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lunes, 20 de julio de 2026

El mejor aliado del fuego es el abandono del mundo rural: El polvorín despoblado: ese es el nuevo fuego:

“Los pueblos siempre fueron los mejores cortafuegos, 
pero sus montes se han convertido en justo lo contrario, en un auténtico polvorín”.
"Los pueblos se han quedado vacíos y los bosques se han llenado de combustible. 
Solo la suerte impide que no suframos grandes incendios”.

Da igual que cada vez se dediquen más recursos 
si la verdadera causa, 
el abandono del territorio, no para de agravarse”
La solución: 
que los pueblos vuelvan a estar vivos, que se recuperen los cultivos abandonados y que regrese la ganadería en extensivo, con pastores y animales capaces de mantener a raya el crecimiento desordenado de zarzales y arbustos. 

Fotografía, Pedro Armestre.


Desde Australia a la Amazonia, pasando por California o Portugal, el cambio climático alimenta un nuevo tipo de incendios de una intensidad y agresividad nunca vistas. En nuestro país las llamas han encontrado en la despoblación y el abandono de los montes a su mejor aliado. España se sienta sobre un polvorín.

Algunos montes son ahora mismo dinamita. Los pueblos se han quedado vacíos y los bosques se han llenado de combustible. Solo la suerte impide que no suframos grandes incendios”. Sentada en una pradera del Páramo de Masa, una región fría y deshabitada a más de 1.000 metros de altitud entre Burgos y Cantabria, Raquel Serna, jefa de los agentes de Medio Ambiente en la comarca de Sedano, ve con pesimismo el futuro de la zona. A su lado Marino Saiz, guarda mayor y coordinador de más de un centenar de agentes medioambientales burgaleses, asiente preocupado: “Los pueblos siempre fueron los mejores cortafuegos, pero se han convertido en justo lo contrario, en un auténtico polvorín”.

Alguien que para su desgracia conoce muy bien los infiernos del fuego es Ángel Fernández, director desde 1987 del Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera. Cuando en 2012 un gigantesco incendio forestal afectó al 11% de la superficie de la isla todo su mundo se le vino abajo. Acabó en el hospital con un riñón paralizado por culpa de la “enorme tristeza y estrés brutal” que le supuso “verlo todo convertido en cenizas”. 

A pesar de los miles de kilómetros que les separan, el director canario y los guardas burgaleses coinciden en el diagnóstico: el mejor aliado del fuego es el abandono del mundo rural. En pocas décadas hemos pasado de tener un territorio totalmente sobreexplotado donde no había prácticamente nada que pudiera arder a justo lo contrario. Los de ahora son incendios de comportamiento devorador, como un Polifemo hambriento, auténticos tsunamis de fuego”, dice Fernández.

Los nuevos fuegos
De primeras, a los profanos en la materia podría parecernos que, si la despoblación ha provocado que ahora haya arbustos donde antes había pastos, se podría dejar a la naturaleza seguir su curso y que recupere lo que era suyo. Error. Según el informe Proteger el medio rural es protegernos del fuego publicado por Greenpeace en julio de este año, desde 1962 hasta 2019 se han abandonado en España cuatro millones de hectáreas de tierras de cultivo. Estos terrenos han sido colonizados desordenadamente por masas forestales pobres y abandonadas, con escasa diversidad de especies y gran carga acumulada de combustible vegetal. 

En el momento en que las personas abandonamos el medio rural, desaparecen los campos agrícolas y los aprovechamientos forestales, y los terrenos donde había cultivos son colonizados por árboles. Esto crea una paisaje casi continuo, y cuando hay un incendio, el fuego ya no encuentra ninguno de los impedimentos que antes impedían que se hiciera fuerte”, explica Oriol Vilalta, director general de la Fundación Pau Costa, dedicada al estudio en prevención de incendios forestales.

España es, tras Suecia, el segundo país con más superficie forestal de la Unión Europea, pero el primero en cuanto a abandono y falta de gestión. El 81,52% de la superficie forestal no tiene un instrumento de ordenación, lo que la hace tan inútil económicamente como vulnerable al fuego. Estos nuevos montes más inflamables, junto a entornos rurales abandonados y cada vez más afectados por la crisis climática, son el caldo de cultivo perfecto para los incendios de alta intensidad, esos “tsunamis de fuego” que mencionaba Ángel Fernández.

1ª generación de grandes fuegos.- Los primeros grandes incendios aparecen en nuestro país en los años 50, cuando el abandono rural dibuja un paisaje continuo por primera vez en décadas.  Es lo que se conoce como primera generación de incendios, que se atacan con los primeros retenes y cortafuegos. 
2ª .- Según continúa la despoblación y el imparable proceso de acumulación de combustible, en los años 70 y 80 aparece la segunda generación, con incendios continuos e intensos, combatidos con una mayor profesionalización y especialización. 
3ª.- En los 90 aparecen los grandes incendios con ambiente de fuego, focos secundarios masivos y velocidades extremas de los fuegos convectivos: es la tercera generación. 
4ª.- La aparición de incendios con interfase, que se acercan a los pueblos y empiezan a matar, marca la cuarta generación; 
5ª.- y la simultaneidad de grandes incendios rápidos y violentos define la quinta, que cerraba la serie hasta la aparición en años recientes de una nueva clase nunca vista. 

¿¿¿6ª.- generación de incendios???
“Después de los incendios ocurridos en Chile y Portugal en 2017 cambia el paradigma. La sexta generación trae incendios rápidos, intensos y continuos que afectan a gran cantidad de viviendas, polígonos industriales, al sistema de extinción… Son incendios muy escasos, y es muy difícil que se den, pero cuando se producen dominan la situación atmosférica de su entorno. Se convierten en tempestades de fuego, generan procesos que no puedes predecir con la meteorología, la topografía o el combustible, los tres factores básicos de un incendio forestal”, explica Marc Castellnou, máximo responsable del Grupo de Apoyo de Actuaciones Forestales (GRAF), uno de los cuerpos de bomberos de la Generalitat de Catalunya. 

La aparición de estos grandes incendios se rige por la “regla del 30”: una temperatura ambiente igual o superior a los 30 grados, rachas de viento superiores a los 30 kilómetros por hora y una humedad relativa del aire inferior al 30%. El resultado es un cóctel meteorológico terrorífico cada vez más frecuente, responsable de incendios tan pavorosos como el de Valleseco en Gran Canaria el verano pasado. Una tormenta de fuego excepcionalmente veloz y agresiva obligó a evacuar a más de 10.000 personas y destruyó cerca de 10.000 hectáreas, el 6,5% de la superficie de la isla. Muchos lo consideran el primer incendio forestal español de sexta generación. Federico Grillo, jefe de Emergencias del Cabildo de Gran Canaria, explica que “el siniestro creó sus propias condiciones meteorológicas, que a su vez generaron la formación de pirocúmulos o nubes de fuego”. El cielo en llamas. 

De mal en peor
Esta nueva generación es la responsable de desastres como los ocurridos en 2017 en Pedrógão Grande (Portugal, 66 muertos) o en 2018 en Mati (Grecia, 102 muertos). En 2020, ha pulverizado las peores estadísticas de la Costa Oeste estadounidense: han ardido 810.000 hectáreas de bosques. Pero esta cifra palidece frente a las dimensiones titánicas de los fuegos australianos: entre 2019 y 2020 ardieron 12 millones de hectáreas, una superficie igual a la de Extremadura y Castilla y León juntas. En la tropical Amazonia brasileña, pulmón del planeta, las llamas devoraron en agosto del año pasado 2,5 millones de hectáreas con fuegos que han continuado en 2020. Y hasta en el Círculo Polar Ártico en el este de Rusia, cada vez más cálido, ardieron 3,3 millones de hectáreas en 2019 según Greenpeace.

En el contexto de la crisis climática, estos fuegos cada vez más gigantescos, rápidos e incontrolables han venido para quedarse. “Una población forestal que no puede aguantar el ritmo del cambio climático, estresada y empobrecida, ofrece muchas más facilidades para que se produzcan incendios”, dice Marc Castellnou. En la actualidad, el 75% de la Península Ibérica se califica como territorio extremadamente seco. Un arbolado seco y debilitado por la subida de temperaturas y el aumento de olas de calor se convierte en yesca inflamable. 
Es el círculo infernal del fuego: los incendios agravan el cambio climático, 
y el cambio climático intensifica los incendios.

Y por mucho que los recursos materiales y humanos dedicados a la extinción no hayan parado de aumentar, “prevenir y apagar estos incendios no es un tema de recursos”, explica Castellnou. “Da igual que cada vez se dediquen más recursos, si la verdadera causa, el abandono del territorio, no para de agravarse. Un análisis compartido casi unánimemente por alcaldes, guardas forestales, bomberos y las principales ONG ecologistas. 

El polvorín despoblado
En Burgos, los agentes medioambientales Raquel Serna y Marino Díaz, 26  y 31 años de experiencia respectivamente, reflexionan sobre cómo evitar que el fuego convierta en cenizas su mundo. Coinciden en la misma solución: que los pueblos vuelvan a estar vivos, que se recuperen los cultivos abandonados y que regrese la ganadería en extensivo, con pastores y animales capaces de mantener a raya el crecimiento desordenado de zarzales y arbustos. Pero también opinan que es imposible que eso ocurra. Raquel lleva 20 años viendo desaparecer decenas de rebaños y cómo los hijos de los últimos pastores se marchan a la ciudad para no volver. “La población está muy envejecida, la mayoría tiene más de 80 años”, explica entristecida. “No hay recambio”. 

Lo puede confirmar Juan Carlos Oca, capataz de una cuadrilla de 10 trabajadores forestales. “Es muy complicado encontrar gente dispuesta a trabajar en el monte”, se lamenta mientras su equipo realiza podas de altura para prevenir incendios en un pinar de Quintalamoma, un pueblo de Burgos de apenas 30 habitantes. “Es un trabajo muy duro, de jornadas agotadoras, sin horarios y que apenas dura tres meses. Los jóvenes, si lo pueden evitar, lo evitan. Así que no encuentras a nadie en la zona. Al final tienes que buscarlos en Burgos capital, gente nueva nada especializada que se van en cuanto encuentran otra cosa”. 

Los que Juan Carlos tiene ahora podando pinos por encargo de la Administración regional son jóvenes, todos hombres. Trabajan en silencio, manejando con pericia unas largas pértigas en cuyo extremo han fijado pequeñas sierras semicirculares de afilados dientes. Rama a rama, van despejando los troncos para favorecer el crecimiento en altura de los árboles y evitar que un posible fuego se contagie a las copas. El suyo es un trabajo de Sísifo, duro e inacabable, 10 personas podando ramas en un mar de pinos. Una gota de cuidados en un mar de olvidos.

José Ángel Arranz, director general de Patrimonio Natural y Política Forestal de Castilla y León, ve el abandono de huertas y fincas como uno de los principales problemas. “El peligro ahora no es solo que se nos quemen los bosques, sino que ardan los pueblos”, confiesa preocupado. Una opción para evitarlo pasaría por recuperar esas tierras desatendidas, pero en muchas ocasiones ya nadie sabe quiénes son los propietarios. “Para muchos, con que les limpiasen la finca sería suficiente”.

Marc Castellnou, el responsable del GRAF, hace hincapié en la necesidad de cambiar de modelo económico para reducir nuestra vulnerabilidad ante los incendios. “La solución no está en implantar un nuevo sistema de extinción o en que un político suba o baje unos impuestos. Es un tema de no basar nuestra sociedad en el consumo de producto barato venido de lejos y entender que nuestra manera de vivir y consumir define la seguridad del paisaje donde vivimos”.

El futuro (económico) está en el bosque
Es el nuevo mantra: el fomento de la bioeconomía forestal, la economía basada en los recursos que nos proporcionan los bosques. Así lo cree Ascensión Castro, jefa de Sección de Prevención de la Xunta de Galicia. “La bioeconomía contribuye a frenar el abandono del monte, lo que previene los incendios forestales. Y en caso de producirse, un terreno forestal bien gestionado y rentable social, económica y ambientalmente es más resiliente frente al fuego

Más allá de la producción de leña, pasta de papel o corcho, los bosques son fundamentales generadores de aire y agua limpia, de tierras fértiles, de biodiversidad, de ocio, de salud, y ayudan a luchar contra el cambio climático al comportarse como sumideros de carbono. Pero para que su gestión económica sea compatible con su función ecológica hay que cortar árboles desde parámetros sostenibles y obtener el reconocimiento de los consumidores para que esas compras aumenten su valor. 

“Estamos empezando a certificar esos servicios ecosistémicos para que la sociedad reconozca su importancia”, dice Silvia Martínez, directora técnica de FSC España, la ONG que garantiza la sostenibilidad de los productos de origen forestal. Algunas grandes empresas ya han mostrado su interés en pagar por esos servicios de los que nos beneficiamos todos. Y gracias a esas nuevas inversiones, la amenaza del fuego es más improbable. 
En los pueblos donde se recibe dinero por el monte no hay incendios, eso está claro”, explica Adolfo Blanco, ingeniero forestal cuya empresa Biesca Agroforestal está promoviendo en Asturias las primeras certificaciones FSC de servicios del ecosistema.

 Esperanza... (?)
Aparentemente, Europa camina en esa dirección. La Agenda 2030, el New Green Deal y las estrategias de economía circular consideran clave este sector olvidado para dar respuesta a los nuevos desafíos del siglo. La economista Carmen Avilés, profesora de organización de empresas en la facultad de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid, defiende que la bioeconomía forestal facilitaría esa ansiada vuelta al campo de la gente joven. “Para dar solución a las necesidades en las urbes debemos mirar con otros ojos al mundo rural”. Pero para que se produzca este cambio de paradigma el sector forestal está obligado a innovar. “Talento hay mucho, pero son necesarias unas condiciones de partida que aún no se dan”.



Todas esas políticas y medidas se resumen en una frase de Raquel Serna, la agente burgalesa: “Habría que invertir más en el cuidado del monte”, dice sin demasiada convicción mientras con su dedo dibuja un amplio arco que abarca miles de hectáreas de bosques y cultivos. “Todo eso ardió en 2003”. 

lunes, 1 de junio de 2026

España emerge como uno de los grandes objetivos para los mercados que se lanzan a comprar tierra ante un mundo en caos.

 
Campo de trigo en la provincia de Segovia. ÁLVARO MINGUITO

    Vicente Nieves  / Álvaro Moreno


Los mercados se lanzan a comprar tierra ante un mundo en caos y España emerge como uno de los grandes objetivos                      
  • La tierra es un activo tangible y escaso que protege de la inflación
  • En España vive un boom en el país con una inversión de 1.200 millones y un crecimiento del 50%
  • Ofrece rentabilidad de entre el 7% y el 14%

El caos, la incertidumbre y la guerra pueden cambiarlo todo en un momento y convertir las inversiones que parecían seguras en ruina o devastar los ahorros de millones de personas. Esta es la lección que aprendió Zain, un viejo ingeniero sirio que hoy vive en una pequeña aldea perdida entre montañas, robles y prados de la Sierra Norte de Madrid. Este ingeniero, ya jubilado, lleva décadas residiendo en Madrid, un tiempo que ha aprovechado para ir adquiriendo pequeñas parcelas, prados y tierras de pastoreo. Sentado en una silla de plástico en su huerto, Zain explicó cual ha sido la tesis que le llevó a construir su estrategia basada en años de experiencia: "Con el tiempo he visto cómo el dinero, al igual que otros activos financieros, puede multiplicarse y perder su valor en todos los sitios, pero la tierra no, siempre está ahí". En resumen, los billetes, las divisas e incluso las grandes fortunas podían evaporarse con la inflación, las guerras, las crisis o las decisiones de un banco central, pero la tierra cultivable seguía siendo un activo irreproducible, tangible y eternamente útil. Mientras existan seres humanos siempre habrá necesidad de alimento, siendo, además, la alimentación uno de los sectores con la demanda más inelástica. Esta es una lección que han aprendido en los últimos años los fondos (también grandes fortunas individuales) de todo el mundo, que se han lanzado con voracidad a comprar hectáreas y hectáreas ante un mundo cada vez más caótico, especialmente en España.

Comprar tierra, invertir en activos tangibles (oro, plata, vivienda…) está de moda y tiene cierta lógica. Aunque este artículo está centrado en la tierra y la agricultura, este argumento se puede entender de forma más sencilla con el ejemplo de la vivienda. La utilidad de la vivienda (vivir en ella) sigue presente tras una crisis, en medio de un apagón, en un caída del sistema financiero o en una guerra (siempre que no la destruyan). Buena parte de los activos tangibles tienen una utilidad de la que los digitales carecen. Esta es una de sus grandes ventajas.

Por otro lado, la inversión en tierra posee una lógica financiera muy antigua y es la preferencia por poseer algo que no se pueda imprimir y reproducir de forma infinita sin esfuerzo. Por ello, también tienen parte de sus inversiones en obras de arte, por ejemplo. En un mundo en el que los bancos centrales pueden expandir la cantidad de dinero con un clic, como hicieron durante la pandemia del covid, la tierra fértil conserva una cualidad que el dinero fiat ha perdido: escasez física. Hay más dólares, euros o yenes cada década, pero no hay más hectáreas productivas en las mejores zonas agrícolas. Por eso, la tierra funciona como una especie de refugio silencioso frente a la depreciación monetaria.

El fenómeno no es anecdótico. Por ejemplo, Bill Gates figura entre los mayores propietarios privados de tierras agrícolas de EEUU, con unas 98.000 hectáreas de tierra y granjas, según The Land Report, y otras estimaciones elevan sus propiedades totales a unas 110.000 hectáreas. Gates ha defendido que no hay "ningún gran plan" detrás, sino inversiones profesionales para hacer las granjas más productivas y crear empleo en su país, pero lo cierto es que estás inversiones han ayudado a incrementar su riqueza, con una rentabilidad notable.

No es el único. También se cita con frecuencia a Jeff Bezos, Rupert Murdoch o incluso a Warren Buffett como ejemplos de grandes patrimonios vinculados a la tierra. Buffett explicó en su carta anual de 2014 que en 1986 compró una granja de 162 hectáreas cerca de Omaha por 280.000 dólares y que, sin saber apenas de agricultura, le bastó con calcular lo que podía producir y sus costes para ver que era una inversión con "poco riesgo" y mucho potencial de subida. Existen varias razones económicas y financieras que llevan a los grandes patrimonios a invertir en este activo tangible y que presenta una utilidad intrínseca que otros activos no tienen.

La fiebre 'agrícola' en España

La fiebre por la tierra también ha contagiado a España. Este concepto de invertir en la tierra ha llegado a los fondos e inversores como lo que se conoce como agribusiness. Es una tendencia a nivel mundial con un importante auge pues, según datos de Valoral Advisor en cuestión de una década ha pasado de haber solo 41 fondos especializados en este ámbito a escalar hasta los 1.000, gestionando un capital de 150.000 millones de euros. En España es un negocio en pleno crecimiento y, según datos de CBRE estamos hablando de que en 2025 el sector alcanzó los 1.200 millones de euros, un crecimiento del 50%. Estas cifras para la consultora suponen una "estabilización respecto a las cifras registradas en 2022 y una vuelta al crecimiento tras el excepcional 2023 (con unos 2.200 millones de euros)".

Manuel Albuquerque, líder de Agribusiness para el sur de Europa (España, Portugal e Italia) en CBRE, comenta en declaraciones a elEconomista.es que al margen de las cifras actuales sus sondeos respecto al futuro parecen prometedores y de hecho, "el 57% de los inversores prevé un aumento de la actividad y un 29% una estabilización".

El experto de CBRE explica que frente a una inflación en aumento "el Agribusiness se ha definido con un activo defensivo, que tiene correlación positiva con el IPC y una menor vinculación con los mercados financieros". Todos estos factores convierten esta fórmula de inversión en "una herramienta eficaz en un entorno de elevada volatilidad". En este contexto, las características únicas de la Península Ibérica "la convierten en uno de los destinos prioritarios para canalizar el capital de todo Europa con una base estructural que apunta a un crecimiento sostenido los próximos años".

Respecto a las ventajas de la Península Ibérica, Albuquerque comente que se trata de "una región con gran estabilidad productiva, nivel técnico, cadena de valor integrada y con operadores sólidos que facilitan la entrada de capital". Además, "tanto España como Portugal no dependen tanto de insumos críticos de regiones en guerra como fertilizantes oenergía, reforzando su posicionamiento". Además, explican que los cultivos ibéricos están teniendo un auge en mercados clave. "Tienen un posicionamiento nacional hacia Europa, que es un mercado deficitario en productos clave (que produce España) como la almendra, el aguacate o los frutos rojos".

Según los últimos datos de Cocampo, relativos a 2025, la compraventa de fincas rústicas cerró 2025 en máximos históricos con un 7,1% más, llegando a las 167.453 operaciones. En resumen, las operaciones el año pasado tocaron máximos históricos. CBRE comenta que las operaciones compraventa de tierra ascendieron a 600 millones de euros.

La primera razón que lleva a muchos inversores a comprar tierras de cultivo es la escasez relativa. La tierra productiva no solo es limitada: en muchos casos se reduce por urbanización, degradación del suelo, cambio climático o reconversión hacia usos más rentables. A diferencia de una empresa, que puede emitir acciones, o de un Estado, que puede emitir deuda, una finca agrícola de alta calidad no se replica. Las mejores regiones productivas rara vez salen al mercado y, cuando lo hacen, suelen atraer a compradores con horizonte de décadas.

La escasez relativa de la tierra muchas veces también se puede detectar en ciertos cultivos, que a la postre son los más rentables. Un buen ejemplo son las almendras o el aceite de oliva, cuya demanda creciente ha convertido a estos dos cultivos en las 'estrellas' en España, donde el clima es casi perfecto para dichos árboles y sus frutos. España es el segundo mayor productor de almendras del planeta y el primero de aceituna.

El campo también ha crecido en otros negocios muy prometedores como los aguacates. Cabe destacar que tanto almendras como aguacates tienen un mayor riesgo operativo que los olivos pero también mayores retornos. Estos dos últimos tendrían un rendimiento del 12% para los fondos, según datos de Savilis. Más allá de estos cultivos, desde CBRE señalan el aguacate y el pistacho como los de mayor crecimiento. Respecto a los menos atractivos defienden que son el viñedo y el nogal.

"España cuenta con uno de los sectores agrícolas más grandes y, posiblemente, más avanzados de Europa. Es un importante productor y exportador de cultivos de alto valor, como hortalizas, frutas y frutos secos, y también es el centro de producción de productos frescos fuera de temporada para los inviernos del norte de Europa", comenta Savilis. Además señala que los numerosos microclimas diferentes que conviven en España son un factor de protección decisivo ante el cambio climático.

¿Qué suele haber detrás de la escasez relativa? Un activo perfecto para protegerse de la inflación y mucho más. Al igual que una vivienda, la tierra obtiene un rendimiento doble, por un lado su propia revalorización y, por otro, lo que se extrae de ella a través de su utilidad intrínseca. Esta es otra razón que alimenta el boom de la inversión en tierra. Savilis explica que España tiene un gran beneficio y un contra importante. El dinero invertido en tierras viene de dos fuentes fundamentales, la revalorización de la tierra y los ingresos regulares (por alquiler o incluso explotación directa). Según la firma la parte mala es que "la apreciación de la tierra es mucho menos significativa que en otras regiones dado que muchos activos como árboles, sistema de riego o invernaderos se deprecian y compensa la apreciación del terreno".

Sin embargo, las rentabilidad anuales son muy interesantes. Según los cálculos de la consultora los olivadores arrendados (y otros productos hortícolas protegidos) ofrecen un rendimiento del 7%. Sin embargo tal y como ya se ha mencionado otros productos de mayor riesgo como son el aguacate y la almendra, tienen un retorno del 12%.

A pesar de que Savilis cree que la revalorización de la tierra es menos interesante que los ingresos por arrendarla, desde CBRE dicen que hay que matizar esto. "Si bien los precios de la tierra agrícola muestras una tendencia global a la estabilización, determinadas regiones si ven crecimiento". La firma defiende que "en el norte de Cáceres, Aragón o en los secanos de Cádiz, la plantación del olivar en seto continúa registrando subidas superiores al 10% y siendo competitiva (la revalorización del suelo) a nivel mundial".

Un ejemplo concreto es Nuuven, unos de los actores institucionales más potentes, de hecho, tiene un fondo con Bankinter Investment llamado Landa Fund, que actúa como una cartera diversificada de terreno. PSP Investment, el fondo soberano canadiense, que es muy activo comprando terrenos a nivel mundial también se ha expandido los últimos años.

Otros actores como Atitlán han levantado plataformas con gigantes como Santander para las inversiones agrícolas. No son los únicos, Miura Partners es un actor en este auge y también Generandi o Beka Finance. De hecho, España está llamando tanto la atención que incluso ha habido operaciones el año pasado del Fondo Agrícola de los mormones (Farmland Reserve) que, en plena escalada arancelaria, realizaron operaciones en el país ibérico en 2025 en plena escalada arancelaria.

El refugio inamovible

Otro atractivo clave es que la tierra genera ingresos relativamente descorrelacionados de los mercados financieros. La demanda de comida no depende del Ibex 35, del Nasdaq ni del S&P 500. Puede haber años malos por clima, costes o precios agrícolas, pero la necesidad básica sigue ahí. Por eso algunos inversores describen la tierra agrícola como "oro con dividendos", puesto que comparte con el oro la escasez y la defensa frente a la inflación, pero además puede producir rentas.

Otra razón que convierte a la tierra en un activo interesante es la permanencia. Las empresas nacen, crecen, se endeudan, se fusionan y desaparecen. Las modas tecnológicas cambian. Los bonos dependen de la solvencia del emisor, de los tipos de interés. El efectivo se erosiona con la inflación. Pero una buena tierra, bien gestionada, puede mantener valor durante generaciones. Esa es una de las claves de los patrimonios antiguos: no buscan solo rentabilidad máxima, sino supervivencia patrimonial.

Sin embargo, no todos están de acuerdo con que este auge sea bueno para todas las partes. En declaraciones a elEconomista.es, los representantes de UPA (Unión de pequeños agricultores), comentan que "consideramos negativa la tendencia que se está produciendo en los últimos años de que los fondos de inversión inviertan en tierras agrícolas". Según la agrupación, "los fondos de inversión producen una presión al alza en el precio de las tierras de uso agrícola, lo que dificulta el relevo generacional al hacer menos accesible para jóvenes incorporarse a la actividad de producción de alimentos".
UPA concluye alegando que "el modelo de grandes explotaciones agro-industriales se basa en actividad súper-intensiva que busca maximizar el beneficio minimizando el empleo y todos los costes en general. Nosotros no creemos que se apoye la actividad, todo lo contrario. Es un modelo que expulsa a los modelos tradicionales basado en proyectos medianos y pequeños, los cuales, si cierran, es muy difícil que vuelvan a abrir.
Los fondos carecen de patrimonio cultural, carecen de vinculación con el territorio, su fin es exclusivamente económico, y eso no es lo que necesita Europa ni España para sustentar su modelo agroalimentario"

Desde Greenpeace coinciden que la evolución de una suerte de "campo franquiciado" generará mayor presión sobre el agua por hectárea, pérdida de biodiversidad, aumento del uso de químicos y una concentración del sector.

lunes, 27 de abril de 2026

Rogativa 2026 a la Virgen de Ayago de Redecilla del Camino: día 2 de Mayo, sábado, oficios a las 13:00h

Ermita de Ntra. Sra. de Ayago
día 2 de mayo 2026
Misa a las 13:00 hrs.
 
Como manda la costumbre que se hace ley y
como manda toda tradición, que fundamentalmente es un evento social,
subimos en rogativa ante la Virgen de Ayago.
Subimos a rogar, que no es mala cosa en los tiempos de corremos.
  
Ermita de Ayago campo de chiribitas
 
Ermita de Ayago cara al sur
 

El día 26 de abril, San Marcos, han subido los vecinos de Bascañana, como también manda su tradición.

Bascuñana y al fondo la ermita de Ayago
Este día 2 de mayo, sábado, subiremos a ver la Virgen de Ayago con la intención de pedirle que vele por los campos y las personas de toda la comarca, y prepararla para su próximo retorno al pueblo.

Luego volveremos a subir,
será el próximo 15 de Mayo,
para bajar a la Virgen desde su ermita hasta Redecilla del Camino...

Los Montes de Ayago estaban a reventar









jueves, 19 de marzo de 2026

Redecilla del Camino, estamos rodeados de historia arbórea: El Día del Árbol y Fiesta del Árbol, 21 de marzo.

 El Día del Árbol, Fiesta del Árbol o Fiesta cívica del árbol es recordatorio 
de la importancia de cuidar superficies arboladas y bosques. 
Los árboles, entre otros muchos beneficios, transforman el dióxido de carbono,
 responsable del efecto invernadero en biomasa lignocelulósica, 
minimizan los riesgos de inundación y evitan la erosión entre otras muchas funciones.

Esta conmemoración tiene en España una larguísima tradición 

También en Redecilla del Camino, estamos rodeados de historia arbórea: ahí va!.

Es curioso constatar cómo dos casi contemporáneros,  “hijosilustres de Redecilla del Camino, Juan Cruz Busto e Eugenio Villar Hernando, sean unos fervientes promotores de la naturaleza, defensores del arbolado... 
Alegra saber que estos redecillanos tenían una visión de futuro, que muchos hemos perdido: el monte ofrece mucha riqueza y recursos que no se saben explotar...

Pero es que Redecilla del Camino se juega mucho con los bosques y en los montes: casi el 60% de la jurisdicciones es monte, es arbolado. 

Y árbol no solo es madera y cisco, es algo consultancial al equilibrio necesario para cualquier tiempo de vida en tierra.
Por eso es importante cuidar y aprovechar con mesura esa riqueza tan polivalente.

Además en Redecilla del Camino  estamos rodeados de historia arbórea:

Montes de Ayago.

.- Los Montes de Ayago definen todo un territorio comarcano que ha configurado nuestra geografía, también las bases de nuestra cultura celta cn la fiesta del Mayo, y nuestra manera de ser serrana: hasta bien entrado el s.XX esos montes han sido refugio ante invasiones, epidemias y guerras...

.- La patrona, Ntra. Sra de Ayago, es una referencia ineludible, y su vocablo nos trae resonancias armónicas casi sublimes.

.- Los Olmizos y El Olmo, que sigue concitando tradiciones en el pueblo a pesar de la vida láguida que lleva desde que, ya hace 50 años,  está atacado por la grafiosis, pero, casi en sus despojos, ahí sigue...

.- El Ezcarro, un pago y árbol singular, con conotaciones vascas, castigado por la ignorancia, pero ahí sigue resucitando de la barbarie de hace 7 años.

.-  El Praulavilla ( El Sabuquillo, el saúco tambien es un árbol-ilo), no olvidemos que en ese entorno hubo varios asentamientos humanos desde la prehistoria y que, con el inicio del Camino a Santiago en torno al s. X, comenzaron a concentrarse en los dos nucleos actuales de Grañón y del Redecilla.

.- El mismo nombre de Redecilla significa sotillo, pradillo y bosquecillo del Camino.

.- Las choperas de la ribera del río Reláchigo; las que comunalmente se plantaban desde los barales de las chopas y "se sacaban", y mientras crecían se cuidaban y explotaban sus pastos y henares por un sistema de uso y cuidado regido mediante su subasta y arrendamiento (las suertes). Ahora abandonados por la maleza y la peor gestión.

.- El Rebollar ese monte comunero entre Villarta y Redecilla, entre La Rioja y Castilla y León. Importante el concepto comunero entre y de los dos pueblos. A ver de dónde sacamos sentido común, nos llevamos bien, y aprevechamos la interregionalidad de este comunero.


domingo, 11 de enero de 2026

La rica flora del Valle Alto del Oja.

 Flora del Valle Alto del Oja

Si eres o no amante de la flora de la comarca por esta comunicación pongo en tu conocimiento lo que el comarcano de Ojastro, Víctor Ortiz Somovilla ha puesto a  nuestra disposición.

 

Víctor Ortíz Somovilla
La sabiduría de quien conoce su tierra y el saber de un ingeniero agránomo y su familia se han unido para ofrecernos un trabajo realmente sensacional, práctico y accesible: una plataforma digital con una base de datos botánicos sobre más de 800 especies documentadas del valle alto de río Oja, que comparte las escorrentías de los Montes de Ayago (en la cuenca del Glera/Oja los llaman Montes de Yuso) en sus vertientes sur y este. Un trabajo que comenzó en 1983.

El trabajo es exhaustivo, técnico y lo avalan los 9427 registros, las 804 especies, los 371 géneros, y las 95 familias registradas.

Logicamente la unidad comarcal en botánica y en tantas cosas hace que esta base de datos la podamos usar para ilustrar y mejorar nuestro conocimiento con tan buena herramienta y tal vez recuperar parte de la vieja sabiduría que antaño manejaron quienes tuvieron que vivir, usar y aprovechar estas especies que nos son cercanas... 

Pero con saber con qué plantas convivimos, sus características, usos y valores naturales, ya nos vale. Siempre el respeto por y con la naturaleza es la primera y mejor relación con esas plantas.

Dar las gracias a Víctor por ofrecernos este presente...

Víctor Barrio, Redecilla, Calle y Camino.


Origen de la noticia en la publicación en La Rioja


Acceso a la Base de Datos Flora del Valle Alto del Oja

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Reproduzco aquí únicamente la tesela de Ayago.

Mapa Teselas Base Datos Flora Valle Alto del Oja. Víctor Ortiz S.

Tesela 30TVM9493,  Ayago, Redecilla del Camino, Burgos.

18 especies, 1104m de altitud.

El mejor aliado del fuego es el abandono del mundo rural: El polvorín despoblado: ese es el nuevo fuego:

“Los pueblos siempre fueron los mejores cortafuegos,  pero sus montes se han convertido en justo lo contrario, en un auténtico polvorín”. ...