lunes, 29 de junio de 2026

Vivencias y Juegos de pueblo, una reflexión. Estos días van a llegando muchos niños, niñas y jóvenes al pueblo...

Un pueblo es, un pueblo es, un pueblo es
abrir una ventana en la mañana y respirar
la sonrisa del aire en cada esquina...
un ladrillo en la esperanza,
mirando al frente y sin volver la espalda. Mª Ostiz

Dicen que
"la verdadera patria del hombre es su infancia"(Rilke); de ser cierto mis raíces están en ese pueblo, a orillas del rio Reláchigo y entre el Rebollar y Riailana, entre el ábrego y el cierzo, entre el sol y la luna... No soy una excepción: lo que más me marca mi existencia es mi pueblo. 

Allí pasé mis primeros 12 años y me marcaron. Aún recuerdo el repique de campana y el toque el ángelus en verano, unas veces a fiesta, otras a muerto, otras a arrebato cuando algún incendio (cómo la comunidad se ponía en marcha como una piña, con una fuerza social impresionante...; nos iba la vida en ello). 

En los pueblos se vive la vida rodeada de vida, casi sin artificios:

El balido de los rebaños de ovejas, la suelta y recogida de la dula, la vacada y la cabrada, el repicar de las herraduras de las mulas y los carros en el empedrado, el abrevar del ganado. 

Todo el día con ganas de salir, y salir sin límite, a la calle, al royo, al río, a los corrales... El placer de la cuadrilla en el molino de la “Conce”, o de las meriendas colectivas de los chavales, las noches de verano unas veces hasta las tantas (-"dónde has estado?, preguntaban los padres.-“Por ahí”, les decíamos), otras sentados en el poyo de la puerta y el de la calle, a la fresca, contemplando las estrellas y la vía láctea, escuhando historias... 

El asaltar las huertas en pos de una buena cereza, manzana, algunas grosellas, o agranzón o ciruelas del Pre... Una buena merienda con pan y achitablas/acederas a recoger en vivo y en directo por las eras. 

Jugar (hay que reconocer que eramos algo sádicos) con los animales: nidos, rabicandiles, ligaternas, renacuajos, rabistacas, contemplar por horas los nidos de las golondrinas en los aleros y portales… Y trabajar: sacar a pastar a la yegua o al burro, o llevarlos a abrevar. Recoger berzas en la huerta y picarlas para los cochinos, o llevar la comida a los segadores… 

Recuerdo las historias contadas por los mayores,  y las comidas familiares compartidas en la “fuente” sobre el hogar sentados en el escaño o en la caponera: Todos juntos y pensando que era la mejor comida del mundo: los caparrones de lunes a sábado y los domingo garbanzos o algún festivo arroz al uso del pueblo. 

También los productos de temporada de la huerta o sus conservas cuando había exceso de producción, huevos de nuestras gallinas y conejo de nuestra conejera, leche de nuestra cabra o de vaca del Sr. Isaías, Sr. Antonio y algún calostro, los chumarros y demás productos de la matanza del cerdo que criábamos en casa, alguna gallina vieja, la carne de oveja de Mari el carnicero, la pesca fresca de la “Choca”, el almibar de Noche Buena, los bizcochos de Jesús el Chocolatero por Sta. Águeda...

Y los olores!: un mundo de sensaciones que cambiaba según la época, los materiales, el ganado, el pago, el monte...

Yo quiero pensar que éramos más felices que ahora , pero cualquier tiempo pasado, solo fue anterior, no mejor;  y eso no dependía tanto de lo poco que teníamos, sino de lo mucho que no necesitábamos. Economía de subsistencia dicen ahora: aquello sí que era comida ecológica abonada por basura natural y sallada con sallete y no con insecticidas/herbicidas..; y comida kilometro cero, comida equilibrada (solo unos caparrones tienen en sí mismo todos los elementos necesarios para ser la mejor dieta, la equilibrada) y felizmente aburrida (no hay que comer variado para estar bien alimentado, eso es una pollez publicitaria: esa manía actual de comer todos productos de todo el mundo es otra pollez, que además no nos lo debemos permitir tal como está el planeta).

Para los niños (y los adultos) juegos son esenciales, crecemos con y por ellos. 

Los juegos artesanales y mayoritariamente grupales tienen un regusto especial: la pirindola o trompo, la bachas o canicas, el inque/guincho, el chito/huta, el marro, el chorroborro, el tirabique, hacer chiflos con las ramas jóvenes de los chopos, barquitos de juncos, o "inventar" una recién llegada trilladora con un ladrillo de 9 agujeros etc... Y el aro: un aro de hierro con su guía, sacado de la rueda de un carro o hecho artesanalmente por Santos el herrero del pueblo, era una gozada, recorrer las calles con él…  Todos esos juegos y más, un gustazo dificil de superar por cualquier juguetería...


A los niños y jóvenes que ahora pasan sus vacaciones en Redecilla del Camino o en cualquier pueblo de la comarca, no será necesario empujarles para disfuten a tope del pueblo. Ellos llevan dentro motivación suficiente para pasarselo cañón en el pueblo.

Un pueblo y la zona tiene suficientes alicientes; y no digais que no: buscadlos, preguntadlos, partiparlos con los demás.

Este verano no traigáis la vida de la ciudad a la vida del pueblo: no cambiéis este cielo, esta noche estrellada, estas nubes pintorescas, esta brisa de Serranillo, los olores del campo recién cosechado o de los animales, el rocío matutino, no los cambiéis por una microplantalla en la que te tienen encandilado (atado) para que quien te la envía se forre consumiendo tus ojos,  tu tiempo, en fin tu vida.

Aprovécharos del pueblo: es un privilegio tener un pueblo. 
Pásadlo bien, eh!, y alegradnos el verano a los adultos!

 ¡¡Feliz Verano y Pueblerino!!.


VBS, Redecilla, Calle y Camino


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