martes, 7 de junio de 2016

Ruta celta-jacobea, Dalí y Freud

José María Bleda García


Unos días desconectado de la cotidianeidad vienen siempre bien, aprovechando los días de vacaciones de la Semana Santa (o fiestas de la primavera, como se quiera) he recorrido parte de El Camino de Santiago, antigua ruta celta que la Iglesia Católica rescató para afianzar la religiosidad de sus adeptos, esta vez yendo desde Logroño a Burgos. 
El camino está plagado de simbología cristiana y mariana representada de manera muy diversa: iglesias, conventos, retablos, coros, imágenes, puertas o reliquias; es decir, manifestaciones artísticas unas más atractivas que otras, unas mejor conservadas que otras, aunque la mayoría de ellas no se podían contemplar, pues los lugares donde se encuentran estaban cerrados a cal y canto.

Así pues me he encontrado con mucho tiempo por delante para pensar y disfrutar del paisaje y de la gastronomía de esta zona castellana. Como soy un adicto a la lectura eché en el morral dos libros: un manifiesto comunista ilustrado y una biografía sobre Dalí; el primero ni lo abrí, al segundo le dediqué algunos ratos, no muchos. Sin embargo, la relación de Dalí con el psicoanálisis me ha servido para mis paseos, pensamientos y análisis personal. 

En mis andares por los pequeños pueblos por los que he pasado había muy poca gente, la mayoría de las casas eran muy humildes, destacando las casas palaciegas de los antiguos aristócratas o caciques lugareños. 
Siempre había algún bar, que casi con toda probabilidad puede subsistir por lo que se dejan en ellos los peregrinos, solían ser un buen lugar para compartir una amena charla y poder degustar los productos gastronómicos de la zona. 
He hablado con pocas personas, aunque estas siempre eran muy amables y cercanas. Me encanta oír a las personas mayores contar la historia desde sus propias vivencias y su interpretación, generalmente con humor.

En estos días ha habido un tema recurrente, la ruptura y el olvido. He visto muchas cosas rotas, tales como: esculturas, cristales, maderas, piedras, casas…; por la mayoría de ellas el tiempo ha pasado inexorablemente y parece que no van a ser reparadas, están olvidadas, han tenido una vida pasada, que nunca podrán recuperar. 
He pensado también en las vidas rotas y olvidadas de las personas que habían luchado en las muchas batallas libradas en esos lares, de las que habían construido esas iglesias o palacios, de los que habían sido explotados por esos grandes aristócratas terratenientes, o de las que habían tenido que emigrar a otros lugares buscando un lugar donde vivir un poco mejor. 
Y, como no podía ser menos, he dedicado muchos momentos a mis propios rotos, algunos de ellos ya olvidados, otros no tanto.


















En definitiva, creo que en estos días ha habido un poco de realismo y psicoanálisis, aunque también me he dejado llevar un poco por el surrealismo y los sueños dalinianos. Mañana volvemos a la vida real, veremos qué tal, aunque la primavera es una buena época para reiniciar el pulso vital.




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