miércoles, 25 de marzo de 2026

Los oficios perdidos, el homenaje que les hace Florencio Gª Cigüenza, Beliforano.

Ya jubilado, y tras 50 años en Madrid, trabajando 
y dirigiendo una empresa de construción no residencial, 
este beliforano ha diseñado e instalado 9 figuras 
que evocan la tradición agrícola de su localidad. 
Pondrá 12 más, con la mujer como protagonista, 
y su intención es crear una ruta de una todas.
Se trata de Florencio García Ciguenza.

Florencio García, junto a la figura que ha diseñado
en Belorado de un hombre cortando leña. -
Foto: Luis López Araico
«La vida es esto», dice señalando su huerta mientras inhala el aire que se respira en su querido Belorado y cuenta que la valla que rodea el terreno contiene las notas del himno de la localidad para piano. Durante cincuenta años ejerció como jefe de obra en Madrid, «cada día tenía que ir a 6 ó 7 sitios distintos», recuerda de aquella vida. Ahora lleva otro ritmo, con ocupaciones que llenan su tiempo. Y también el paisaje de su pueblo.

Con la excusa de rendir un homenaje a los oficios perdidos, esos que tienen que ver con la tradición agrícola de la villa beliforana, Florencio ha diseñado y colocado en varios puntos de la localidad, especialmente junto a fincas de labranza, nueve figuras metálicas con las que recuerda ese pasado, también tratando de que no se pierda, al menos en la memoria colectiva.

Un hombre sembrando, otro cortando leña, uno segando y uno más cavando suman cuatro, pero forman ocho figuras diferentes ya que ha instalado tanto el positivo del diseño como el negativo. En su mayoría se encuentran en todo el entorno de La Mesa, mientras otras están más cerca del casco urbano, como el leñador, al lado del río; o uno de los sembradores, próximo a su huerta y junto a una piedra de origen romano que encontró en una parcela de labranza de su padre y que ha sujetado sobre un pie para disfrute de todos los paseantes. A la salida del pueblo, despidiendo a los peregrinos, se encuentra otra, y en la zona de las huertas de Tirón también se pueden observar algunas. 

El tamaño de cada pieza es real, como el de un hombre de una altura media. «No soy ningún artista. Primero hago la foto de la idea que tengo y después el diseño, que lo mando a Burgos para que lo recorten», explica sobre las figuras metálicas, que después coloca con la ayuda de Nieves, su mujer. «Solicito licencia de obra al Ayuntamiento y las instalo en lugares donde no molesten al paso de personas ni de vehículos». Hasta la fecha, la de mayor tamaño es la de un carro tirado por una mula sobre una base empedrada. La que hace el número nueve.

La colección con la que Florencio evoca ese trabajo en el campo se completará en breve con al menos otras 12 siluetas, en este caso con ellas como protagonistas. Una mujer en el lavadero, otra llevando cántaras de agua mientras sus hijos le tiran de la ropa, otra ordeñando una vaca y una más portando una carretilla de leña son algunas de las recreaciones listas para instalar ya y en las que ha usado a su mujer como modelo. «Esta es Nieves, ¿cómo la ves?, ¿se parece?», pregunta mientras muestra el diseño en papel.

futura ruta. Su cabeza y sus manos están ahora inmersas en completar esas nuevas figuras metálicas, haciendo botijos o prendas de ropa en hormigón, para que se sientan más acompañadas. «También me gustaría hacer un mural a partir de una foto muy antigua de mujeres de Belorado en el lavadero y cuando acabe con las mujeres empezaré con un cazador y un pescador», cuenta sobre alguna de sus últimas ideas, a la que añade, bajo una simpática regañina de su mujer, una más. «Quiero colocar un hombre haciendo sus necesidades en el campo, algo también muy típico y natural. Le colocará con una valla para que sea más discreto». 

Con todas ellas la intención de Florencio es crear una ruta que añada un atractivo turístico más a Belorado, y que pasaría por su otra huerta, donde ha hecho una memoria al cauce molinar recreando la maquinaria de un molino con piedras originales.

Además, Florencio también ha colocado bancos en algunos puntos para facilitar el descanso de los vecinos. Uno de ellos tiene nombre propio, el de Pocholo, lo instaló para que este señor pudiera sentarse; el otro tiene una sugerente invotación,'¿Y si nos besamos en este banco?', ha tallado en una piedra junto a él.

Nota:
 Florencio García Cigüenza 
debe de ser hermano de  
un maravillo maestro que ha hecho su vida por andalucía y que hemos referenciado en este blog en más de una ocasión por sus visitas a la Virgen de Ayago.








Isidro García Cigüenza:
 «Mi labor consiste en mover a maestros y profesores para que saquen a sus alumnos fuera de las aulas»









Fuente Gral. Diario de Burgos

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