Recogemos abajo de este comentario la publicación de Miguel Zalez y Pedro L. Benito sobre esa tradicción que compartimos al menos con todo el entorno del noreste de la provincia de Burgos, Alava y la Rioja.
Tiene la relación con la tradicción de que el 30/31de diciembre de cada año se hacía presente en la vida de los pueblos, pero especialmente dirigido a los niños, el dicho que le acompañaba referido a que ese día pasaba por los pueblos "El hombre que tiene más ojos que días tiene el año".
En Ibrillos, Castildelgado, Bascuñana, en Redecilla del Camino... los adultos les decían a los niños que ese día en el Correo viajaba un "hombre que tenía más ojos que días tiene el año". Y eso entre los niños daba motivo y origen a mil fantasías y elucubraciones ante semejante noticia tan contradictoria, que exacerbaba su curiosidad, y las ganas de verlo.
Casi todas estas tradicciones tienen un origen ancestral, cuya función básica consistió en dar explicación a lo que se desconocía, a lo inexplicable... Es una vieja y persistente costumbre de cualquier ser humano: ante lo que vemos y diferenciamos necesitamos entenderlo, y para entenderlo hemos usados varias herramientas (el mito, la religion, la filosofía..., y últimamente la ciencia...) y al entenderlo creemos que lo controlamos, o por lo menos lo administramos y nos sirve para seguir tirando y conociendo cada vez con mayor precisión.
Y esa costumbre del hombre que tiene más ojos que días tiene el año, tiene que ver con que el hombre se daba cuenta del cambio del tiempo, y de la naturaleza, y como esto se repetía cada año, tuvo que encontrar alguna explicación.
Parece que esta frase, y los ritos que seguro que tuvo asociados en otros tiempos, tiene que ver con el cierre el ciclo otonal y inicio de ciclo invernal: algo que acaba, algo nuevo lo continúa. El hombre de los muchos ojos es, en este sentido, un contador del año, una personificación del tiempo que mira por última vez antes de desaparecer.
Parece que en nuestra comarca han desaparecido los ritos y ceremoniales que sinbolizaban los cambios de ciclo de la naturaleza.
Esa imposibilidad lógica de que, cuando solo queda un día para acabar el año, haya un hombre que tenga más ojos que el último y unico día que queda para cerrar el tiempo, despierta en los niños las fantasía, genera elucubraciones y ganas de verlo. "El hombre que tiene más ojos que días tiene el año" cumple varias funciones: estimula la imaginación infantil, les introduce el misterio del tiempo, les enseña que el año se acaba.
Por estas tierras solo se ha conservado la frase, que se dirige basicamente a los niños, que aún son ignorantes para lo que ya, y recientemente, el adulto tiene una explicación más científica. O sea a mi entender en la comarca el mito ha evolucionado, se ha desprendido de todos los elementos rituales y lo ha dirigido a los niños como último refugio.
Un refugio frustrante puesto que ese hombre que tiene más ojos de días tiene el año no parece, no se le ve explícitamente: los niños esperamos ver a ese hombre en el Correo, pero, salvo algún alucinado, no le vimos nunca.
Sin embargo en otros lugares siguen unidos la palabra y la escenificación social (el rito), y se ven distintas personificaciones del hombre que representa el fin, el tránsito, el cambio del tiempo...
Las mascaradas con los personales como el Zangarrón, Carochos, Guirrios de Zamora, norte de Portugal, Leon o Asturias. El Olentzero (País Vasco–Navarra), personaje invernal, que, como nuestro hombre de los múltiples ojos, viene de fuera del pueblo, que nos marca un final del ciclo, un noche, un año viejo.
Hasta San Nicolas, que en Redecilla del Camino tuvo su propia ermita y que su día, el 6 de diciembre, era fiesta para los niños tras oir misa en la misma, tiene alguna relación con lo que simboliza este "hombre que tiene más ojos que días tiene el año".
Viene un hombre que tiene "tantos ojos" como días del año .
Tradición oral de Briviesca y La Bureba.
.
Existe un dicho en Briviesca y en la Bureba que producía mucha curiosidad, intriga y miedo a los niños. Se encuentra enmarcado probablemente en la conmemoración del solsticio de invierno y el renacimiento de la naturaleza y del sol en tránsito al nuevo año. El viejo año daba paso a uno nuevo.
La frasecita en cuestión, que se las traía, se decía el día anterior a la Nochevieja: Viene un hombre que tiene "tantos ojos" como días tiene el año.
En Briviesca el espeluznante personaje debería aparecer en la estación de tren, ya que venía de muy lejos. En Frías animaban a subir al Crucero. En Pradoluengo se acercaba en autobús para recibirlo en el pueblo...pero nunca llegaba.
En Belorado se suponía que aparecería saliendo de la penumbra del parque de la Florida. Al final y después de la expectación que todos los niños ponían, lo cierto es que no aparecía ni el tato y era como una liberación. El año y sus 365 "ojos" ya se habían esfumado y por fin estábamos inmersos en un recién estrenado año nuevo, limpio y lleno de promesas de cambios para bien.
A este respecto, existen teorías que apuntan a que la tradición navideña del personaje del Carbonero u Olentzero pudiera estar relacionada con costumbres locales similares en Álava, Navarra, la Rioja y en la comarca burgalesa de La Bureba el día anterior de Nochevieja. En Larráun denominan Olentzaro "al hombre de los 366 ojos".
Nota. Obviamente la zona del antiguo partido judicial de Belorado queda incluida y entiendo su aparentemente ausencia en estas teorías, quizás por una falta de unidad o identidad comarcal. Judicialmente hoy pertenece a Briviesca. Las razones pueden estar también en esa especie de subcomarcas que han surgido en esta zona que diferencian entre: Demanda-Alto Tirón con capital en Pradoluengo y la de Oca-Tirón con capital en Belorado. Si a esta división que presumo poco oficial añadimos la moderna denominación de Riojilla burgalesa, nos da un popurrí difícil de entender, ya que históricamente a este conjunto siempre se le ha conocido como comarca de Montes de Oca.
Otros lugares donde se recoge esta tradición oral más al oeste de la Bureba son: Ubierna, Villadiego,...
En relación a la figura del carbonero, según el filólogo y escritor zamorano D. José Calle Vales, los carboneros del País Vasco y del norte de Castilla, vivían en las montañas y traían regalos a los niños en Navidad. El carbonero que raptó a Fernán González era, al parecer, un caballero. Sin duda estaba al tanto de las maquinaciones de los aragoneses y se llevó al niño a las montañas, donde lo crio, no para ser un rústico, sino para ser conde. Bien sabía el incógnito caballero disfrazado que Fernán González debería escribir una de las páginas gloriosas de Castilla y así, no le enseñaba a cortar leña, sino a montar a caballo y a partir lanzas; lo adiestraba en el ejercicio de las armas y las justas, torneos y tablados.
Entrada relacionada: Cuando en Bureba se hablaba euskera.
------------------------------oOo---------------------------
ACTUALIZACIÓN: 15-12-2025.
Con la llegada de la inteligencia artificial no he podido evitar su utilización para este caso concreto. El personaje que creé en su día, no me satisfacía del todo. Demasiado barroco y fuera de la tipología de personajes más rústicos y lógicos para estas tierras. Así las cosas y debido a la similitud con el personaje del carbonero en el norte de Castilla o el olentzero de Euskadi, me he visto en la obligación de rehacer el personaje simbólico para que sea más rústico, popular e identificable con nuestros tiempos. Por cierto, la cazadora de cuero es la misma que hace muchísimos años compré en Belorado, en el famoso boom, en la peletería de Antonio Cabezón, "pero sin ojos". 😃
![]() |


.jpg)



