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lunes, 20 de julio de 2026

El mejor aliado del fuego es el abandono del mundo rural: El polvorín despoblado: ese es el nuevo fuego:

“Los pueblos siempre fueron los mejores cortafuegos, 
pero sus montes se han convertido en justo lo contrario, en un auténtico polvorín”.
"Los pueblos se han quedado vacíos y los bosques se han llenado de combustible. 
Solo la suerte impide que no suframos grandes incendios”.

Da igual que cada vez se dediquen más recursos 
si la verdadera causa, 
el abandono del territorio, no para de agravarse”
La solución: 
que los pueblos vuelvan a estar vivos, que se recuperen los cultivos abandonados y que regrese la ganadería en extensivo, con pastores y animales capaces de mantener a raya el crecimiento desordenado de zarzales y arbustos. 

Fotografía, Pedro Armestre.


Desde Australia a la Amazonia, pasando por California o Portugal, el cambio climático alimenta un nuevo tipo de incendios de una intensidad y agresividad nunca vistas. En nuestro país las llamas han encontrado en la despoblación y el abandono de los montes a su mejor aliado. España se sienta sobre un polvorín.

Algunos montes son ahora mismo dinamita. Los pueblos se han quedado vacíos y los bosques se han llenado de combustible. Solo la suerte impide que no suframos grandes incendios”. Sentada en una pradera del Páramo de Masa, una región fría y deshabitada a más de 1.000 metros de altitud entre Burgos y Cantabria, Raquel Serna, jefa de los agentes de Medio Ambiente en la comarca de Sedano, ve con pesimismo el futuro de la zona. A su lado Marino Saiz, guarda mayor y coordinador de más de un centenar de agentes medioambientales burgaleses, asiente preocupado: “Los pueblos siempre fueron los mejores cortafuegos, pero se han convertido en justo lo contrario, en un auténtico polvorín”.

Alguien que para su desgracia conoce muy bien los infiernos del fuego es Ángel Fernández, director desde 1987 del Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera. Cuando en 2012 un gigantesco incendio forestal afectó al 11% de la superficie de la isla todo su mundo se le vino abajo. Acabó en el hospital con un riñón paralizado por culpa de la “enorme tristeza y estrés brutal” que le supuso “verlo todo convertido en cenizas”. 

A pesar de los miles de kilómetros que les separan, el director canario y los guardas burgaleses coinciden en el diagnóstico: el mejor aliado del fuego es el abandono del mundo rural. En pocas décadas hemos pasado de tener un territorio totalmente sobreexplotado donde no había prácticamente nada que pudiera arder a justo lo contrario. Los de ahora son incendios de comportamiento devorador, como un Polifemo hambriento, auténticos tsunamis de fuego”, dice Fernández.

Los nuevos fuegos
De primeras, a los profanos en la materia podría parecernos que, si la despoblación ha provocado que ahora haya arbustos donde antes había pastos, se podría dejar a la naturaleza seguir su curso y que recupere lo que era suyo. Error. Según el informe Proteger el medio rural es protegernos del fuego publicado por Greenpeace en julio de este año, desde 1962 hasta 2019 se han abandonado en España cuatro millones de hectáreas de tierras de cultivo. Estos terrenos han sido colonizados desordenadamente por masas forestales pobres y abandonadas, con escasa diversidad de especies y gran carga acumulada de combustible vegetal. 

En el momento en que las personas abandonamos el medio rural, desaparecen los campos agrícolas y los aprovechamientos forestales, y los terrenos donde había cultivos son colonizados por árboles. Esto crea una paisaje casi continuo, y cuando hay un incendio, el fuego ya no encuentra ninguno de los impedimentos que antes impedían que se hiciera fuerte”, explica Oriol Vilalta, director general de la Fundación Pau Costa, dedicada al estudio en prevención de incendios forestales.

España es, tras Suecia, el segundo país con más superficie forestal de la Unión Europea, pero el primero en cuanto a abandono y falta de gestión. El 81,52% de la superficie forestal no tiene un instrumento de ordenación, lo que la hace tan inútil económicamente como vulnerable al fuego. Estos nuevos montes más inflamables, junto a entornos rurales abandonados y cada vez más afectados por la crisis climática, son el caldo de cultivo perfecto para los incendios de alta intensidad, esos “tsunamis de fuego” que mencionaba Ángel Fernández.

1ª generación de grandes fuegos.- Los primeros grandes incendios aparecen en nuestro país en los años 50, cuando el abandono rural dibuja un paisaje continuo por primera vez en décadas.  Es lo que se conoce como primera generación de incendios, que se atacan con los primeros retenes y cortafuegos. 
2ª .- Según continúa la despoblación y el imparable proceso de acumulación de combustible, en los años 70 y 80 aparece la segunda generación, con incendios continuos e intensos, combatidos con una mayor profesionalización y especialización. 
3ª.- En los 90 aparecen los grandes incendios con ambiente de fuego, focos secundarios masivos y velocidades extremas de los fuegos convectivos: es la tercera generación. 
4ª.- La aparición de incendios con interfase, que se acercan a los pueblos y empiezan a matar, marca la cuarta generación; 
5ª.- y la simultaneidad de grandes incendios rápidos y violentos define la quinta, que cerraba la serie hasta la aparición en años recientes de una nueva clase nunca vista. 

¿¿¿6ª.- generación de incendios???
“Después de los incendios ocurridos en Chile y Portugal en 2017 cambia el paradigma. La sexta generación trae incendios rápidos, intensos y continuos que afectan a gran cantidad de viviendas, polígonos industriales, al sistema de extinción… Son incendios muy escasos, y es muy difícil que se den, pero cuando se producen dominan la situación atmosférica de su entorno. Se convierten en tempestades de fuego, generan procesos que no puedes predecir con la meteorología, la topografía o el combustible, los tres factores básicos de un incendio forestal”, explica Marc Castellnou, máximo responsable del Grupo de Apoyo de Actuaciones Forestales (GRAF), uno de los cuerpos de bomberos de la Generalitat de Catalunya. 

La aparición de estos grandes incendios se rige por la “regla del 30”: una temperatura ambiente igual o superior a los 30 grados, rachas de viento superiores a los 30 kilómetros por hora y una humedad relativa del aire inferior al 30%. El resultado es un cóctel meteorológico terrorífico cada vez más frecuente, responsable de incendios tan pavorosos como el de Valleseco en Gran Canaria el verano pasado. Una tormenta de fuego excepcionalmente veloz y agresiva obligó a evacuar a más de 10.000 personas y destruyó cerca de 10.000 hectáreas, el 6,5% de la superficie de la isla. Muchos lo consideran el primer incendio forestal español de sexta generación. Federico Grillo, jefe de Emergencias del Cabildo de Gran Canaria, explica que “el siniestro creó sus propias condiciones meteorológicas, que a su vez generaron la formación de pirocúmulos o nubes de fuego”. El cielo en llamas. 

De mal en peor
Esta nueva generación es la responsable de desastres como los ocurridos en 2017 en Pedrógão Grande (Portugal, 66 muertos) o en 2018 en Mati (Grecia, 102 muertos). En 2020, ha pulverizado las peores estadísticas de la Costa Oeste estadounidense: han ardido 810.000 hectáreas de bosques. Pero esta cifra palidece frente a las dimensiones titánicas de los fuegos australianos: entre 2019 y 2020 ardieron 12 millones de hectáreas, una superficie igual a la de Extremadura y Castilla y León juntas. En la tropical Amazonia brasileña, pulmón del planeta, las llamas devoraron en agosto del año pasado 2,5 millones de hectáreas con fuegos que han continuado en 2020. Y hasta en el Círculo Polar Ártico en el este de Rusia, cada vez más cálido, ardieron 3,3 millones de hectáreas en 2019 según Greenpeace.

En el contexto de la crisis climática, estos fuegos cada vez más gigantescos, rápidos e incontrolables han venido para quedarse. “Una población forestal que no puede aguantar el ritmo del cambio climático, estresada y empobrecida, ofrece muchas más facilidades para que se produzcan incendios”, dice Marc Castellnou. En la actualidad, el 75% de la Península Ibérica se califica como territorio extremadamente seco. Un arbolado seco y debilitado por la subida de temperaturas y el aumento de olas de calor se convierte en yesca inflamable. 
Es el círculo infernal del fuego: los incendios agravan el cambio climático, 
y el cambio climático intensifica los incendios.

Y por mucho que los recursos materiales y humanos dedicados a la extinción no hayan parado de aumentar, “prevenir y apagar estos incendios no es un tema de recursos”, explica Castellnou. “Da igual que cada vez se dediquen más recursos, si la verdadera causa, el abandono del territorio, no para de agravarse. Un análisis compartido casi unánimemente por alcaldes, guardas forestales, bomberos y las principales ONG ecologistas. 

El polvorín despoblado
En Burgos, los agentes medioambientales Raquel Serna y Marino Díaz, 26  y 31 años de experiencia respectivamente, reflexionan sobre cómo evitar que el fuego convierta en cenizas su mundo. Coinciden en la misma solución: que los pueblos vuelvan a estar vivos, que se recuperen los cultivos abandonados y que regrese la ganadería en extensivo, con pastores y animales capaces de mantener a raya el crecimiento desordenado de zarzales y arbustos. Pero también opinan que es imposible que eso ocurra. Raquel lleva 20 años viendo desaparecer decenas de rebaños y cómo los hijos de los últimos pastores se marchan a la ciudad para no volver. “La población está muy envejecida, la mayoría tiene más de 80 años”, explica entristecida. “No hay recambio”. 

Lo puede confirmar Juan Carlos Oca, capataz de una cuadrilla de 10 trabajadores forestales. “Es muy complicado encontrar gente dispuesta a trabajar en el monte”, se lamenta mientras su equipo realiza podas de altura para prevenir incendios en un pinar de Quintalamoma, un pueblo de Burgos de apenas 30 habitantes. “Es un trabajo muy duro, de jornadas agotadoras, sin horarios y que apenas dura tres meses. Los jóvenes, si lo pueden evitar, lo evitan. Así que no encuentras a nadie en la zona. Al final tienes que buscarlos en Burgos capital, gente nueva nada especializada que se van en cuanto encuentran otra cosa”. 

Los que Juan Carlos tiene ahora podando pinos por encargo de la Administración regional son jóvenes, todos hombres. Trabajan en silencio, manejando con pericia unas largas pértigas en cuyo extremo han fijado pequeñas sierras semicirculares de afilados dientes. Rama a rama, van despejando los troncos para favorecer el crecimiento en altura de los árboles y evitar que un posible fuego se contagie a las copas. El suyo es un trabajo de Sísifo, duro e inacabable, 10 personas podando ramas en un mar de pinos. Una gota de cuidados en un mar de olvidos.

José Ángel Arranz, director general de Patrimonio Natural y Política Forestal de Castilla y León, ve el abandono de huertas y fincas como uno de los principales problemas. “El peligro ahora no es solo que se nos quemen los bosques, sino que ardan los pueblos”, confiesa preocupado. Una opción para evitarlo pasaría por recuperar esas tierras desatendidas, pero en muchas ocasiones ya nadie sabe quiénes son los propietarios. “Para muchos, con que les limpiasen la finca sería suficiente”.

Marc Castellnou, el responsable del GRAF, hace hincapié en la necesidad de cambiar de modelo económico para reducir nuestra vulnerabilidad ante los incendios. “La solución no está en implantar un nuevo sistema de extinción o en que un político suba o baje unos impuestos. Es un tema de no basar nuestra sociedad en el consumo de producto barato venido de lejos y entender que nuestra manera de vivir y consumir define la seguridad del paisaje donde vivimos”.

El futuro (económico) está en el bosque
Es el nuevo mantra: el fomento de la bioeconomía forestal, la economía basada en los recursos que nos proporcionan los bosques. Así lo cree Ascensión Castro, jefa de Sección de Prevención de la Xunta de Galicia. “La bioeconomía contribuye a frenar el abandono del monte, lo que previene los incendios forestales. Y en caso de producirse, un terreno forestal bien gestionado y rentable social, económica y ambientalmente es más resiliente frente al fuego

Más allá de la producción de leña, pasta de papel o corcho, los bosques son fundamentales generadores de aire y agua limpia, de tierras fértiles, de biodiversidad, de ocio, de salud, y ayudan a luchar contra el cambio climático al comportarse como sumideros de carbono. Pero para que su gestión económica sea compatible con su función ecológica hay que cortar árboles desde parámetros sostenibles y obtener el reconocimiento de los consumidores para que esas compras aumenten su valor. 

“Estamos empezando a certificar esos servicios ecosistémicos para que la sociedad reconozca su importancia”, dice Silvia Martínez, directora técnica de FSC España, la ONG que garantiza la sostenibilidad de los productos de origen forestal. Algunas grandes empresas ya han mostrado su interés en pagar por esos servicios de los que nos beneficiamos todos. Y gracias a esas nuevas inversiones, la amenaza del fuego es más improbable. 
En los pueblos donde se recibe dinero por el monte no hay incendios, eso está claro”, explica Adolfo Blanco, ingeniero forestal cuya empresa Biesca Agroforestal está promoviendo en Asturias las primeras certificaciones FSC de servicios del ecosistema.

 Esperanza... (?)
Aparentemente, Europa camina en esa dirección. La Agenda 2030, el New Green Deal y las estrategias de economía circular consideran clave este sector olvidado para dar respuesta a los nuevos desafíos del siglo. La economista Carmen Avilés, profesora de organización de empresas en la facultad de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid, defiende que la bioeconomía forestal facilitaría esa ansiada vuelta al campo de la gente joven. “Para dar solución a las necesidades en las urbes debemos mirar con otros ojos al mundo rural”. Pero para que se produzca este cambio de paradigma el sector forestal está obligado a innovar. “Talento hay mucho, pero son necesarias unas condiciones de partida que aún no se dan”.



Todas esas políticas y medidas se resumen en una frase de Raquel Serna, la agente burgalesa: “Habría que invertir más en el cuidado del monte”, dice sin demasiada convicción mientras con su dedo dibuja un amplio arco que abarca miles de hectáreas de bosques y cultivos. “Todo eso ardió en 2003”. 

martes, 14 de julio de 2026

¿Por qué es tan complicado y difícil el relevo generacional?
¿Qué debemos hacer para potenciarlo?


Autor: Markos Gamboa, consultor agroecológico, y del canal de vídeo LAS COSAS DEL COMER es un canal divulgativo sobre todo lo relacionado con la alimentación, desde la producción alimentaria hasta la nutrición, pasando por las políticas y economías agrarias.



Hay varias explicaciones sobre la falta de relevo generacional en el sector primario y, a continuación, desgranaremos algunas de las más importantes.

Para empezar existe un gran desapego entre las sociedades urbanas (consumo) y las sociedades rurales (producción). Esto conlleva un elevadísimo desconocimiento sobre el sector y, en consecuencia, una posibilidad de relevo potencialmente escasa. A esto hay que añadir las escasas posibilidades ofertadas desde el medio rural en cuanto al acceso a vivienda y tierra. ¿Cómo repoblar el rural y crear actividades agrarias sin posibilidad de vivienda y tierra? Si el relevo generacional se va a dar solamente en base a actividades heredadas el futuro del sector es claro: grandes empresarios, mucha tecnificación y muchos jornaleros.

En los últimos 25-30 años el sistema educativo ha generado un enorme volumen de titulados universitarios frente a un descenso evidente de formaciones profesionales. La diferencia en el estatus socioeconómico (ingeniera agrónoma vs agricultora, arquitecta vs albañil, médico vs enfermero,…) ha generado un desequilibrio enorme acompañado por la industrialización del sector primario. Las formaciones profesionales duales (20% teoría y 80% práctica) deberían formar para que el sector sea rentable monetariamente, sostenible económicamente y justo comercialmente. Enseñar a los jóvenes a generar modelos menos dependientes de las industrias les aporta autonomía, valorización social y la posibilidad de avistar el horizonte con esperanza.

Enseñar a los jóvenes a generar modelos menos dependientes de las industrias les aporta autonomía, valorización social y la posibilidad de avistar el horizonte con esperanza.

El envejecimiento de la población autóctona genera un bajísimo relevo potencial en el sector. Al mismo tiempo recibimos, y seguiremos recibiendo, grandes flujos de inmigración que está rejuveneciendo la sociedad. Necesitamos incluirlos en el sector. Y no solo como jornaleros, sino también como autónomos titulares de explotaciones. La gran mayoría de nuestros cultivos actuales vinieron de otros continentes. Ahora estamos recibiendo a las personas, a las que hay que incluir, por humanidad y por necesidad.

Las personas jóvenes tienen referentes muy alejados de la actividad agraria, además del apego a los formatos digitales y unos objetivos vitales distintos. La comunicación digital, generalizando, está basada en velocidad y estridencias, 2 variables alejadas de la realidad del trabajo en el sector. Debemos conseguir hacer interesante lo importante: los ritmos y realidades del trabajo en el medio natural. He encontrado muchas personas formadas online con grandes dificultades para adaptarse a la realidad del medio.

El campo es muy duro, el campo no da, si quieres progresar ve a la ciudad, el de pueblo esa inculto… Los mitos sobre el sector primario han devaluado y degradado a los profesionales y sus modos de vida. Los modelos agroecológicos pueden ayudar muchísimo al sector en este aspecto. Y para eso deben cumplir algunas variables fundamentales para ser aterrizadamente sostenibles, valorados y atractivos:

.- Flujos de energía entrantes y salientes: fundamento básico de la sostenibilidad. Este es el tema central de la economía agraria.
.- Rentabilidad monetaria y precio/hora trabajada (calidad de vida de las personas productoras).
.- Conjugar saberes tradicionales territoriales y documentación científica actual empoderan intelectual, técnica y socialmente a cada productor.

.- Además de lo anterior, el modelo productivo actual está replicado en la formación agropecuaria homologada. A esto hay que sumar que las consultorías realizadas por personas sin ninguna experiencia en el día a día del sector crean mucho recelo entre las nuevas incorporaciones por altas tasas de fracaso. Mucha dinamización, mucha consultoría, mucha teoría, muchos planes… pocos agricultores
.- El sistema educativo agropecuario se tiene que abrir de par en par a los modelos agroecológicos, por una cuestión puramente física, económica y de supervivencia. Ya va tocando aparcar ideologías, egos y confortables asientos pagados con sueldos públicos. ¿Sobre consultorías y acompañamientos? Sí, siempre mediante personas experimentadas en el día a día del sector, trabajando en la tierra.

.- La polarización informativa respecto a todo lo que tiene que ver con el término “ecológico” crea rechazo por una buena parte de la sociedad. Pretendemos que los términos y desarrollos científicos se entiendan mediante explicaciones rápidas y el resultado es que las personas no entienden nada, lógicamente. Es en ese punto cuando se puede manipular fácilmente un concepto y asociarlo a lo que a cada cual le convenga. 
Si no acercamos la ciencia a la ciudadanía de manera sencilla y comprensible no hay posibilidad de crear conciencias reales. Para hacer llegar el mensaje de la necesidad del sector de realizar transiciones agroecológicas hay que comunicar desde la base. La base de la Agroecología es la Ecología, no el ecologismo. El ecologismo hoy es una amalgama de ideologías variopintas que hacen confusa la información para gran parte de la sociedad. La Ecología es una ciencia, no una ideología.

Recelo sobre el potencial productivo agroecológico y oposición a las transiciones por el modelo productivo dominante y sus intereses. Ya hay documentación científica que verifica el potencial productivo agroecológico. La parte técnica de los modelos productivos agroecológicos es en mi opinión la menos preocupante, pues ya estaba inventada hace 70 años y hoy respaldada por documentación científica. 

.- Para cambiar el modelo productivo actual hay que perder el miedo a cambiar los modelos de gobernanza del sector agroalimentario. Aquí está el gran cuello de botella.

Las emisiones de CO2 y el cambio climático marcan hoy las hojas de ruta del sector y sus grandes retos. La Agroecología brinda hoy a la sociedad su gran fortaleza: mitigar las emisiones de la industria agroalimentaria global. Esto será posible si reducimos el transporte y los niveles de importación/exportación alimentaria e insumos agrícolas. Al mismo tiempo, la capacidad de las actividades agroecológicas de ser autónomas y poco dependientes de los insumos de las distintas industrias, generan estabilidad y posibilidades en un sector globalizado que se enfrenta hoy al declive energético y a diversas guerras por los recursos fósiles. En un mundo tan inestable la agroecología aporta estabilidad y confianza.

El relevo generacional debe ser consciente de su capacidad para aportar numerosos beneficios a la sociedad.

jueves, 2 de julio de 2026

Cuando la IA nos supere, asegurémonos de que gane la sabiduría, no la tecnología (S. Hawking)

 “La inteligencia artificial podría desarrollar una voluntad propia, 
en conflicto con la nuestra...
Nuestro futuro es una carrera entre el poder creciente de nuestra tecnología 
y la sabiduría con que la usemos. 

Cuando la inteligencia artificial supere a la nuestra 
en más de lo que la nuestra supera a la de los caracoles,
Asegurémonos de que gane la sabiduría”,
reflexionó Stephen Hawking

Stephen Hawking dejó certeras reflexiones sobre la IA y la Humanidad 


El último libro de Stephen Hawking, Breves respuestas a las grandes preguntas (Ed.Crítica) se publicó en el 2018, pocos meses después de la muerte del extraordinario físico teórico y divulgador. 
Aunque ChatGPT y los grandes modelos de lenguaje que han liderado la explosión de la IA generativa no existían todavía, Hawking ya dejó escritas en esa obra una serie de reflexiones certeras sobre la inteligencia artificial que, ocho años después, están completamente vigentes. El científico tenía claro que sólo es una cuestión de tiempo que la IA ponga a los humanos en términos de inteligencia en la misma posición que nosotros respecto a los animales más simples, por lo que hay que estar preparados para ese momento.

Cuando una inteligencia artificial (IA) supere a los humanos en el diseño de más inteligencia artificial, de modo que pueda mejorarse recursivamente a sí misma sin ayuda humana, podemos enfrentarnos a una explosión de inteligencia que finalmente dé lugar a máquinas cuya inteligencia supere a la nuestra en más de lo que la nuestra supera a la de los caracoles”. 
En esa posición de inferioridad, Hawking estaba convencido de que, a la larga, “la inteligencia artificial podría desarrollar una voluntad propia, en conflicto con la nuestra”.

Cabe recordar a Hawking en estos momentos, en el que asistimos a una carrera desesperada en la búsqueda de modelos con altas capacidades para desbordar nuestro mundo, tan dependiente de la tecnología que sus autores no se atreven a ponerlos, a hacerlos públicos. OpenAI ha lanzado esta semana GPT-5.6 Sol, su modelo más potente hasta la fecha, con una lista de usuarios restringida a unos 20 socios seleccionados a petición del Gobierno de Estados Unidos, en la línea de Claude Mythos de Anthropic. Este ha sido vetado incluso para entidades o especialistas que no sean estadounidenses. (¡ojo, esto no es para la humanidad,  es para los americanos, pero solo para unos pocos americanos: estamos hablando más que de IA, de poder, del poder sobre el resto de los americados y de la humanidad!).

El ser humano ante la perspectiva de una inteligencia que le supere.Reve.

GPT...Sol cuenta con una capacidad máxima de razonamiento para el pensamiento más profundo en una inteligencia artificial y un modo ultra que genera subagentes que gestionan de forma paralela tareas complejas para llegar más lejos. Las primeras pruebas publicadas apuntan a que el modelo de OpenAI supera a Mythos 5 en algunos de los tests con los que se miden las capacidades de los algoritmos. En línea con lo que reclamaba Hawking, la empresa que lidera Sam Altman ha hecho de Sol un modelo muy seguro. “Nuestro objetivo es hacer que las actividades ofensivas prohibidas resulten más difíciles, inciertas y detectables, sin limitar innecesariamente aquellos usos beneficiosos”, afirmó la compañía en un comunicado.

Paradójicamente, mientras la administración de Estados Unidos se encastilla alrededor de la IA con una clara posición de dominio, el mundo mira a su alrededor en busca de referentes. Aparecen algunos por el este. Algunos investigadores en ciberseguridad han explicado esta semana la aparición un nuevo modelo de la empresa china Zhipu AI, conocida como Z.ai, que puede igualar a los más avanzados de OpenAI y de Anthropic para detectar fallos de seguridad. El cierre de Estados Unidos de los modelos de sus empresas respecto a otros países pone a China en el foco mundial. (¡ojo, estamos en un contexto de guerra!)

“Una IA superinteligente — pronosticó Hawking — será extremadamente buena en el logro de sus objetivos, y si esos objetivos no van en la dirección de los nuestros tendremos problemas”. Con todas las ventajas que la inteligencia artificial podrá aportar en áreas como la salud, el trabajo, la educación y la ciencia, el científico reclamó “planificar por adelantado”. “Se puede imaginar que una tecnología como esta consiga burlar a los mercados financieros, sobrepasar a los investigadores humanos, manipular a líderes humanos y someternos potencialmente con armas que ni siquiera podremos entender. Aunque el impacto a corto plazo de la IA depende de quién la controla, el impacto a largo plazo depende de si se puede controlar en absoluto”.
Máquinas que mejoran máquinas de forma recursiva. Reve

En estos albores de la IA, una de las noticias de la semana es que el gigante automovilístico Ford ha decidido contratar a 350 ingenieros con experiencia, muchos de ellos antiguos empleados, después de que sus sistemas de IA no hayan logrado los resultados que la empresa esperaba cuando empezó a despedir personas de su departamento de control de calidad. Es un claro de lo que ocurre cuando las empresas se precipitan en prescindir de las personas en espera de unos resultados que la IA no les proporciona. Un informe de la consultora PwC asegura que las empresas que utilizan la IA para potenciar su plantilla obtienen mayores beneficios que las que sustituir una gran parte de su personal por el algoritmo.

Ante el nuevo mundo prometedor que nos abre la IA, Hawking recordó que se trata de una tecnología tan poderosa que el margen de error no existe: “deberíamos planificar el futuro y tratar de hacer las cosas bien a la primera, porque puede ser la única oportunidad que tengamos”. “Nuestro futuro — señaló — es una carrera entre el poder creciente de nuestra tecnología y la sabiduría con que la usemos. Asegurémonos de que gane la sabiduría”. Ya está todo dicho.

Francisco Bracero Osuna
Licenciado en Periodismo por la UAB. 
Redactor de La Vanguardia desde 1996. 

miércoles, 17 de junio de 2026

Nuevo escenario político para la agricultura: apuntes para un debate: Los retos del sector agroalimentario español.

 Con motivo del webinar organizado por Cajamar el pasado viernes 12 de junio, 
varios expertos del mundo académico y asociativo, y del propio sector agrario, 
han debatido sobre el nuevo escenario europeo que se abre 



He tenido el honor de ser invitado, y quiero compartir en forma de artículo algunas de las reflexiones que, por las inevitables limitaciones de tiempo, tuve que expresarlas de forma apresurada.

Mi tesis central es que el próximo MFP cierra una larga etapa de la PAC, que ha sido la más significativa política europea, pero que hoy ya no lo es. La PAC ha estado sometida a tantas reformas, que la actual poco tiene que ver con la que se creó al inicio de los años 1960, habiéndose convertido en una política de cada vez mayor amplitud temática, y por eso más indefinida, y de cada vez menos relevancia en el conjunto de la UE.

El nuevo MFP abre un escenario de programación distinto del que hemos conocido hasta ahora, con instrumentos acordes con la heterogénea y diversa realidad de la agricultura europea y en sintonía con las nuevas prioridades de la UE en materias distintas de las agrarias. Es un escenario sin PAC, tal como la conocemos, pero eso no significa que el sector agrario quede abandonado, solo que será gestionado de forma diferente.

Este escenario plantea, por tanto, nuevos retos a la agricultura, instando a los grupos de intereses (OPAs, cooperativas…) y a las instituciones sectoriales (MAPA y consejerías de agricultura de las CCAA) a modificar sus estrategias para relacionarse con actores (institucionales y asociativos) distintos de los que han sido habituales en los procesos de definición y negociación de la PAC.

En los más de sesenta años de construcción europea, la PAC ha sido un elemento clave, ya que era la más importante política común en términos socioeconómicos, culturales e institucionales. Reflejaba, además, el discurso del corporativismo agrario dominante entonces en los círculos políticos y sindicales, enfatizando el papel esencial de la agricultura en el abastecimiento de alimentos a la población y otorgándole un tratamiento excepcional mediante una amplia gama de instrumentos de política agraria (precios garantizados, ayudas directas a la renta, preferencia comunitaria, indemnizaciones compensatorias, instalación de jóvenes, modernización de explotaciones, bienestar animal…).

En todo ese tiempo, la PAC ha contribuido, sin duda, a asegurar la producción de alimentos sanos y de calidad en la UE, siendo la base de la actual pujanza europea en materia agroalimentaria. Asimismo, la transferencia de rentas a los agricultores y la garantía de suministro a los consumidores ha ido definiendo una incipiente “identidad europea” basada en la cohesión económica y social. Además, la implementación de un sistema propio de gobernanza en torno a la PAC ha contribuido a crear las bases de una auténtica “institucionalidad a escala europea” (comités de gestión, comités consultivos, trílogos, derecho comunitario…).

La construcción de la UE no puede entenderse, por tanto, sin el papel desempeñado por la PAC en todo ese tiempo. Pero eso ha dejado de ocurrir. Hoy la PAC ya no es la política europea más importante y el lobby agrario (sindicatos, cooperativas, ministerios de agricultura…) ha dejado de tener la fuerza que tenía antes, siendo uno más (y no el más importante) entre los que ejercen influencia en el entorno de la UE.

La PAC ha sido durante décadas el eje de la construcción europea, pero hoy el lobby agrario es uno más entre los que ejercen influencia en Bruselas, y no el más importante


Una política con demasiados remiendos

La PAC ha sido, desde sus comienzos, una política sometida a sucesivas reformas para irla adaptando a los cambios que se iban produciendo dentro del sector agrario europeo, pero también fuera del mismo (liberalización del comercio, nuevas demandas de los consumidores, exigencias en materia de salud y medio ambiente…) Es, por tanto, una política viva, y ese ha sido su gran valor, aunque también su debilidad.

Que se reforme la PAC no es ninguna novedad, sino algo consustancial con ella. La reforma Mac Sharry (1992) y la de la Agenda 2000 fueron las de mayor calado, al modificar la arquitectura institucional de la PAC: en el primer caso, sustituyendo un sistema de precios garantizados, por otro de ayudas directas (gradualmente desacopladas de la producción), y en el segundo caso, creando un sistema de dos pilares, que es el que conocemos hasta hoy (uno, financiado totalmente por el presupuesto común europeo, y otro, cofinanciado con los Estados miembros). Las otras reformas (Fischler, Ciolos, Hogan…) han incorporado nuevas medidas y programas, pero sin alterar el marco institucional de la PAC, que en los últimos 25 años se ha mantenido sin grandes cambios sobre la base de los dos pilares antes citados.

Sin embargo, en la medida en que la UE decidió no crear más políticas comunes, la PAC se convirtió en la percha donde colgar nuevos programas y medidas, sometiéndola, por tanto, a sucesivos remiendos cada vez que era reformada.

Una política de amplio espectro

De ese modo, la PAC fue perdiendo su singularidad inicial como política sectorial dirigida en exclusiva a impulsar la producción agrícola y ganadera, para ir convirtiéndose en una política de amplio espectro (agraria, rural, ambiental, sanitaria, cultural…) cada vez más difícil de definir en cuanto a sus objetivos, y más compleja en su aplicación.

Eso explica que, a lo largo de las últimas reformas, la PAC fuera mostrando sus costuras, signos de que el traje que se le hizo no se ajustaba a la creciente diversidad de la agricultura europea (provocada por las sucesivas ampliaciones de la UE) ni a los cambios cada vez más acelerados del sector agrario (provocados por la globalización económica, los avances tecnológicos, las externalidades negativas en el medioambiente, las diferencias territoriales, el cambio climático…)

Prueba de ese creciente desajuste era la flexibilidad que se le daba a los dos pilares, posibilitando el trasvase de fondos entre ambos, e incorporando a uno u otro pilar distintas medidas sin una clara justificación conceptual, sino más bien por motivos de ingeniería financiera. Al final no se sabía bien por qué un programa determinado estaba en un pilar y no en el otro, o incluso en ambos.

El caso del programa agroambiental y de los eco-regímenes es un buen ejemplo. También, las ayudas a la instalación, ubicadas en los dos pilares, también es otro ejemplo. A ello se le unía la anomalía que significaba haber integrado el desarrollo rural (enfoque Leader), que responde a una lógica territorial, en el segundo pilar de una política sectorial como la PAC.

Todo eso provocaba que el traje de la PAC se tensionara y mostrara sus costuras cada vez que se le hacía una nueva reforma.

El traje de la PAC se tensionaba con cada reforma: demasiados programas colgados de una política sectorial que ya no era solo sectorial

Una política limitada económicamente

Con la ampliación sucesiva de la UE a nuevos países, y la congelación del presupuesto común europeo, eran evidentes las limitaciones de la PAC, tanto económicas, como políticas, para dar respuesta desde Bruselas a los grandes desafíos de una agricultura cada vez más diversa y heterogénea, y por eso difícil de gestionar. A ello se añadía la inevitable burocracia para fiscalizar el control del gasto público en la ejecución de sus diversos programas.

Tales limitaciones y el aumento de funciones que se le asignaba, hacían que la PAC actuara en ocasiones como un corsé, dificultando la modernización estructural del propio sector y las iniciativas de cada país a ese respecto. De ahí que, en el marco de la subsidiariedad, se fuera abriendo paso la necesidad de devolver a los Estados parte de la soberanía antes delegada en materia de agricultura.

Los Planes Estratégicos (PEPAC) han sido un primer intento de dar autonomía a los Estados miembros para establecer sus propias prioridades en agricultura, actuando como PAC nacionales, aunque financiadas aún en muchas de sus medidas con el presupuesto común europeo.

Una política en situación terminal

Desde hace algunos años, se tenía la impresión de que el traje de la PAC había dado todo lo que podía dar de sí, y que ya no permitía más remiendos. Pero nadie se atrevía a darle la puntilla. Su alto valor simbólico (heredado del discurso corporativista) y el impacto político interno que podría ocasionar en algunos países su desaparición, hacían que la PAC se mantuviera viva, aún a sabiendas de que estaba moribunda, en situación terminal.

En ese contexto, la PAC fue convirtiéndose en un residuo del pasado, siempre en riesgo de desaparecer. Lo sorprendente es que se haya mantenido tanto tiempo, dotada de su propio presupuesto, aunque cada vez más menguante (apenas llegaba ya al tercio del presupuesto común de la UE). De hecho, la PAC de las últimas programaciones poco tiene que ver con la que tenemos idealizada, es decir, una política sectorial dirigida a gestionar el sector agrario europeo y dotada de recursos para ese objetivo.

Hoy ni es una política sectorial (dada la variedad de temas y programas no agrarios que cuelgan sobre ella) ni tiene suficientes recursos para cumplir sus amplios objetivos (un 0,33 % del PIB de los 27) ni tampoco es ya una política común (por cuanto está cada vez más delegada a los Estados miembros, tal como es el caso de los “derechos históricos”, los “eco-regímenes”, la definición de “agricultor activo” o todo lo relativo al segundo pilar).

Un 0,33 % del PIB de los 27, cada vez más delegada a los Estados miembros: la PAC de hoy poco tiene que ver con la política que hemos idealizado

A diferencia de lo que ocurría en su periodo de esplendor, la PAC de hoy es una política residual que cuenta poco en un proceso de construcción europea que sigue su propia lógica, con nuevos objetivos y nuevas perspectivas de ampliación. Incluso es percibida como una rémora desde no pocos círculos de opinión. Se puede decir, por tanto, que estamos asistiendo al final del viejo corporativismo agrario, es decir, de la excepcionalidad agrícola encarnada en la PAC.

El nuevo MFP 2028-2034 o la puntilla de la PAC

La puntilla se la han puesto a la PAC las circunstancias geopolíticas y climáticas de los últimos años (conflictos bélicos, fragilidad de las cadenas de suministros, flujos migratorios, acuerdos sobre emisiones de carbono, robotización...) Tales circunstancias han obligado a la UE a establecer nuevas prioridades en materias distintas de las agrarias, reflejándose en el MFP 2028-2034 propuesto por la Comisión Europea (defensa, seguridad, clima, inmigración, innovación científica y tecnológica…).

En ese nuevo proyecto de MFP, la PAC que hemos conocido desaparece en tanto política autónoma, al quedar integrada en la nueva arquitectura institucional (en concreto, en los Planes Nacionales y Regionales de Asociación). En contra de los que ven esto como algo negativo y se lamentan por ello, otros lo vemos de modo diferente.

En mi opinión, la Comisión Europea ha hecho un ejercicio de realismo con su propuesta de MFP, planteando al Consejo y al Parlamento el acta de defunción de una PAC en estado terminal, y abordando la gestión de los temas agrarios (y también de los rurales, que trataré en otro artículo) con herramientas e instrumentos de programación nuevos.

Ante esa situación, no cabe lamentarse por una PAC que estaba ya dando sus últimas bocanadas y que dejará de existir tal como la hemos conocido. Solo queda prepararse para aprovechar los nuevos instrumentos de programación del MFP con visión de futuro. Que no haya PAC no quiere decir que el sector agrario quede abandonado: hay vida después de la PAC.

No cabe lamentarse por una política que daba sus últimas bocanadas. Solo queda prepararse para aprovechar los nuevos instrumentos del MFP con visión de futuro

Por eso, y más allá de la nueva arquitectura institucional (que es sólo objeto de debate en los medios académicos, sobre todo), lo que realmente importa al sector agrario es la dotación económica que el MFP le asigna para continuar con las ayudas directas a los agricultores (que por ahora nadie discute, pero que no se sabe qué ocurrirá en futuras programaciones) y con los programas dirigidos a impulsar la transición ecológica y digital, la renovación generacional, los intercambios comerciales, la biotecnología... En el caso de las ayudas directas, será importante conocer los recursos destinados a ese programa (no solo en términos absolutos, sino relativos respecto al número cada vez menor de beneficiarios), pero también cómo se van a distribuir.

Los retos del sector agroalimentario español

Como parte final del webinar se nos pedía a los ponentes algunas reflexiones sobre los retos del sector agroalimentario español. En mi opinión, siguen siendo los mismos con o sin PAC

A continuación, expongo de forma sintética algunos de esos retos, a sabiendas de que cada uno de ellos daría lugar a un artículo específico:

*.- renovación generacional (incorporando nuevos activos, tanto desde dentro, como desde fuera del propio sector, e impulsando el acceso de las mujeres a la titularidad de las explotaciones y a los órganos directivos del movimiento asociativo);modernización estructural de las explotaciones agrarias (impulsando mayores economías de escala, bien mediante procesos de concentración, bien mediante la utilización de nuevas fórmulas jurídicas por parte de los pequeños y medianos agricultores, bien externalizando tareas a empresas de servicios);

*.- vertebración de la cadena alimentaria (impulsando modelos asociativos más eficientes, que generen sinergias entre los componentes de la cadena mediante acuerdos de carácter interprofesional);

*.- transición ecológica (favoreciendo una mejor adaptación a situaciones de cambio climático y de calentamiento global, reformando los sistemas de seguros e impulsando fórmulas alternativas a las convencionales que permitan regenerar los suelos y equilibrar mejor los ecosistemas);

*.- digitalización en sus distintas variantes (facilitando una mejor utilización de los insumos a través de modelos agrícolas de precisión y de la IA, y extendiendo el uso del cuaderno digital de explotación);

*.- modernización del regadío agrícola (restaurando embalses, mejorando la eficiencia de las conducciones y monitorizando el consumo de agua para un uso eficiente del recurso hídrico).

*.- innovación, investigación y transferencia (impulsando una nueva vuelta de tuerca en materia científica y tecnológica para responder a los desafíos climáticos y a la amenaza siempre presente de reactivación de las viejas plagas y enfermedades y el brote de otras nuevas).

Esos retos, con algunas particularidades según la realidad de cada comunidad autónoma, puede abordarlos nuestro país aprovechando el amplio margen de autonomía que le permitirá el nuevo MFP (2028-2034). Otros, sin embargo, exigirán actuaciones coordinadas a escala de la UE, como todo lo relativo a la autonomía estratégica en materia de energía o de fertilizantes, y a la creación de amplias redes de investigación científica para avanzar en la nueva “revolución verde” (ecológica, digital, biotecnológica) que necesita la agricultura europea en general y la española en particular.

El mejor aliado del fuego es el abandono del mundo rural: El polvorín despoblado: ese es el nuevo fuego:

“Los pueblos siempre fueron los mejores cortafuegos,  pero sus montes se han convertido en justo lo contrario, en un auténtico polvorín”. ...