jueves, 12 de marzo de 2020

«El campo sufre una sobrerregulación que le resta mucha competitividad».Entrevista a Jaime Izquierdo, 
Comisionado para el Reto Demográfico del Principado Asturias.


«Hay innovadores que intentan poner en marcha iniciativas en el campo asturiano, 
pero una regulación de corte industrial las dificulta».

Jaime Izquierdo señala Yernes y Tameza, el concejo menos poblado de Asturias, en el mapa. Hace 120 años tenía casi seis veces más población. / ÁLEX PIÑA
Jaime Izquierdo Comisionado para el Reto
Demográfico del Principado Asturias.
 Álex Piña.
Que Asturias sufre un problema demográfico grave es palmario. Tanto por el envejecimiento de la población como por la concentración de la gran mayoría en la zona urbana, con el consiguiente abandono del campo y el empobrecimiento socioeconómico y cultural que ello supone. Tanto es así, que el nuevo Gobierno del Principado ha decidido crear un puesto de alto nivel, el del Comisionado para el Reto Demográfico, para la aplicación de un Plan Demográfico (2017-2027) con el objetivo de corregir ese rumbo. Al frente está el geólogo Jaime Izquierdo (Infiesto, 1958), defensor del valor de la aldea como foco económico, cultural e identitario, así como de un concepto de ciudad lejano a la uniformización a la que se ha tendido durante la época industrial.

-Tres años después del estudio coordinado por Felipe Fernández que dio base al Plan Demográfico del Principado, sus predicciones a la baja de la población se confirman, e incluso son empeoradas. ¿Qué hemos aprendido en este tiempo?
-Las estadísticas demográficas funcionan bastante bien y dan previsiones ajustadas. Pero más que de los datos, lo que tenemos más claro es la necesidad de afrontar el problema, y es muy buena noticia que se ponga el foco en él. Hemos visto que en un primer momento, el modelo de turismo rural que se creó en Asturias fue el gran elemento de dinamización, sin el cual la situación del campo sería aún más grave. La zona rural requiere de acciones que se incardinen en una estrategia estatal y de la Unión Europea, con aplicaciones locales, con urgencia. Estamos en un momento de transición entre el modelo de concentración industrial que durante los años 50 y 60 dio origen a la estructura de Asturias que conocemos ahora, con la población en el centro de la región y las alas vaciadas...

-¿Y qué nos depara el futuro?
-Vamos hacia otro modelo, el post industrial. Este no hace como la concentración industrial, que borró la estructura demográfica anterior y los modelos de producción anteriores, sino que se suma y se complementa.

-¿Quién está haciendo bien eso?
-Francia, por ejemplo. Asumió la llegada de la concentración industrial, pero preservando el valor local de la producción rural y la potencia cultural e identitaria de la agroalimentación. Los franceses han desarrollado una legislación específica a favor de las pequeñas producciones locales, con una regulación más laxa, lo que permite vender las producciones locales desde el origen al consumidor, de forma diferenciada. Eso es importante porque 'hace país'. Ya Diderot, que era hijo de un ferreiro, evitó descastarse. Entendía muy bien la economía de la casa, y estuvo entre quienes influyeron para que los franceses, con la revolución industrial, diseñasen políticas que favorecieron la conservación de la estructura social agraria, mientras que los españoles no hicimos nada similar.

-¿Por qué?
-Los franceses siguieron una forma de estudiar la realidad socioeconómica muy similar a la de la Institución Libre de Enseñanza, mientras que en España durante la guerra civil el 90% de los que seguían ese modelo fueron fusilados. Ese concepto, que llaman 'el arte de la localidad' implica que hay un conjunto de saberes precisos para vivir en el territorio, con tres patas: la localidad, la ciencia y la técnica. Si anulas el conocimiento local, el cultural, destrozas la localidad.

-Póngame un ejemplo.
-En los años 60, en las repoblaciones forestales se intentó seguir un modelo industrial intensivo, sin considerar el hecho local en la conformación biogeográfica del territorio.

-Pero eso se hacía en aplicación de criterios económicos.
-Es que el campo no son solo números. Lo más importante es la biodiversidad. Crear un contínuo de bosque conlleva muchos riesgos, como por ejemplo que haya incendios como los de Australia. Y si es por abandono de la zona rural, ese peligro es aún mayor. Tenemos que crear zonas de aprovechamiento agrario en mosaico, para que se alternen pastos, cultivos y bosque, y se reduzcan los riesgos. Y tener en cuenta que lo que la ciencia no ve, el paisano no lo cuenta.

-Ese abandono del campo conlleva una estructura rural muy masculinizada y sin relevo generacional...
-Sí, la deserción femenina del campo se debe a que los derechos de explotación, tradicionalmente, se cedían al hijo mayor. Las mujeres eran las más desfavorecidas, y las madres empujaban a las hijas a marcharse. Dice el antropólogo Adolfo García que «las mujeres votaron con los pies», al irse.

-¿Ese proceso sigue activo?
-Falta reproducción biológica, pero también reproducción social. Ya no se pasa la tradición de ser campesino a los hijos.

-Y ¿cómo se devuelven opciones de futuro a la aldea?
-Recuperando la identidad, que es lo que permite ser competitivos. En Asturias cada valle tiene su queso, se hace sidra, hay una historia de la aldea que puede atraer al turismo y dar salida al producto. La aldea tiene más oportunidad de mercado que nunca, y tiene que explorar la comercialización por internet para todo el mundo. Hay queseros de Cabrales que venden su queso en Nueva York. Pero hay que hacer un queso excepcional.

-Sin embargo, los productores de leche se quejan de que el precio que les paga la gran distribución no les deja vivir. Y la ley les impide vender leche fresca de forma directa. Eso vale para muchas otras producciones.
-El campo sufre una sobrerregulación que le quita mucha competitividad. Por ejemplo, de acuerdo con la normativa actual, no se podría vender pan producido en hornos que tienen 200 años. Es un pan perfecto, pero la ley prohíbe su venta. Es un problema de sobrerregulación que incluso causa conflictos entre las propias leyes. Como decía el Quijote a Sancho cuando le daba consejos sobre cómo gobernar su ínsula, 'pragmáticas, pocas y que se cumplan'. En Asturias hay innovadores que intentan poner en marcha iniciativas en el campo a los que una regulación de corte industrial se lo prohíbe o se lo dificulta.

-Normas que favorecen la uniformidad de los productos, como pide la gran distribución.
-Así es. Uno de los grandes dramas que sufrimos es la desvinculación entre la ciudad y el campo. Hasta los años 50, la mayor parte de la alimentación de las ciudades provenía del entorno inmediato, con plazas de abastos que funcionaban, de una u otra forma, desde el inicio de las sociedades urbanas. Las ciudades que nacieron hace más de 500 años se ubicaron donde están porque se buscaban las mejores zonas por posición defensiva, acceso al agua potable y suministro de alimentos en el entorno inmediato. Además, el comercio de proximidad permite vincular a la tierra el valor añadido, recuperar la agrodiversidad y la identidad cultural e, incluso, fomentar la retención de CO2 con los cultivos. Y España no tiene una política de Estado que invite a desarrollar la agrodiversidad. Si abandonamos el entorno rural, los jabalís lo toman igual que las ratas invaden las zonas urbanas deterioradas. Cuando se les ve en los entornos urbanos son una señal muy clara de que tenemos un problema.

-El ejemplo también es Francia.
-Sí. Rennes, por ejemplo, invita en su web a comprar a un gran listado de productores agrarios del entorno inmediato. Y también los vascos, que fomentan por ejemplo que la comida en los colegios sea de productores agrarios vascos. Comida sana, con identidad cultural. En la medida en que los jóvenes sigan cortejando a las grandes cadenas, perdemos opciones de futuro. Hay que volver a una alimentación de proximidad, saludable para las personas y para la sociedad.

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