, afirmó en febrero de este 2026 que el objetivo era dar inicio “lo antes posible” a las negociaciones de adhesión con Kiev. “No puedo decir si será en 2027”, añadió, sin ofrecer más precisiones sobre el calendario. Ucrania se distingue, ante todo, por lo productivo de sus tierras, las famosas chernoziom (‘tierras negras’), ricas en humus. Con sus más de 40 millones de hectáreas, ellas solas suponen casi un quinto de la superficie agrícola útil de toda la Unión Europea, que en la actualidad se cifra en torno a 160 millones de hectáreas. “Su entrada conllevaría un desplazamiento del centro de gravedad de la Europa agrícola”, se preocupa Thierry Pouch, economista jefe de las Cámaras de Agricultura de Francia.

Las explotaciones ucranianas de más de 500 hectáreas representan cerca del 85% de las tierras, mientras que, en Francia, las de más de 200 hectáreas suman el 26% de las superficies agrícolas (6). ¿Permitirá esta enorme concentración que Ucrania se convierta en el principal beneficiario de la PAC? Hasta ahora, cuantas más hectáreas, mayores las ayudas percibidas. Pero, por un lado, por un prurito de equilibrar la competencia, el pago de subvenciones agrícolas europeas solo se realiza cuando las normas de producción son comparables. Históricamente, los Estados miembros del este perciben menos ayudas que los países fundadores del oeste. Por otro lado, la PAC post-2028 puede que prevea instaurar un techo de ingresos por explotación agrícola.

“Contar con un nuevo país productor y exportador puede hacer que Europa sea más fuerte”, considera, incluso, Clément Carteron, el presidente de la sección Centro-Valle del Loira de Jóvenes Agricultores, el segundo mayor sindicato agrícola francés. Y añade: “Más vale un competidor semejante, que comparte nuestros estándares de producción, que un competidor demasiado imponente que produce mucho más barato”. Con todo, este portavoz sindical no oculta cierta inquietud: los productos ucranianos que entren en la Unión Europea podrían perturbar los mercados, como nos recuerdan varios episodios recientes.

En febrero de 2022, el bloqueo de los puertos del mar Negro por parte de Rusia paralizó el comercio marítimo de Ucrania cuando, antes de la guerra, el 90% de sus exportaciones agrícolas transitaban por sus puertos. Para apoyar a Kiev, Bruselas suprimió en 2022 los aranceles sobre los productos agrícolas exportados por su aliado. La importación de trigo ucraniano pasó de medio millón a seis millones de toneladas anuales. Pero los agricultores europeos —y en especial los de los países fronterizos: Polonia, Hungría, Rumanía y Eslovaquia— vieron cómo esta afluencia desestabilizaba los precios de mercado. En 2023, la Comisión Europea tuvo que reconocer a través de un comunicado que esas “circunstancias excepcionales podrían atentar contra la viabilidad económica de los productores locales” (7). En 2024 se añadieron nuevas cláusulas al acuerdo de libre comercio entre Ucrania y Bruselas. Desde entonces se pudieron volver a imponer aranceles a determinados productos ucranianos, como el azúcar, la carne de aves de corral o el maíz.

En opinión de Nicolas Fortin, secretario nacional del sindicato agrícola francés Confédération Paysanne, este frenazo al libre comercio se quedó corto. “Importar productos baratos supone correr el riesgo de destruir nuestra agricultura”. En su opinión, que los productos lleguen de Ucrania o Brasil genera las mismas dificultades para las explotaciones agrícolas de los Veintisiete. Y suprimir total o parcialmente los aranceles equivale a “privarse de una parte de esos ingresos, los mismos que podrían ayudar a financiar la PAC”. Confédération Paysanne aboga “por la soberanía alimentaria internacionalista, que se basa en la idea de que un pueblo tiene derecho a elegir los alimentos que come, sin poner a competir a los agricultores”. ¿Y cuál es el puntal de ese sistema? Los precios mínimos de entrada. Fortin afirma que, con ellos, “los productos importados en Francia no se pagarían por debajo de los costes de producción de los agricultores franceses, a la vez que se empujaría al alza los ingresos de los agricultores exportadores”. En un afán de reciprocidad, añade: “También rechazamos los acuerdos de libre comercio cuando benefician únicamente a la agricultura francesa, en detrimento de los agricultores de otros países”.

Algunos eurodiputados defienden un modelo en el que las ayudas solo se concederían si la agricultura preserva la salud pública, la de los animales y los vegetales, además de conservar la calidad de las tierras, las aguas y el aire. “Cuando una política ha tenido éxito, es que ha cambiado el mundo y, dado que el mundo ha cambiado, es preciso cambiar de política”, decía Edgard Pisani, ministro de Agricultura del general De Gaulle. Las negociaciones, lejos de haber concluido, todavía pueden alterar profundamente el orden de cosas. El Parlamento Europeo deberá pronunciarse en 2027

lunes, 20 de abril de 2026

25 de marzo, San Marcos y la rogativa de Bascuñana ante la Virgen, Ntra. Sra. de Ayago; 13:00 hrs.

El próximo sábado 25 de abril a las 13 horas, 
en la ermita la rogativa de Bascuñana ante la Virgen de Ayago,  
y misa celebrando San Marcos junto con el pueblo de Bascuñana.
La ermita Ntra. Sra. de Ayago, Bascuñana, tomadas desde Viloria de Rioja.

Bascuñana desde el cerro de La Cruz;
se aprecia La Lápida, camino a ermita de Ntra. Sra. de Ayago.

Bascuñana desde el cerro Mirabel

San Marcos según News Vaticanas: El evangelista Marcos nació en una familia hebrea acomodada. De él sabemos solamente lo que narran los Hechos de los Apóstoles y algunas cartas de los santos Pedro y Pablo. 
No fue discípulo de Jesús, aunque algún estudioso lo identifica con el muchacho, hijo de la viuda María, que siguió a Jesús después del arresto en el huerto de Getsemaní.
Marcos colaboró con el Apóstol Pablo, a quien conoció en Jerusalén. Viajó con él a Chipre y, más tarde, a Roma. En el año 66, san Pablo escribe a Timoteo desde una cárcel romana: “Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio” (2Tm 4,11)...

miércoles, 1 de abril de 2026

Los precios que perciben los agricultores y ganaderos por la venta de sus alimentos han aumentado de media un 47 % entre 2020 y 2025, mientras que los costes de los insumos que utilizan para su producción -que no contabilizan la mano de obra- han crecido un 26 % en ese mismo periodo.

Asi se desprende de los informes de diciembre de 2025 sobre los precios percibidos y los precios pagados por los agricultores que acaba de difundir el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA).

Fuente Efeagro

Un agricultor ara el suelo para prepararlo para la siembra en Kapoly (Hungría). Efeagro/EPA/Gyorgy Varga
Un agricultor ara la tierra. Efeagro/EPA/Gyorgy Varga
El índice general de precios percibidos por los agricultores (+47,37 %) ha crecido más cuando se trata de una producción agrícola (+49,61 %) que cuando es un producto ganadero (+44,10 %)
Huevos, vacuno y aceite disparan sus precios. El precio en origen del huevo es el que más ha repuntado (+149,73 %) entre 2020 y 2025, muy por encima del de vacuno para abasto (+110,67 %), aceite de oliva (+99 %), ovino para abasto (+79,32 %), hortalizas (+76,57 %), leche (+62,97 %) y caprino para abasto (+61,25 %).
La lana es el único producto del sector primario que ha recortado su precio y lo ha hecho de forma drástica, ya que el índice de diciembre pasado arroja una bajada del 68,07 % desde 2020.
Las subidas más contenidas corresponden a los precios en origen del porcino para abasto (+2,52 %), frutas no cítricas (+11,70 %), cereales (+11,92 %), cítricos (+16,58 %), semillas (+22,80 %), leguminosas (+28,22 %), flores y plantas (+28,27 %), aves para abasto (+30,63 %) y productos vitivinícolas (+35,99 %).
Más cerca de la media se sitúan las alzas de los cultivos forrajeros (+37,52 %), conejos para abasto (+45,49 %) y cultivos industriales (+47,89 %), entre los que se encuentran la remolacha azucarera, el girasol, el algodón y el tabaco.

Los fertilizantes, los insumos más inflacionistas
El insumo que más ha subido si se toman como base los precios en el 2020 ha sido el fertilizante (+60,75 %), con los compuestos a la cabeza (+74,21 %), seguidos de los simples nitrogenados (+73,93 %); las enmiendas de fertilizantes, sin embargo, se han abaratado un 7,95 %.
La factura por conservación o reparación de maquinaria aparece como la segunda más inflacionista (+37,16 %).
La energía (+33,77 %) se ha encarecido para el agricultor y el ganadero, sobre todo por el alza de carburantes (+36,58 %), electricidad (+32,29 %) y lubricantes (+15,44 %).

El coste de los productos fitopatológicos ha aumentado el 28,90 % y el de los piensos para ganado, el 22,15 %, con los compuestos para alimentar conejos (+32,22 %) a la cabeza.
En menor medida, han aumentado los gastos por conservación y reparación de edificios (+31,71 %), servicios veterinarios (+10,28 %), compra de material y pequeño utillaje (+22,17 %), semillas (+20,15 %) y plantones (+24,17 %).

Poca diferencia entre 2025 y 2024
Si se comparan los índices de precios percibidos y pagados por los productores entre el último mes de 2025 y 2024, los costes de los insumos han aumentado un 1,26 % de media y los precios en origen, un 0,15 %, pero con importantes contrastes en ambos casos.
Las subidas interanuales más abultadas han sido los precios en origen de huevos (+19,21 %), flores y plantas ornamentales (+18,75 %), vacuno de abasto (+14,68 %), cultivos forrajeros (+13,30 %) y hortalizas (+12,75 %); mientras el precio de la lana ha caído en un año un 30,38 %; el porcino para abasto, el 18,89 %; y los tubérculos, el 13,09 %.
En cuanto a insumos, si se compara diciembre de 2025 con el mismo mes de 2024, los precios de los fertilizantes simples fosfatados se han disparado el 22,80 % (la categoría de fertilizantes, en conjunto, anota un alza interanual del 9,87 %); y la conservación y reparación de maquinaria han repuntado el 10,28 %.
La mayor reducción de costes procede del precio de la electricidad (-13,63 %), piensos compuestos para ovino (-6,69 %) y semillas (-3,60 %).

lunes, 23 de marzo de 2026

El Gobierno aprueba ayudas para el sector primario ante los efectos de la guerra contra Irán.

 El Gobierno aprueba ayudas para el gasóleo agrícola, la compra de fertilizantes 
y una compensación para los buques pesqueros por el incremento de costes.


Dentro del paquete de medidas para hacer frente a los efectos de la guerra contra Irán.


Se trata de un potente paquete de medidas por un valor superior a 877 millones de euros
Se establece una subvención para el gasóleo de uso agrario de 20 céntimos por litro

El apoyo a la flota pesquera se determinará en función de la actividad y consumo de cada buque, con un presupuesto total de 25 millones de euros

Para facilitar el acceso a la financiación, se amplía en 300 millones de euros la línea ICO-MAPA-SAECA de subvención de créditos

El real decreto-ley de medidas extraordinarias para hacer frente a las consecuencias de la guerra en Irán, aprobado hoy por el Consejo de Ministros, contempla líneas de apoyo específicas para los sectores agrario y pesquero. Se trata de un potente paquete de ayudas por un valor superior a 877 millones de euros. Principalmente, se establece una ayuda directa a agricultores para la compra de fertilizantes, una subvención de 20 céntimos por litro para la compra de gasóleo de uso agrícola y una compensación económica para los buques pesqueros por el incremento de los costes de producción.

El real decreto-ley contempla también ayudas de acceso a la financiación específicas para los sectores agroalimentario y pesquero (línea ICO-MAPA-SAECA) y, en materia fiscal, la exención durante tres meses de la tasa de la pesca fresca.

Además de beneficiarse de las ayudas generales aprobadas a las que las empresas del sector agrícola y pesquero puedan tener derecho, el real decreto contiene medidas específicas debido al impacto que el conflicto bélico tiene ya en el flujo comercial de las materias primas, y en particular en el incremento de los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes. La agricultura, la ganadería y la pesca constituyen un sector estratégico para le economía española y juega además un papel esencial en la seguridad alimentaria.

Las medidas específicas contempladas son:

Ayuda de 20 céntimos por litro para la adquisición de gasóleo agrícola. Se prolongará hasta el 30 de junio y los agricultores y ganaderos que tengan derecho a ella no tendrán que realizar ningún trámite adicional. Se considerará solicitada la ayuda con la presentación de la petición de la devolución del impuesto especial sobre hidrocarburos, del que están exentos los agricultores y ganaderos. Para financiar esta medida se contempla un presupuesto de 52 millones de euros.

Ayuda para la adquisición de fertilizantes. Los fertilizantes son una de las materias primas que más se han encarecido por el conflicto bélico y la medida trata de paliar el impacto de este incremento en las explotaciones agrarias. El Gobierno ya dio una ayuda similar tras la invasión rusa de Ucrania, pero en esta ocasión, a diferencia de entonces, se beneficiarán no solo a los agricultores que reciben ayudas de la Política Agraria Común (PAC), sino todos los que estén dados de alta en los registros de explotaciones agrarias. El presupuesto de esta medida asciende a 500 millones de euros.

Ayuda para el acceso a la financiaciónEl real decreto-ley amplía en 300 millones de euros la línea de créditos ICO-MAPA-SAECA para el sector agroalimentario y pesquero, una de las medidas de apoyo habilitadas tras la invasión rusa de Ucrania. El fondo para la subvención del principal de los créditos se dota con 225 millones de euros, mientras que los 75 millones restantes se destinan a sufragar los avales de la Sociedad Estatal de Caución Agraria (SAECA) necesarios para la obtención de los créditos.

Ayuda compensatoria para la flota pesquera. El incremento de los precios de la energía también repercute en el sector pesquero, tanto el directo por el precio del combustible, como su incidencia en otros costes de producción como los envases para la congelación del pescado. Además, el cierre de los espacios aéreos dificulta la rotación de las tripulaciones de los barcos españoles que faenan en aguas internacionales.

La ayuda compensatoria para cada buque se determinará en función de su consumo diario de combustible, coste semanal de éste y los días de actividad. Además, se tendrán en cuenta también las artes de pesca utilizadas y si opera en caladero nacional o internacional. El presupuesto inicial para esta ayuda es de 25 millones de euros.

Exención de la tasa sobre pesca fresca. Esta medida para la flota pesquera estará en vigor hasta el 30 de junio.









domingo, 22 de marzo de 2026

Émile Guillaumin, el campesino que noveló el mundo rural, s. XIX. ¿Se puede ser agricultor y escritor?.

¿Se puede ser profeta en ámbitos rurales?

La vida cotidiana del campesinado francés en el siglo XIX
en la novela La Vie d’un simple
Ha sobrepasado las treinta reediciones desde la 1ª en 1904. 
Sin embargo, aún no está publicada en castellano.

Gonzalo Gómez Montoro, CTXT

<p>El novelista Émile Guillaumin. / <strong>Museo Émile Guillaumin</strong></p>
El novelista Émile Guillaumin. Museo Émile Guillaumin

Émile Guillaumin nació en 1873 en Ygrande (Francia), en el seno de una familia campesina. En 1881 empezó a asistir a clase en la escuela pública local y en 1886 acabó la Primaria con el mejor expediente del distrito. No obstante, para no sobrecargar la economía familiar ese año dejó los estudios y empezó a trabajar como labrador. 
Ese mismo año Guillaumin también se aficionó a la lectura con la novela de Pierre Loti Pescadores de Islandia (1886), y dos años después, con apenas quince, escribió sus primeros textos. Sin embargo, su libro inicial –una colección de escenas dialogadas titulada Dialogues Bourbonnais– no apareció publicado hasta 1899. Antes, entre 1894 y 1897, el joven autor hizo el servicio militar en el departamento del Cantal. Fue uno de los dos únicos periodos en que salió de Ygrande ("El Hombre de la tierra, el Hombre de las letras"); el otro fue cuando lo movilizaron por la Primera Guerra Mundial. 

Con un lenguaje directo y sencillo, Guillaumin mostraba la dominación económica, social y cultural que durante siglos habían sufrido los campesinos

En 1901 Guillaumin publicó su segundo libro, la colección de relatos Tableaux champêtres, que le valió una distinción de la Académie Française. Además, le sirvió de base para escribir su primera novela –y tercer libro–, La Vie d’un Simple (1904). El propósito de cada una de sus obras es bien distinto: en aquella, el autor recreó su realidad circundante en un modo costumbrista; en esta, noveló la vida del ficticio agricultor Étienne Bertin para rebatir la descripción negativa de los labradores en Los campesinos (1855) de Honoré de Balzac y en La tierra (1887) de Émile Zola, así como su presentación idealizada en El pantano del diablo (1846) de George Sand. 

La Vie d’un Simple fue finalista del premio Goncourt y alcanzó un gran éxito de inmediato: en solo un año se vendieron ciento cincuenta mil ejemplares, y la novela fue elogiada por Léon Blum, Octave Mirbeau y Valery Larbaud. Este éxito coincidió con la crisis agrícola iniciada en la década de 1890, así como con el declive de la aristocracia rural, dos fenómenos que requerían de una nueva representación del mundo rural, sin caricaturas, ni prejuicios. Con un lenguaje directo y sencillo, Guillaumin mostraba la dominación económica, social y cultural que durante siglos habían sufrido los campesinos. 

Con el dinero obtenido por las ventas de su novela, en 1905 Guillaumin compró tres hectáreas de cultivo. También se hizo construir en Ygrande su propia casa, actualmente convertida en un museo y por aquel entonces ya visitada por no pocos curiosos, algo incrédulos ante el hecho de que un autodidacta hubiera escrito un libro de tal calado (Agnès Roche señala que entre 1865 y 1905 solo el 6% de los escritores franceses tenían origen obrero, y el 1,5% campesino). 


El mismo año 1905 Guillaumin contrajo matrimonio con su vecina Marie Chalmin, con quien vivió durante el resto de su vida (con ella tuvo a sus dos hijos: Suzanne, nacida en 1909, y Jean, en 1922). Ese mismo año, sin dejar la agricultura –el autor nunca abandonó la profesión de labrador–, Guillaumin escribió y publicó su segunda novela, Près du sol, donde recrea la vida de los campesinos hasta en sus menores detalles. Esta nueva novela recibió críticas negativas y apenas tuvo repercusión. 

Algo similar sucedió con su tercera novela, Albert Manceau, adjudant (1906), basada en sus propias experiencias en el servicio militar. Aquí el autor abandona el contexto rural y afirma que los campesinos, pese a su dura vida, deben quedarse en el campo, porque en el ejército pierden sus virtudes, para sumirse en un declive intelectual, físico y moral. Según A. Hodée, para Guillaumin el oficio de las armas solo podía llevar a la pereza, el alcoholismo y la vanidad más estúpida.
En su cuarta novela, Rose et sa parisienne (1907), el autor retomó el asunto rural. Pese a la buena acogida crítica, Guillaumin casi tuvo que irse de Ygrande después de que sus vecinos se vieran retratados en los personajes de la obra (¿Ay! cómo somos los de los pueblos: no tenemos arreglo: simpre igual, deshaciendo/destruyendo al que hace, criticando en la plaza al que propone, sin interperlarse nunca  ¿por qué no lo hacen ellos?). Esta circunstancia lo sumió en una depresión y produjo un creciente desengaño sobre la capacidad de la literatura para mejorar la sociedad y “sacar a los campesinos de su apática inconsciencia”. 

Un mayor interés literario –pese a su fracaso comercial– que las tres obras anteriores revistenlas dos siguientes novelas del autor. En la primera, Baptiste et sa Femme (1911), Guillaumin trata el éxodo rural y aboga por la preservación de las raíces campesinas: el hacinamiento en la urbe es nefasto para el hombre, sobre todo para el labriego, que, como en el ejército, acaba perdiendo aquí sus virtudes, para hundirse en la podredumbre. 
En la segunda, Le Syndicat de Baugignoux (1912), Guillaumin logra su mejor novela tras La Vie d’un Simple. En ella recrea su agridulce experiencia como fundador y miembro activo de uno de los primeros sindicatos agrícolas de Francia, entre 1905 y 1911. (Algo parecido a los que paso en con el Sindicato de Redecilla del Camino que ahora recordamos el siglo de su disolución 1926) Además, durante esos años creó el boletín Travailleur Rural, donde se recogieron las primeras reivindicaciones de los labriegos frente a los terratenientes. De carácter eremítico y escéptico, el autor en adelante pensaría que la acción no conlleva un futuro mejor si esta no viene acompañada de una reforma moral.

En 1914 otra experiencia –la Primera Guerra Mundial– trastocó la trayectoria de Guillaumin. A su regreso del frente, donde permaneció durante cincuenta y dos meses, abandonó el género novelístico –sólo de forma póstuma se publicó en 1970 una novela más, Les Mailles du Réseau– para hacerse periodista y sociólogo rural, además de activista en favor del campesinado
Su objetivo era doble: por una parte, dar a conocer en la ciudad cómo era la vida de los campesinos; por otra, lograr que estos tomaran consciencia de su importancia en la sociedad
Para conseguir ambas cosas colaboró asiduamente en varios medios de comunicación y recopiló sus artículos en Notes paysannes et villageoises (1925) y À tous vents sur la glèbe (1931). Asimismo, en 1935 publicó Panorama de l’évolution paysanne, un ensayo sobre las transformaciones ocurridas en el campo francés entre 1875 y 1935.

En los años siguientes Guillaumin cultivó el género biográfico como otra forma de dignificar a las clases populares del mundo rural
En los años siguientes Guillaumin cultivó el género biográfico como otra forma de dignificar a las clases populares del mundo rural. Escribió sobre dos ciudadanos ilustres de su región: uno, el botánico, médico y explorador de los territorios australes François Peron, en François Peron, enfant du peuple (1937); el otro, el novelista Charles-Louis Philippe, en Charles-Louis Philippe, mon ami (1942). Aquí, describiendo a su amigo en comparación consigo mismo, el autor legó su mejor testimonio íntimo (Guillaumin siempre rehuyó el protagonismo, hasta el punto de rechazar al final de su vida una jugosa oferta para publicar sus memorias).
Lejos de perjudicarle, esta humildad acrecentó el prestigio de Guillaumin, entre cuyos admiradores ya figuraban los escritores Joseph Voisin, Henri Bachelin y Ernest Pérochon, ganador del premio Goncourt en 1920 con la novela de asunto rural Nêne. Asimismo, su dimisión como alcalde de Ygrande en 1941, para no verse obligado a colaborar con el régimen de Vichy, asentó su reputación de persona íntegra.

También consolidó su fama de hombre sabio –aún se le conoce por el sobrenombre de “El sabio de Ygrande”– la aparición en 1949 de
Sur l’appui du manche, donde Guillaumin recogió en forma de aforismos sus mejores reflexiones, maduradas durante cincuenta años. La obra proyecta su faceta de moralista por ser, según Antoine Decorps, “un repertorio de buenos consejos, una suerte de breviario laico, un código de honradez campesina”, además del último libro publicado en vida por el autor.

De hecho, el 27 de septiembre de 1951 Guillaumin murió en su casa, por un infarto. Tres días después, una muchedumbre formada por sus vecinos, así como por sus admiradores, acompañó su cadáver hasta el cementerio de Ygrande, donde fue enterrado en una tumba donada por el ayuntamiento.


Después de la muerte del autor –y pese a que La Vie d’un Simple fue reivindicada por intelectuales de la talla de Simone Weil, quien leía la novela a sus alumnos en sus clases de Filosofía para mostrar cómo habían vivido durante siglos los campesinos en Europa–, la lectura de sus libros quedó casi relegada al ámbito académico, así como a las personas interesadas en el mundo rural. De hecho, la mayoría de sus obras dejaron de reeditarse hace varias décadas, y hoy son inhallables o solo están disponibles en librerías de lance. 

No obstante, la obra literaria de Émile Guillaumin aún sigue revistiendo interés. Sobre todo por su primera novela, con la que, según Michel Augé-Larigé, nació el género de la “novela rústica”. Por su parte, Jean-Louis Curtis va más allá, afirmando que esta constituye “un monumento, una estela funeraria donde figuraría el epitafio del campesino desconocido, de un hombre cualquiera… Más que un documento social, La Vie d’un Simple es una saga de la condición humana”.

Gonzalo Gómez Montoro, CTXT

«El mercado apuesta por los ultraprocesados porque los productos frescos no son un gran negocio»

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