- La tierra es un activo tangible y escaso que protege de la inflación
- En España vive un boom en el país con una inversión de 1.200 millones y un crecimiento del 50%
- Ofrece rentabilidad de entre el 7% y el 14%
El caos, la incertidumbre y la guerra pueden cambiarlo todo
en un momento y convertir las inversiones que parecían seguras en ruina o
devastar los ahorros de millones de personas. Esta es la lección que
aprendió Zain, un viejo ingeniero sirio que hoy vive en una pequeña
aldea perdida entre montañas, robles y prados de la Sierra Norte de
Madrid. Este ingeniero, ya jubilado, lleva décadas residiendo en Madrid,
un tiempo que ha aprovechado para ir adquiriendo pequeñas parcelas,
prados y tierras de pastoreo. Sentado en una silla de plástico en su
huerto, Zain explicó cual ha sido la tesis que le llevó a construir su
estrategia basada en años de experiencia: "Con el tiempo he visto cómo
el dinero, al igual que otros activos financieros, puede multiplicarse y
perder su valor en todos los sitios, pero la tierra no, siempre está
ahí". En resumen, los billetes, las divisas e incluso las grandes
fortunas podían evaporarse con la inflación, las guerras, las crisis
o las decisiones de un banco central, pero la tierra cultivable seguía
siendo un activo irreproducible, tangible y eternamente útil. Mientras
existan seres humanos siempre habrá necesidad de alimento, siendo,
además, la alimentación uno de los sectores con la demanda más
inelástica. Esta es una lección que han aprendido en los últimos años
los fondos (también grandes fortunas individuales) de todo el mundo, que
se han lanzado con voracidad a comprar hectáreas y hectáreas ante un
mundo cada vez más caótico, especialmente en España.
Comprar tierra, invertir en activos tangibles (oro, plata,
vivienda…) está de moda y tiene cierta lógica. Aunque este artículo está
centrado en la tierra y la agricultura, este argumento se puede entender de forma más sencilla con el ejemplo de la vivienda.
La utilidad de la vivienda (vivir en ella) sigue presente tras una
crisis, en medio de un apagón, en un caída del sistema financiero o en
una guerra (siempre que no la destruyan). Buena parte de los activos
tangibles tienen una utilidad de la que los digitales carecen. Esta es
una de sus grandes ventajas.
Por otro lado, la inversión en tierra posee una lógica
financiera muy antigua y es la preferencia por poseer algo que no se
pueda imprimir y reproducir de forma infinita sin esfuerzo. Por ello,
también tienen parte de sus inversiones en obras de arte, por ejemplo.
En un mundo en el que los bancos centrales pueden expandir la cantidad
de dinero con un clic, como hicieron durante la pandemia del covid, la
tierra fértil conserva una cualidad que el dinero fiat ha perdido:
escasez física. Hay más dólares, euros o yenes cada década, pero no hay
más hectáreas productivas en las mejores zonas agrícolas. Por eso, la
tierra funciona como una especie de refugio silencioso frente a la
depreciación monetaria.
El fenómeno no es anecdótico. Por ejemplo, Bill Gates figura
entre los mayores propietarios privados de tierras agrícolas de EEUU,
con unas 98.000 hectáreas de tierra y granjas, según The Land Report, y
otras estimaciones elevan sus propiedades totales a unas 110.000
hectáreas. Gates ha defendido que no hay "ningún gran plan" detrás, sino
inversiones profesionales para hacer las granjas más productivas y
crear empleo en su país, pero lo cierto es que estás inversiones han
ayudado a incrementar su riqueza, con una rentabilidad notable.
No es el único. También se cita con frecuencia a Jeff Bezos,
Rupert Murdoch o incluso a Warren Buffett como ejemplos de grandes
patrimonios vinculados a la tierra. Buffett explicó en su carta anual de
2014 que en 1986 compró una granja de 162 hectáreas cerca de Omaha por
280.000 dólares y que, sin saber apenas de agricultura, le bastó con
calcular lo que podía producir y sus costes para ver que era una
inversión con "poco riesgo" y mucho potencial de subida. Existen varias
razones económicas y financieras que llevan a los grandes patrimonios a
invertir en este activo tangible y que presenta una utilidad intrínseca
que otros activos no tienen.
La fiebre 'agrícola' en España
La fiebre por la tierra también ha contagiado a España.
Este concepto de invertir en la tierra ha llegado a los fondos e
inversores como lo que se conoce como agribusiness. Es una tendencia a
nivel mundial con un importante auge pues, según datos de Valoral
Advisor en cuestión de una década ha pasado de haber solo 41 fondos
especializados en este ámbito a escalar hasta los 1.000, gestionando un
capital de 150.000 millones de euros. En España es un negocio en pleno
crecimiento y, según datos de CBRE estamos hablando de que en 2025 el
sector alcanzó los 1.200 millones de euros, un crecimiento del 50%.
Estas cifras para la consultora suponen una "estabilización respecto a
las cifras registradas en 2022 y una vuelta al crecimiento tras el
excepcional 2023 (con unos 2.200 millones de euros)".
Manuel Albuquerque, líder de Agribusiness para el sur de
Europa (España, Portugal e Italia) en CBRE, comenta en declaraciones
a elEconomista.es que al margen de las cifras actuales sus sondeos
respecto al futuro parecen prometedores y de hecho, "el 57% de los
inversores prevé un aumento de la actividad y un 29% una
estabilización".
El experto de CBRE explica que frente a una inflación en
aumento "el Agribusiness se ha definido con un activo defensivo, que
tiene correlación positiva con el IPC y una menor vinculación con los
mercados financieros". Todos estos factores convierten esta fórmula de
inversión en "una herramienta eficaz en un entorno de elevada
volatilidad". En este contexto, las características únicas de la
Península Ibérica "la convierten en uno de los destinos prioritarios
para canalizar el capital de todo Europa con una base estructural que
apunta a un crecimiento sostenido los próximos años".
Respecto a las ventajas de la Península Ibérica, Albuquerque
comente que se trata de "una región con gran estabilidad productiva,
nivel técnico, cadena de valor integrada y con operadores sólidos que
facilitan la entrada de capital". Además, "tanto España como Portugal no
dependen tanto de insumos críticos de regiones en guerra como
fertilizantes oenergía, reforzando su posicionamiento". Además, explican
que los cultivos ibéricos están teniendo un auge en mercados clave.
"Tienen un posicionamiento nacional hacia Europa, que es un mercado
deficitario en productos clave (que produce España) como la almendra, el
aguacate o los frutos rojos".
Según los últimos datos de Cocampo, relativos a 2025, la
compraventa de fincas rústicas cerró 2025 en máximos históricos con un
7,1% más, llegando a las 167.453 operaciones. En resumen, las
operaciones el año pasado tocaron máximos históricos. CBRE comenta que
las operaciones compraventa de tierra ascendieron a 600 millones de
euros.
La primera razón que lleva a muchos inversores a comprar
tierras de cultivo es la escasez relativa. La tierra productiva no solo
es limitada: en muchos casos se reduce por urbanización, degradación del
suelo, cambio climático o reconversión hacia usos más rentables. A
diferencia de una empresa, que puede emitir acciones, o de un Estado,
que puede emitir deuda, una finca agrícola de alta calidad no se
replica. Las mejores regiones productivas rara vez salen al mercado y,
cuando lo hacen, suelen atraer a compradores con horizonte de décadas.
La escasez relativa de la tierra muchas veces también se
puede detectar en ciertos cultivos, que a la postre son los más
rentables. Un buen ejemplo son las almendras o el aceite de oliva, cuya
demanda creciente ha convertido a estos dos cultivos en las 'estrellas'
en España, donde el clima es casi perfecto para dichos árboles y sus
frutos. España es el segundo mayor productor de almendras del planeta y
el primero de aceituna.
El campo también ha crecido en otros negocios muy
prometedores como los aguacates. Cabe destacar que tanto almendras como
aguacates tienen un mayor riesgo operativo que los olivos pero también
mayores retornos. Estos dos últimos tendrían un rendimiento del 12% para
los fondos, según datos de Savilis. Más allá de estos cultivos, desde
CBRE señalan el aguacate y el pistacho como los de mayor crecimiento. Respecto a los menos atractivos defienden que son el viñedo y el nogal.
"España cuenta con uno de los sectores agrícolas más grandes
y, posiblemente, más avanzados de Europa. Es un importante productor y
exportador de cultivos de alto valor, como hortalizas, frutas y frutos
secos, y también es el centro de producción de productos frescos fuera
de temporada para los inviernos del norte de Europa", comenta Savilis.
Además señala que los numerosos microclimas diferentes que conviven en
España son un factor de protección decisivo ante el cambio climático.
¿Qué suele haber detrás de la escasez relativa? Un activo
perfecto para protegerse de la inflación y mucho más. Al igual que una
vivienda, la tierra obtiene un rendimiento doble, por un lado su propia
revalorización y, por otro, lo que se extrae de ella a través de su
utilidad intrínseca. Esta es otra razón que alimenta el boom de la
inversión en tierra. Savilis explica que España tiene un gran beneficio y
un contra importante. El dinero invertido en tierras viene de dos
fuentes fundamentales, la revalorización de la tierra y los ingresos
regulares (por alquiler o incluso explotación directa). Según la firma
la parte mala es que "la apreciación de la tierra es mucho menos
significativa que en otras regiones dado que muchos activos como
árboles, sistema de riego o invernaderos se deprecian y compensa la
apreciación del terreno".
Sin embargo, las rentabilidad anuales son muy interesantes.
Según los cálculos de la consultora los olivadores arrendados (y otros
productos hortícolas protegidos) ofrecen un rendimiento del 7%. Sin
embargo tal y como ya se ha mencionado otros productos de mayor riesgo
como son el aguacate y la almendra, tienen un retorno del 12%.
A pesar de que Savilis cree que la revalorización de la
tierra es menos interesante que los ingresos por arrendarla, desde CBRE
dicen que hay que matizar esto. "Si bien los precios de la tierra
agrícola muestras una tendencia global a la estabilización, determinadas
regiones si ven crecimiento". La firma defiende que "en el norte de
Cáceres, Aragón o en los secanos de Cádiz, la plantación del olivar en
seto continúa registrando subidas superiores al 10% y siendo
competitiva (la revalorización del suelo) a nivel mundial".
Un ejemplo concreto es Nuuven, unos de los actores
institucionales más potentes, de hecho, tiene un fondo con Bankinter
Investment llamado Landa Fund, que actúa como una cartera diversificada
de terreno. PSP Investment, el fondo soberano canadiense, que es muy
activo comprando terrenos a nivel mundial también se ha expandido los
últimos años.
Otros actores como Atitlán han levantado plataformas con
gigantes como Santander para las inversiones agrícolas. No son los
únicos, Miura Partners es un actor en este auge y también Generandi o
Beka Finance. De hecho, España está llamando tanto la atención que
incluso ha habido operaciones el año pasado del Fondo Agrícola de los
mormones (Farmland Reserve) que, en plena escalada arancelaria,
realizaron operaciones en el país ibérico en 2025 en plena escalada
arancelaria.
El refugio inamovible
Otro atractivo clave es que la tierra genera ingresos
relativamente descorrelacionados de los mercados financieros. La demanda
de comida no depende del Ibex 35, del Nasdaq ni del S&P 500. Puede
haber años malos por clima, costes o precios agrícolas, pero la
necesidad básica sigue ahí. Por eso algunos inversores describen la
tierra agrícola como "oro con dividendos", puesto que comparte con el
oro la escasez y la defensa frente a la inflación, pero además puede
producir rentas.
Otra razón que convierte a la tierra en un activo
interesante es la permanencia. Las empresas nacen, crecen, se endeudan,
se fusionan y desaparecen. Las modas tecnológicas cambian. Los bonos
dependen de la solvencia del emisor, de los tipos de interés. El
efectivo se erosiona con la inflación. Pero una buena tierra, bien
gestionada, puede mantener valor durante generaciones. Esa es una de las
claves de los patrimonios antiguos: no buscan solo rentabilidad máxima,
sino supervivencia patrimonial.
Sin embargo, no todos están de acuerdo con que este auge sea
bueno para todas las partes. En declaraciones a elEconomista.es, los
representantes de UPA (Unión de pequeños agricultores), comentan que
"consideramos negativa la tendencia que se está produciendo en los
últimos años de que los fondos de inversión inviertan en tierras
agrícolas". Según la agrupación, "los fondos de inversión producen una
presión al alza en el precio de las tierras de uso agrícola, lo que
dificulta el relevo generacional al hacer menos accesible para jóvenes
incorporarse a la actividad de producción de alimentos".
UPA concluye alegando que "el modelo de grandes
explotaciones agro-industriales se basa en actividad súper-intensiva que
busca maximizar el beneficio minimizando el empleo y todos los costes
en general. Nosotros no creemos que se apoye la actividad, todo lo
contrario. Es un modelo que expulsa a los modelos tradicionales basado
en proyectos medianos y pequeños, los cuales, si cierran, es muy difícil
que vuelvan a abrir.
Los fondos carecen de patrimonio cultural, carecen de
vinculación con el territorio, su fin es exclusivamente económico, y eso
no es lo que necesita Europa ni España para sustentar su modelo
agroalimentario".
Desde Greenpeace coinciden que la evolución de una
suerte de "campo franquiciado" generará mayor presión sobre el agua por
hectárea, pérdida de biodiversidad, aumento del uso de químicos y una
concentración del sector.
