domingo, 20 de enero de 2013

de Belorado a Larrea por los Montes de Ayago


Sergio Rodríguez
Primavera/Otoño 2012  
Distancia 27.31 km 



Fueron varias veces, en concreto tres, las que di un paseo por esta zona esta temporada. Poco más o menos, los montes de Ayago cubren el area entre Belorado y el alto de Pradilla, el puerto dividiendo Burgos y la Rioja desde el cual ya se accede a las altas cumbres de la Demanda. Los montes de Ayago son modestos, no superan nunca los 1400 metros, y suponen un mirador estupendo sobre la Demanda burgalesa y parte de la Riojana. 


El primer día que fui, tomé el autobús hasta Belorado, y después de desayunar en la plaza emprendí la ruta por las marcas del GR. El Gran Recorrido 290, que cruza la sierra y llega hasta Barbadillo de los Herreros. Era un día de febrero, y había nevado esa semana. Aunque abajo en el pueblo no había nada de nieve, a mitad de la subida ya aparecía. No anduve más de cinco kilómetros por el camino del GR, que me tuve que dar la vuelta porque la nieve me llegaba hasta las rodillas, eso sí, las vistas sobre el valle del río Tirón eran estupendas.

El segundo día que fui, tomé el mismo bus de Belorado. Era un día de marzo. La nieve se había deshecho de los montes y sólo quedaba las montañas altas. Anduve por el mismo camino de la vez anterior y pude seguir hasta mucho más allá. En el punto donde me paró la nieve la vez anterior el camino bajaba al valle, pero preferí continuar por las cimas de los montes de Ayago. Había otro camino, abandonado, y a veces se perdía. De hecho el vértice geodésico del monte Colodro, a 1202 metros, estaba escondido en la maleza. Llegué a Espinosa del Monte, y de allí sale un buen camino que se interna en un magnífico hayedo, joven, pero con rincones muy sugerentes; y después de una subida, se llega a un alto despejado donde se abren amplios pastizales. Este paraje se llama Larrea, y siguiendo hacia el sur por los prados se llegaría hasta el abandonado pueblo de Pradilla, límite de Burgos con la Rioja. Cuentan que antaño una pastora de un pueblo cercano pasaba por este alto de camino a Pradilla, y se la comieron los lobos. Se erigió una estela representando a la desafortunada muchacha, pero no fui capaz ni de verla ni encontrarla. 

Un poco más adelante de este paraje se llega a una caseta. Las vistas por aquí son estupendas. Se abre abajo el valle del río Tirón con el pueblo de Fresneda y detrás todas las alturas de la sierra de la Demanda, desde el Trigaza hasta el Torocuervo, y detrás, ya en la Demanda Riojana, el San Lorenzo y la Cabeza Parda. 

La vuelta a Belorado fue más penosa, pues escogí un camino después Espinosa que al rato se cerro con escobas y espino. Después de un rato de sudores y arañazos encontré el camino, de nuevo abierto. Justo en este punto me encontré con un hombre de larguísimas barbas blancas: ¡Marcelino!, que estaba con a un amigo. Marcelino es famoso entre los peregrinos del Camino de Santiago. Tiene una oficina en el camino en la Rioja, y da conversación, galletas, fruta y hasta alguna vara de avellano a los peregrinos. Precisamente cuando me lo topé en el camino, estaba cargando las varas de avellano en todo terreno. Me llamó majete y me ofreció llevarme hasta Belorado, pero preferí ir a pie, ya que no quedaba tanto y tenía aún tiempo de llegar antes que saliera el autobús de vuelta a casa.

La tercera vez que pase por estos parajes fui con mi amigo Paco, la perrita y en el coche. Era ya mayo: nieve sólo quedaba en las cimas de las montañas y las hayas había echado hoja. Aparcamos en Espinosa del Monte y subimos por el hayedo hasta los pastizales de Larrea y casi hasta Pradilla de Belorado, a donde no pudo llegar la pastora devorada por los lobos. 

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