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martes, 19 de mayo de 2026

Edén en Redecilla del Camino

 La Guía de Templos Románicos de Mongui le ha dedicado a la Pila bautismal de Redecilla del Camino esta publicación bien documentada, con presencia de nuestro querido y recordado Goyo haciendo las veces de guía turístico.

Gracias Mongui.


Si no fuese por su pila bautismal, Redecilla del Camino no figuraría en los mapas del románico


Redecilla del Camino | Burgos



Guia Templos Románicos_Pila de Nuestra Señora de la Calle_Redecilla del Camino_Burgos

Aquel templo original que en su tiempo tuvo la Rateziella, Rediziela de Francos o la Rediziella del Camino que aparecía citada en 1081 en documentos de San Salvador de Oña, ha sido sometido a tal suerte de desafortunadas restauraciones arquitectónicas góticas, barrocas, herrerianas y renacentistas que han matado todo interés por lo que pudo ser un digno ejemplar del arte románico del Camino.

Guia Templos Románicos_Pila de Nuestra Señora de la Calle_Redecilla del Camino_Burgos

En 1585 se reestructuran paramentos, se eleva la nave y se hacen desaparecer las tres naves románicas. En 1736, el obispo de Calahorra, don José de Espejo y Cisneros, ordena sustituir el sagrario por un altar mayor con tabernáculo dorado y componer la Pila Bautismal “para que se pueda cerrar con cerraja y llave”. En 1745 se construye sacristía y reforman ventanales y en 1753 se monta en su ábside el altar mayor y retablo por donación de un migrante gaditano.

Guia Templos Románicos_Pila de Nuestra Señora de la Calle_Redecilla del Camino_Burgos

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En 1960 se desmonta el coro y se traslada su Pila bautismal que permanecía a sus pies al lugar donde hoy la contemplamos.

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Preside el recinto, cerrado mediante verja, la imagen de la Virgen de la Calle desde ornacina.

Guia Templos Románicos_Pila de Nuestra Señora de la Calle_Redecilla del Camino_Burgos

Guia Templos Románicos_Pila de Nuestra Señora de la Calle_Redecilla del Camino_Burgos

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La Pila es monumental. Copa semiesférica de 110 cts. de diámetro sobre ocho columnillas adosadas que elevan la copa hasta los 106 cts. de altura y que en las rozas manifiestan que hubo un tiempo en que permanecieron enterradas a media altura.

Guia Templos Románicos_Pila de Nuestra Señora de la Calle_Redecilla del Camino_Burgos

Recorre la embocadura una cenefa y se compone de cuatro pisos con arquillos separados por cenefas en zigzag, entrelazo sogueado y banda perlada.

Guia Templos Románicos_Pila de Nuestra Señora de la Calle_Redecilla del Camino_Burgos

Sus ocho lóbulos de la semiesfera se adornan con torres en claro sentido simbólico a la Jerusalén Celeste a la que el creyente accederá purificado por el agua bautismal.

Guia Templos Románicos_Pila de Nuestra Señora de la Calle_Redecilla del Camino_Burgos


Ver Artículo Completohttps://www.curioson.es/2026/04/eden-en-redecilla-del-camino.html
© curioson

viernes, 15 de mayo de 2026

La pila Bautismal de Redecilla de Camino, publicación de D. Teodoro, párroco que fue de Redecilla del Camino.

D. Teodoro Uzquiza Ruiz, que falleció el 16 de febrero de este año a los 94 años, fue cura párroco de Redecilla del Camino, Bascuñana y Avellanosa de Rioja durante 11 años. 

Teodoro publicó este estudio sobre la pila de Redecilla del Camino en 2019: "LA PILA BAUTISMAL (XI-XII) DE REDECILLA DEL CAMINO (BURGOS)" en una separata de Rev. Burgense, Collectanea Scientifica, ISSN 0521-8195Vol. 60, año 2019,  pags. 343-353. Facultad de Teología del Norte de España, Burgos.

Aún no he  podido acceder al documento original, pero lo que  a continuación aquí se publica es la publicación de ese artículo en el Boletín de la Asoc. de Amigos del Camino de Santiago de Burgos, que no es de muy buena calidad. Revista HITO, enero 2020, nº 79. aquí un acceso digital de más calidad 
Es probablemente es estudio más extenso sobre la Pila bautismal de Redecilla del Camino que tenemos.














viernes, 3 de abril de 2026

El Gólgota de Redecilla del Camino.

El Gólgota de Redecilla del Camino

 

El origen del lugar: una cantera de desecho

La investigación arqueológica moderna, respaldada por los estudios del franciscano Virgilio Corbo (V. Corbo, Il Santo Sepolcro di Gerusalemme, FPP, 1981, 3 vols.) y por las recientes prospecciones, dirigidas por el equipo de la profesora Francesca Romana Stasolla, nos ha ayudado a conocer en profundidad la historia de este yacimiento. En los siglos VII-I a. C., esta zona era una vasta cantera situada fuera de las murallas de Jerusalén (Corbo, op. cit., vol. 1, pp. 29-31). Los canteros de la época buscaban la piedra malaky, apreciada por su dureza, pero precisamente en el lugar donde hoy se encuentra el Calvario encontraron una roca de menor calidad, quebradiza y veteada. Este espolón se salvó así de la excavación y fue abandonado, quedando como una elevación aislada.


Con el paso de los siglos, los hoyos provocados por las actividades extractivas se llenaron de escombros y tierra, transformando la zona en una necrópolis suburbana intercalada con pequeñas parcelas agrícolas. Esto explica perfectamente la descripción del evangelista Juan: «En el lugar donde había sido crucificado, había un jardín». El Gólgota, el «lugar de la calavera», estaba, por tanto, ya en origen «dividido en varias propiedades: una que podía pertenecer al gobierno, donde también se podían llevar a cabo las crucifixiones; otra a un jardinero o horticultor y otra donde José de Arimatea podía ser el propietario» (B. Bagatti, «Gólgota, Cráneo, Calvario», en B. Bagatti – E. Testa, El Gólgota y la Cruz, FPP, 1978, pp. 24-25; véase también V. Corbo, op. cit., vol. 1, pp. 29-32). 

El lugar de la crucifixión era, por lo tanto, un pedestal natural perfecto para las ejecuciones romanas, que requerían lugares visibles y cercanos a las vías de tránsito para desempeñar una función disuasoria. 

La sensibilidad judía, además, exigía que esto tuviera lugar fuera del perímetro de las murallas de la ciudad, en analogía con la práctica de la lapidación, que debía ejecutarse fuera del campamento tanto para los blasfemos (cf. Lv 24,14) como para los que violaban el sábado (cf. Nm 15,35-36).

Fuente Vaticano News

miércoles, 25 de marzo de 2026

Los oficios perdidos, el homenaje que les hace Florencio Gª Cigüenza, Beliforano.

Ya jubilado, y tras 50 años en Madrid, trabajando 
y dirigiendo una empresa de construción no residencial, 
este beliforano ha diseñado e instalado 9 figuras 
que evocan la tradición agrícola de su localidad. 
Pondrá 12 más, con la mujer como protagonista, 
y su intención es crear una ruta de una todas.
Se trata de Florencio García Ciguenza.

Florencio García, junto a la figura que ha diseñado
en Belorado de un hombre cortando leña. -
Foto: Luis López Araico
«La vida es esto», dice señalando su huerta mientras inhala el aire que se respira en su querido Belorado y cuenta que la valla que rodea el terreno contiene las notas del himno de la localidad para piano. Durante cincuenta años ejerció como jefe de obra en Madrid, «cada día tenía que ir a 6 ó 7 sitios distintos», recuerda de aquella vida. Ahora lleva otro ritmo, con ocupaciones que llenan su tiempo. Y también el paisaje de su pueblo.

Con la excusa de rendir un homenaje a los oficios perdidos, esos que tienen que ver con la tradición agrícola de la villa beliforana, Florencio ha diseñado y colocado en varios puntos de la localidad, especialmente junto a fincas de labranza, nueve figuras metálicas con las que recuerda ese pasado, también tratando de que no se pierda, al menos en la memoria colectiva.

Un hombre sembrando, otro cortando leña, uno segando y uno más cavando suman cuatro, pero forman ocho figuras diferentes ya que ha instalado tanto el positivo del diseño como el negativo. En su mayoría se encuentran en todo el entorno de La Mesa, mientras otras están más cerca del casco urbano, como el leñador, al lado del río; o uno de los sembradores, próximo a su huerta y junto a una piedra de origen romano que encontró en una parcela de labranza de su padre y que ha sujetado sobre un pie para disfrute de todos los paseantes. A la salida del pueblo, despidiendo a los peregrinos, se encuentra otra, y en la zona de las huertas de Tirón también se pueden observar algunas. 

El tamaño de cada pieza es real, como el de un hombre de una altura media. «No soy ningún artista. Primero hago la foto de la idea que tengo y después el diseño, que lo mando a Burgos para que lo recorten», explica sobre las figuras metálicas, que después coloca con la ayuda de Nieves, su mujer. «Solicito licencia de obra al Ayuntamiento y las instalo en lugares donde no molesten al paso de personas ni de vehículos». Hasta la fecha, la de mayor tamaño es la de un carro tirado por una mula sobre una base empedrada. La que hace el número nueve.

La colección con la que Florencio evoca ese trabajo en el campo se completará en breve con al menos otras 12 siluetas, en este caso con ellas como protagonistas. Una mujer en el lavadero, otra llevando cántaras de agua mientras sus hijos le tiran de la ropa, otra ordeñando una vaca y una más portando una carretilla de leña son algunas de las recreaciones listas para instalar ya y en las que ha usado a su mujer como modelo. «Esta es Nieves, ¿cómo la ves?, ¿se parece?», pregunta mientras muestra el diseño en papel.

futura ruta. Su cabeza y sus manos están ahora inmersas en completar esas nuevas figuras metálicas, haciendo botijos o prendas de ropa en hormigón, para que se sientan más acompañadas. «También me gustaría hacer un mural a partir de una foto muy antigua de mujeres de Belorado en el lavadero y cuando acabe con las mujeres empezaré con un cazador y un pescador», cuenta sobre alguna de sus últimas ideas, a la que añade, bajo una simpática regañina de su mujer, una más. «Quiero colocar un hombre haciendo sus necesidades en el campo, algo también muy típico y natural. Le colocará con una valla para que sea más discreto». 

Con todas ellas la intención de Florencio es crear una ruta que añada un atractivo turístico más a Belorado, y que pasaría por su otra huerta, donde ha hecho una memoria al cauce molinar recreando la maquinaria de un molino con piedras originales.

Además, Florencio también ha colocado bancos en algunos puntos para facilitar el descanso de los vecinos. Uno de ellos tiene nombre propio, el de Pocholo, lo instaló para que este señor pudiera sentarse; el otro tiene una sugerente invotación,'¿Y si nos besamos en este banco?', ha tallado en una piedra junto a él.

Nota:
 Florencio García Cigüenza 
debe de ser hermano de  
un maravillo maestro que ha hecho su vida por andalucía y que hemos referenciado en este blog en más de una ocasión por sus visitas a la Virgen de Ayago.








Isidro García Cigüenza:
 «Mi labor consiste en mover a maestros y profesores para que saquen a sus alumnos fuera de las aulas»









Fuente Gral. Diario de Burgos

domingo, 22 de marzo de 2026

Émile Guillaumin, el campesino que noveló el mundo rural, s. XIX. ¿Se puede ser agricultor y escritor?.

¿Se puede ser profeta en ámbitos rurales?

La vida cotidiana del campesinado francés en el siglo XIX
en la novela La Vie d’un simple
Ha sobrepasado las treinta reediciones desde la 1ª en 1904. 
Sin embargo, aún no está publicada en castellano.

Gonzalo Gómez Montoro, CTXT

<p>El novelista Émile Guillaumin. / <strong>Museo Émile Guillaumin</strong></p>
El novelista Émile Guillaumin. Museo Émile Guillaumin

Émile Guillaumin nació en 1873 en Ygrande (Francia), en el seno de una familia campesina. En 1881 empezó a asistir a clase en la escuela pública local y en 1886 acabó la Primaria con el mejor expediente del distrito. No obstante, para no sobrecargar la economía familiar ese año dejó los estudios y empezó a trabajar como labrador. 
Ese mismo año Guillaumin también se aficionó a la lectura con la novela de Pierre Loti Pescadores de Islandia (1886), y dos años después, con apenas quince, escribió sus primeros textos. Sin embargo, su libro inicial –una colección de escenas dialogadas titulada Dialogues Bourbonnais– no apareció publicado hasta 1899. Antes, entre 1894 y 1897, el joven autor hizo el servicio militar en el departamento del Cantal. Fue uno de los dos únicos periodos en que salió de Ygrande ("El Hombre de la tierra, el Hombre de las letras"); el otro fue cuando lo movilizaron por la Primera Guerra Mundial. 

Con un lenguaje directo y sencillo, Guillaumin mostraba la dominación económica, social y cultural que durante siglos habían sufrido los campesinos

En 1901 Guillaumin publicó su segundo libro, la colección de relatos Tableaux champêtres, que le valió una distinción de la Académie Française. Además, le sirvió de base para escribir su primera novela –y tercer libro–, La Vie d’un Simple (1904). El propósito de cada una de sus obras es bien distinto: en aquella, el autor recreó su realidad circundante en un modo costumbrista; en esta, noveló la vida del ficticio agricultor Étienne Bertin para rebatir la descripción negativa de los labradores en Los campesinos (1855) de Honoré de Balzac y en La tierra (1887) de Émile Zola, así como su presentación idealizada en El pantano del diablo (1846) de George Sand. 

La Vie d’un Simple fue finalista del premio Goncourt y alcanzó un gran éxito de inmediato: en solo un año se vendieron ciento cincuenta mil ejemplares, y la novela fue elogiada por Léon Blum, Octave Mirbeau y Valery Larbaud. Este éxito coincidió con la crisis agrícola iniciada en la década de 1890, así como con el declive de la aristocracia rural, dos fenómenos que requerían de una nueva representación del mundo rural, sin caricaturas, ni prejuicios. Con un lenguaje directo y sencillo, Guillaumin mostraba la dominación económica, social y cultural que durante siglos habían sufrido los campesinos. 

Con el dinero obtenido por las ventas de su novela, en 1905 Guillaumin compró tres hectáreas de cultivo. También se hizo construir en Ygrande su propia casa, actualmente convertida en un museo y por aquel entonces ya visitada por no pocos curiosos, algo incrédulos ante el hecho de que un autodidacta hubiera escrito un libro de tal calado (Agnès Roche señala que entre 1865 y 1905 solo el 6% de los escritores franceses tenían origen obrero, y el 1,5% campesino). 


El mismo año 1905 Guillaumin contrajo matrimonio con su vecina Marie Chalmin, con quien vivió durante el resto de su vida (con ella tuvo a sus dos hijos: Suzanne, nacida en 1909, y Jean, en 1922). Ese mismo año, sin dejar la agricultura –el autor nunca abandonó la profesión de labrador–, Guillaumin escribió y publicó su segunda novela, Près du sol, donde recrea la vida de los campesinos hasta en sus menores detalles. Esta nueva novela recibió críticas negativas y apenas tuvo repercusión. 

Algo similar sucedió con su tercera novela, Albert Manceau, adjudant (1906), basada en sus propias experiencias en el servicio militar. Aquí el autor abandona el contexto rural y afirma que los campesinos, pese a su dura vida, deben quedarse en el campo, porque en el ejército pierden sus virtudes, para sumirse en un declive intelectual, físico y moral. Según A. Hodée, para Guillaumin el oficio de las armas solo podía llevar a la pereza, el alcoholismo y la vanidad más estúpida.
En su cuarta novela, Rose et sa parisienne (1907), el autor retomó el asunto rural. Pese a la buena acogida crítica, Guillaumin casi tuvo que irse de Ygrande después de que sus vecinos se vieran retratados en los personajes de la obra (¿Ay! cómo somos los de los pueblos: no tenemos arreglo: simpre igual, deshaciendo/destruyendo al que hace, criticando en la plaza al que propone, sin interperlarse nunca  ¿por qué no lo hacen ellos?). Esta circunstancia lo sumió en una depresión y produjo un creciente desengaño sobre la capacidad de la literatura para mejorar la sociedad y “sacar a los campesinos de su apática inconsciencia”. 

Un mayor interés literario –pese a su fracaso comercial– que las tres obras anteriores revistenlas dos siguientes novelas del autor. En la primera, Baptiste et sa Femme (1911), Guillaumin trata el éxodo rural y aboga por la preservación de las raíces campesinas: el hacinamiento en la urbe es nefasto para el hombre, sobre todo para el labriego, que, como en el ejército, acaba perdiendo aquí sus virtudes, para hundirse en la podredumbre. 
En la segunda, Le Syndicat de Baugignoux (1912), Guillaumin logra su mejor novela tras La Vie d’un Simple. En ella recrea su agridulce experiencia como fundador y miembro activo de uno de los primeros sindicatos agrícolas de Francia, entre 1905 y 1911. (Algo parecido a los que paso en con el Sindicato de Redecilla del Camino que ahora recordamos el siglo de su disolución 1926) Además, durante esos años creó el boletín Travailleur Rural, donde se recogieron las primeras reivindicaciones de los labriegos frente a los terratenientes. De carácter eremítico y escéptico, el autor en adelante pensaría que la acción no conlleva un futuro mejor si esta no viene acompañada de una reforma moral.

En 1914 otra experiencia –la Primera Guerra Mundial– trastocó la trayectoria de Guillaumin. A su regreso del frente, donde permaneció durante cincuenta y dos meses, abandonó el género novelístico –sólo de forma póstuma se publicó en 1970 una novela más, Les Mailles du Réseau– para hacerse periodista y sociólogo rural, además de activista en favor del campesinado
Su objetivo era doble: por una parte, dar a conocer en la ciudad cómo era la vida de los campesinos; por otra, lograr que estos tomaran consciencia de su importancia en la sociedad
Para conseguir ambas cosas colaboró asiduamente en varios medios de comunicación y recopiló sus artículos en Notes paysannes et villageoises (1925) y À tous vents sur la glèbe (1931). Asimismo, en 1935 publicó Panorama de l’évolution paysanne, un ensayo sobre las transformaciones ocurridas en el campo francés entre 1875 y 1935.

En los años siguientes Guillaumin cultivó el género biográfico como otra forma de dignificar a las clases populares del mundo rural
En los años siguientes Guillaumin cultivó el género biográfico como otra forma de dignificar a las clases populares del mundo rural. Escribió sobre dos ciudadanos ilustres de su región: uno, el botánico, médico y explorador de los territorios australes François Peron, en François Peron, enfant du peuple (1937); el otro, el novelista Charles-Louis Philippe, en Charles-Louis Philippe, mon ami (1942). Aquí, describiendo a su amigo en comparación consigo mismo, el autor legó su mejor testimonio íntimo (Guillaumin siempre rehuyó el protagonismo, hasta el punto de rechazar al final de su vida una jugosa oferta para publicar sus memorias).
Lejos de perjudicarle, esta humildad acrecentó el prestigio de Guillaumin, entre cuyos admiradores ya figuraban los escritores Joseph Voisin, Henri Bachelin y Ernest Pérochon, ganador del premio Goncourt en 1920 con la novela de asunto rural Nêne. Asimismo, su dimisión como alcalde de Ygrande en 1941, para no verse obligado a colaborar con el régimen de Vichy, asentó su reputación de persona íntegra.

También consolidó su fama de hombre sabio –aún se le conoce por el sobrenombre de “El sabio de Ygrande”– la aparición en 1949 de
Sur l’appui du manche, donde Guillaumin recogió en forma de aforismos sus mejores reflexiones, maduradas durante cincuenta años. La obra proyecta su faceta de moralista por ser, según Antoine Decorps, “un repertorio de buenos consejos, una suerte de breviario laico, un código de honradez campesina”, además del último libro publicado en vida por el autor.

De hecho, el 27 de septiembre de 1951 Guillaumin murió en su casa, por un infarto. Tres días después, una muchedumbre formada por sus vecinos, así como por sus admiradores, acompañó su cadáver hasta el cementerio de Ygrande, donde fue enterrado en una tumba donada por el ayuntamiento.


Después de la muerte del autor –y pese a que La Vie d’un Simple fue reivindicada por intelectuales de la talla de Simone Weil, quien leía la novela a sus alumnos en sus clases de Filosofía para mostrar cómo habían vivido durante siglos los campesinos en Europa–, la lectura de sus libros quedó casi relegada al ámbito académico, así como a las personas interesadas en el mundo rural. De hecho, la mayoría de sus obras dejaron de reeditarse hace varias décadas, y hoy son inhallables o solo están disponibles en librerías de lance. 

No obstante, la obra literaria de Émile Guillaumin aún sigue revistiendo interés. Sobre todo por su primera novela, con la que, según Michel Augé-Larigé, nació el género de la “novela rústica”. Por su parte, Jean-Louis Curtis va más allá, afirmando que esta constituye “un monumento, una estela funeraria donde figuraría el epitafio del campesino desconocido, de un hombre cualquiera… Más que un documento social, La Vie d’un Simple es una saga de la condición humana”.

Gonzalo Gómez Montoro, CTXT

sábado, 20 de diciembre de 2025

En la cara sur de los de Montes de Ayago, la Iglesia visigótica de la Asunción, San Vicente del Valle.

En una localidad que comprende también a Espinosa del Monte y San Clemente del Valle*, situada en la parte alta del valle del río Tirón frente a la cara norte de la sierra de la Demanda y en la cara sur de los Montes de Ayago, a unos 50 kilómetros de la capital, Burgos, se encuentra la desconocida iglesia visigótica levantada sobre una villa romana que sorprende al mundo desde un pueblo de 20 habitantes
Este templo es uno de las más antiguos de España y cuenta con elementos poco habituales en la arquitectura visigoda
Iglesia de la Asunción de San Vicente del Valle (Burgos) Dip. Burgos. La razón

Ese pueblo es San Vicente del Valle con su iglesia de la Asunción. Un pueblo con una larga historia a sus espaldas gracias a su joya de la corona que ocupa esta información: la iglesia de origen visigodo del siglo VI dedicada a la Asunción, al sur de los Montes de Ayago
Un templo, poco conocido por el gran público, que se encuentra en un buen estado de conservación, gracias sobre todo a que en este tiempo ha sufrido varias modificaciones en época medieval y que hace 30 años fue restaurado en 1995 por la Junta de Castilla y León tras una investigación arqueológica. En estos trabajo se consolidó la iglesia al eliminarse las bóvedas de la nave y de la sacristía y restaurarse el grupo escultórico del Calvario, todo ello tardogótico. Dentro se expusieron una serie de restos aparecidos o retirados durante la última intervención: capiteles romanos y prerrománicos, estelas funerarias románicas, dos pies de altar altomedievales.

Su importancia radica, aparte de ser una de las iglesias más antiguas de España, en que reutiliza sillares de época romana. O lo que es lo mismo, se ha levantado a partir de una villa romana, pero también a la existencia de estelas funerarias romanas y medievales y los capiteles visigóticos expuestos en el interior.


*El Valle que transita el río Tión desde Fresneda hasta Villagalijo, y que tiene como límite norte a los Montes de Ayago, tiene una historia de considerable importancia, y que da cuenta, además de su antigüedad, de la unidad del mismo y sus poblamientos y por tanto, también, de su historia.
Conviene no olvidar, aunque muchos lo olviden, que los montes y los lugares apartados y separados de los llanos y campos abiertos son los depositarios de las más puras y ancestrales raices de sus habitantes y de los que desde llanos se refugiaban cuando venían los invasores migrantes, las potencias extranjeras.., que normalmente transitaban por esos, no por los montes, valles recógidos y sierras.

martes, 21 de octubre de 2025

Vadocondes, el órgano que da vida a un pueblo.

     Vadocondes es una pequeña localidad de la Ribera del Duero, en la provincia de Burgos, a apenas 10 kilómetros de Aranda. Un lugar desconocido para muchos que, sin embargo, está lleno de vida y, sobre todo, de actividad cultural.

Su censo no llega a los 400 habitantes, pero, sin ir más lejos, el próximo viernes, 17 de octubre, recibirán a 450 chavales procedentes de distintos puntos de la provincia. No vienen solos y llegan por un motivo muy concreto: poner el broche de oro a la actividad que durante todo el curso han estado realizando en sus respectivos centros educativos. Una acción que les ha permitido acercarse al proceso de creación, al sonido y funcionamiento de un órgano. Ojo, no hablamos de órganos vitales o sí. En realidad, nos referimos a un órgano histórico: El órgano de Vadocondes es del tipo íberico como el de Redecilla del Camino, aunque de más reciente construcción. Un instrumento musical, construido a finales del siglo XIX por el organero José Ruíz. Hoy, 200 años después, vuelve a sonar con fuerza y está revitalizando este pequeño rincón de la ribera burgalesa.

Órgano tipo ibérico de Vadocondes. José Ruiz, s.XIX

Para entender el porqué, hay que mencionar un nombre, Jean Pierre Galliard, un párroco de origen francés que supo sembrar en feligreses y vecinos una conciencia patrimonial, que ha seguido alimentándose hasta hoy. Convencido de que solo se valora aquello que se conoce, Galliard les enseñó a mirar con otros ojos su pueblo, a ver ermitas, retablos, casas blasonadas, rollos jurisdiccionales, a escuchar y entender su historia. Puso también la semilla para que se crease una junta parroquial que ha sabido mantener vivo su legado, aun viviendo a kilómetros de distancia.

Jean Pièrre nos enseñó a apreciar lo que tenemos y a mostrarlo. De ahí partió este camino de restauraciones, unido a una mayor afluencia de visitas, todo con el fin común de mejorar la vida en el pueblo”, explica Mariano Giménez, quién a sus 72 años, ejerce de sacristán en Vadocondes y aprendiz de organista. Algo que ha vivido muy de cerca. “Mi suegro”, cuenta como quien narra un cuento, “fue el último sacristán que tocó el órgano, tanto él, como su bisabuelo tocaban de oído e intentaron enseñar a mis hijos”. Tenían aptitudes, pero no vocación como él, así que, cuando fueron adultos dejaron aparcado el teclado. El órgano quedó así, silenciado, sin nadie capaz de hacerlo sonar, durante décadas, casi siete, incluso, llegó a reutilizarse como armario donde guardar y custodiar un conjunto de tallas de madera.

Las enseñanzas del párroco francés lograron aunar conciencias hasta implicar a todo el pueblo para sacar adelante varias campañas de micromecenazgo. La más reciente con Hispania Nostra. Gota a gota, paso a paso, han logrado restaurar cuatro retablos, 15 tallas, las pinturas murales del ábside de la iglesia y, cómo no, su órgano histórico. Emociona ver cómo los vecinos sienten que ese patrimonio es parte de su historia, de su raíz, de su esencia. Lo defienden, lo viven y lo muestran como propio, como algo vivo y valioso que deben cuidar para poder compartir.

Compartir, difundir

Y, vaya si lo están logrando. A las campañas de mecenazgo han sumado apoyos institucionales como el del Arzobispado de Burgos y la Junta de Castilla y León, con los que han lanzado “Ars Vadocondes”. Un ambicioso proyecto cultural que gira en torno a su patrimonio restaurado y pone el foco en su órgano. Cuentan para desarrollarlo con la experiencia del equipo de nuestra área de cultura, patrimonio y paisaje. De la unión de todas estas fuerzas ha surgido un programa educativo que ha llevado el órgano a los escolares de infantil y primaria de nueve centros de comarca. Otras 15 personas, entre ellas, el sacristán, Mariano, han aprendido a tocarlo durante el “Aula de Verano” y continúan su proceso de aprendizaje este invierno. Por si esto fuera poco, han programado un completo ciclo de conciertos que se prolongará hasta abril de 2026 y en el que están participando organistas de reconocido prestigio como Francis Chapelet, Jesús Gonzalo López o Ana Aguado.


La restauración del órgano es la prueba de que cuando un grupo de gente se une puede llegar a hacer lo que se proponga”, afirma Miguel Ríos, representante de Ars Vadocondes. Recuerda, además, que cada intervención de restauración sirve para poner en valor nuevas piezas. Es el caso de las tallas de madera que, durante años, descansaron en el corazón del órgano y que ahora pueden verse en el pequeño museo habilitado en la sacristía del templo.

El nuevo reto de los vecinos e instituciones es que el proyecto no termine cuando suene la última nota, sino que Ars Vadocondes se transforme en una Fundación, que siga luchando para llenar de vida un pueblo, a través de su patrimonio cultural.

martes, 7 de octubre de 2025

Órgano de Redecilla, que está construido en 1775, cumple 250 años: Buen motivo para proceder a su restauración.

Este año estamos celebrando el 250 aniversario de la finalización del órgano de Redecilla del Camino.
Un momento y motivo ideales para proceder a la rehabilitación o reconstrucción del mismo.

Tal como anunció el Ayuntamiento en el programa de Fiestas Gracias de este pasado agosto, esperamos volver a resucitar los últimos acordes de este estupendo órgano, que tuvieron lugar allá por finales de los años 40 del s. XX.

Y parece que lo vamos a lograr con ayuda de una subvención de la Junta de CyL, ya confirmada.
El Ayto. de Redecilla del Camino ya mandó hacer una valoración del mismo y tiene un presupuesto.

Que haya estado en silencio 90 años, y que podamos volver a oirlo y disfrutarlo, será sin duda una gran satisfacción; esperemos estar a su altura.


Unos detalles de la historia de este órgano, su estilo y procedencia artística.

En 1758 D. Andrés Bolide, que trabaja en las imágenes de Redecilla del  Camino de la Asunción, San Pedro, San Joaquín y San Juan, inicia la construcción del órgano
Pero pasan casi  20 años, y el órgano no está hecho.

Fue en 1775, cuando Simeón Colomo, maestro organero natural de Logroño,  retoma este órgano, lo construye en su mayor parte y lo concluye. Posteriormente es Pedro Solano  quien lo monta ese mismo año,  mientras éste que estaba haciendo, también para la iglesia de Redecilla del Camino,  las estatuas de San Antonio, el facistol, un confesonario  y el Ecce Homo. 

El órgano fue costeado por D. Tomás Rioja en el que invirtió 1000 ducados; Tomás Rioja es también redecillano, pero residente en Cádiz, como varias familias redecillanas de éxito en el comercio con las Indias, y a los que les debemos la mayoría de patrimonio redecillano desde el s.XVII.

O sea en 1775 el órgano de Redecilla del Camino ya pudo empezar a sonar, pero faltaba algún detalle: 
En 1778 se colocó la estatuilla del rey David que corona al órgano, y cuatro (?cinco?) angelotes en el órgano,  y se doró por el importe 1.000 reales.

El maestro organero Simeón Colomo trabajó en muchos de los órganos de  la zona, por ejemplo en 1771 repara los fuelles y algunos tubos roídos por las ratas del órgano de los Santos Servando y Germán de Arnedillo. Dos años después de hacer el de Redecilla ejecutó el órgano de Ribafrecha. En 1775 hace el órgano de la iglesia de Sta. Mª de Belorado de similares características que el de Redecilla del Camino. Y en  1782  reforma el órgano de Sta. Mª de Viana. No conocemos su fecha de nacimiento, pero a la fecha de trabajar en RdC debía ser joven porque tenemos noticias de que ejerció su oficio como mínimo hasta 1800.

Órgano de Redecilla del Camino (Burgos)
Parroquia de Nª Sª de la Calle

Autor: Simeón Colomo, 1775
Tipo de Caja: Neoclásica
Asentamiento: Tribuna propia, lado del Evangelio
Teclados: 1 teclado partido entre DO-DO#3 de 45 notas con Octava Corta 
y 8 pisas a teclado
Registros Mano Izquierda:
Trompeta Real
Bajoncillo
Chirimía
Compuestas de Lleno
Ventidosena
Decinovena
Quincena
Octava
Octava
Flautado.
Registros Mano Derecha:
Chirimía
Clarín de Campaña
Corneta
Trompeta Magna
Oboe
Compuestas de Lleno
Ventidosena
Quincena y Decinovena
Octava
Octava
Flautado
Transmisión: Mecánica
Tipo de Consola: De ventana
Integridad Sonora: Completo
Estado Actual: No Funciona

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El impulsor del órgano ibérico, un franciscano de Eibar

Órgano de la iglesia de Santa María de Tordesillas (1716). Del maestro Felipe Urarte.
Órgano de la iglesia de Santa María de Tordesillas (1716). Del maestro Felipe Urarte.

  • Se llamaba Fray José de Echevarría, era un genio de la tecnología musical y murió en Palencia "de muchos días y muy pesado"

Texto tomado de Isabel Urrutia del Correo Español 15 julio 2015

 Órgano ibérico. Tal cual. No tiene nada que ver con historias esotéricas. Se trata de un modelo del instrumento musical, revolucionario en el siglo XVII y fruto de la inventiva de un franciscano nacido en Eibar. Esta maravilla tecnológica (muy popular en España, Portugal, América y Filipinas) nació de manos de Fray José de Echevarría

¿Qué le caracteriza? Buena pregunta. Lo más visible son los 'tubos en artillería', ya saben, la trompetería horizontal que asoma en la fachada del instrumento. También se dice que surgen 'en forma de tiros'.

Allí donde vean esa singularidad, no dejen de pensar en el religioso eibarrés, que murió en 1691 ultimando el órgano de la catedral de Palencia. Hasta el último momento se mantuvo al pie del cañón. Un fuera de serie. Normal que dejara su impronta en instrumentos de Eibar, Alcalá de Henares, Zenarruza, Lekeitio, Palencia, Santo Domingo de la Calzada, Vitoria, Otxandio, Tolosa... Menudo carrerón. Lástima que la inmensa mayoría de sus creaciones -todas ellas del siglo XVII- no se conserven tal y como salieron de sus manos. Muchos de ellos se cambiaban alegremente por otros más modernos (y no siempre mejores).

No obstante, insisto, Fray José de Echevarría sentó las bases del órgano ibérico/castellano, un modelo que disfrutó de su apogeo en tiempos del barroco. "Es un instrumento con sonoridades muy ricas y potentes", en palabras del especialista parisino Francis Chapelet, que sabe mucho sobre el tema. Hijo de pintor, organista y aventurero, defiende a capa y espada las virtudes de la trompetería horizontal. Si nuestro franciscano de Eibar fuera italiano, francés o alemán ya tendría como mínimo una estatua en la plaza de su pueblo. A ver si las autoridades toman nota.

El religioso guipuzcoano forma parte de una dinastía de organeros (así se llaman estos artesanos) que hicieron época. Muchos de sus miembros José, Domingo, Ventura, Antonio, Pedro dejaron su firma en templos de Toledo, Salamanca, El Burgo de Osma, Oviedo, Ciudad-Rodrigo y un sinfín más. Y no se crean que hablamos de antiguallas que ya no inspiran a nadie. Incluso en la década de los 70 del pasado siglo, entre 1977 y 1978, la casa italiana Mascioni no dudó en incluir una trompetería 'en forma de tiros' para el nuevo órgano de la catedral de Santiago de Compostela. El efecto visual es imponente. No hay nada como echar mano de la consigna del maestro Verdi: "Seamos modernos, vayamos al pasado".

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Órgano de Ciudad Rodrigo.

 


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Órgano Monasterio de São João de Tarouca, Portugal

 Cuchipanda histórica

¿Dónde están los restos del franciscano de Eibar? 

Vayamos por partes. En principio, fue enterrado en la capilla mayor del convento de San Francisco, en Palencia. Ahora bien, en la actualidad seguro que se encuentra en el cementerio de la ciudad "porque en 1923, estando ya los jesuitas, se levantó el piso y todos los huesos de los enterramientos se reunieron y llevaron al camposanto", explica Eusebio Gil, superior del convento de San Francisco y hombre infatigable que, a sus 81 años, conserva una inteligencia y perspicacia dignas de Guillermo de Baskerville, el protagonista de 'El nombre de la rosa'. Tras un par de días de investigación, nos ha podido confirmar que en Palencia no hay placa ni recordatorio visible alguno que rindan homenaje al religioso de Eibar.

Se desconoce la edad que tenía Fray José al fallecer pero, según las crónicas, era "de muchos días y muy pesado". No es broma. Sabemos que el propio cabildo de la catedral de la localidad castellana ordenó que lo trasladaran de un lado para otro en litera y, todavía más, el 19 de marzo de 1690 marcó un hito en la historia de la cuchipanda en Palencia. Aquel día se agasajó al franciscano porque festejaba su santo; de hecho, no faltaron "pavos, capones, lechazos, cabritos, perdices, conejos, pichones, salmón, truchas, congrio, barbos, besugos, vino tinto y clarete, dulces, turrón...". Muy probablemente el banquete no beneficiara en nada a la salud (y volumen) de Fray José.

Por lo demás, a pesar del renombre y prestigio que gozó en su día, su nombre hoy por hoy no le suena a nadie, a excepción de los músicos del gremio y algún ratón de biblioteca. En nuestro caso, lo hemos descubierto porque Benantzi Bilbao, un portento de Mundaka no del surf, sino del órgano y el clavicémbalo es un pozo de sabiduría que nos ha puesto sobre la pista.

Buceando y buceando a la caza de más información, hemos descubierto un puñado de datos interesantes. Y alguno que hierve la sangre, como que un fabricante inglés de órganos llamado Abraham Jordan le comió la tostada. En la enciclopedia de los ilustrados franceses la de Diderot y D'Alembert se atribuye a Mr. Jordan la invención del 'arca de ecos'. Una falacia en toda regla. Esa novedad también salió de manos del franciscano de Eibar.

Hombre pragmático y resolutivo, Fray José tenía el don de la oportunidad: el 'arca de ecos' no es más que un cajón donde meter un puñado de tubos del órgano. Así se ahorra espacio y, de paso, se consiguen algunos efectos sonoros de cercanía y/o lejanía muy interesantes. Dicho todo esto, ¿a santo de qué arrambla Abraham Jordan con todos los méritos? Ay, su condición de importador de vinos de Jerez lo explica todo. No solo aprovechaba sus estancias en España para catar los mejores caldos, sino también para conocer y sobre todo apropiarse de las mejoras técnicas incorporadas a los órganos hispanos. Un vivo de cuidado.

Aniversario en Busturia

Abraham Jordan pagaba por los tintos y claretes pero lo relacionado con la tecnología musical ya era otro cantar. El respeto a la creación ajena (la bendita propiedad intelectual) no le entra a todo el mundo en la sesera. Ni siquiera ahora. Y por cierto, no solo Mr. Jordan le hizo una jugarreta a Fray José, también en las tierras vascas se permitió entre finales del siglo XIX y principios del XX que el patrimonio organístico del franciscano se fuera al garete.

¿Cómo pudo ser? Muy sencillo. En aquellos tiempos la cornisa cantábrica gozaba de mucho predicamento entre la Familia Real, así que las autoridades se desvivían por estar a la vanguardia. Se impuso la estética formal y sonora de Francia y Alemania. Conclusión: un gran número de órganos ibéricos desapareció de las iglesias vascas para dar paso al modelo romántico. Otro agravio para la memoria del religioso eibarrés.

Pero también hay buenas noticias: en la localidad de Ziortza-Bolibar se conserva un instrumento casi intacto de la época de Fray José. ¡Albricias! El franciscano lo construyó en 1686 y consta de 667 tubos. Según los expertos, se trata del más antiguo del País Vasco. Uno de tantos tesoros que atesora el monasterio de Santa María de Zenarruza. Ya puestos a reivindicar el patrimonio, tampoco olvidemos el órgano de la iglesia de Santa María de Axpe-Busturia, que celebra este verano nada menos que su 250 aniversario. Allá por 1765, lo concibió otro afamado organero, Lorenzo de Arrazola, sin perder de vista las novedades que había introducido el franciscano de Eibar.

Todo esto y mucho más lo podrán apreciar, con todo lujo de detalles, en la exposición fotográfica que se organizará en Busturia a partir del 24 de julio. Habrá asimismo dos conciertos el 24 de julio y el 21 de agosto que se ofrecerán con motivo de la efeméride. "La trompetería horizontal es una maravilla. Nada que ver con los instrumentos que hay en Alemania o Italia. Allí la trompetería es una birria, por eso cuando vienen los colegas de Europa a veces se asustan. ¡Les da miedo el sonido!", confiesa entre risas el organista Benantzi Bilbao, director artístico del festival Urdaibaiko-Organoak que organiza los conciertos que acabo de citarles. El propio Benantzi protagonizará la velada del 21 de agosto en Busturia. Y para terminar les diré que nunca es tarde para aprender a tocar el órgano.

Sé de buena tinta que hay prejubilados que empiezan a recibir clases con más de 70 años. ¿Por qué no? Es un instrumento misterioso, que puede sonar como un violín, una trompeta, una flauta y... tiene sonidos inaudibles para el oído humano. Algo que sabía muy bien el capitán Nemo de '20.000 leguas de viaje submarino'. Pero eso ya es otra historia. Hasta la próxima.

 

Órgano de Redecilla del Camino, autores Andrés Bolide y Simeón Colomo.

 Uno de los órganos de Fray José de Echevarría.


Órgano del monasterio de Santa María de Zenarruza (1686). De Fray José de Echevarría.
Órgano del monasterio de Santa María de Zenarruza (1686). De 


 

 


Edén en Redecilla del Camino

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