miércoles, 2 de septiembre de 2026

EL Camino de Santiago que Federico García Lorca caminó con su majestuosa creatividad.

Estamos recordando a Federico García Lorca por el 90 aniversario de su asesinato. 
Y este hombre, que parece tener la gracia de estar en todas partes y tocar todos los palos de la manera más excelsa, también creó y fabuló sobre el Camino de Santiago.

En 1924, realizó un dibujo dedicado a Antonio de Luna
 en el que representa a un peregrino
que
camina a Santiago con sombrero, bordón y calabaza.

Con motivo de la festividad del apóstol Santiago, el 25 de julio de 1918, Federico García Lorca escribió el Poema titulado Santiago (Balada ingenua), en el que se describen dos visiones de Santiago en el cielo. 

Lorca describe esas dos visiones en este poema:

SANTIAGO (Libro de Poemas, 1921)
(Balada ingenua)
25 de Julio de 1918 (Fuente Vaqueros, Granada)

En la primera visión, Santiago aparece a lomos de un caballo blanco, pero no en actitud belicosa como en la batalla de Clavijo, sino más bien como en el milagro del capítulo IV del libro II del Códice Calixtino (s. XII) (Códice donde se cita a Redecilla del Camino), donde recoge a un peregrino muerto y a su compañero para que pueda ser enterrado al final de la meta de la peregrinación, en Santiago de Compostela: “Recorrida aquella noche la distancia de doce días de camino, antes de salir el sol, a menos de una milla de su catedral en el Monte do Gozo, bajó del caballo el Apóstol a los que había traído y mandó al vivo que invitase a los canónigos de la dicha basílica a dar sepultura al peregrino de Santiago”. 


"Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo.
Lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado
horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros;
iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado.
horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante.
¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,
que los grillos refuerzan sus cuerdas
y dan voces los perros vegueros?

Madre abuela, ¿cuál es el camino,
madre abuela, que yo no lo veo?

Mira bien y verás una cinta
de polvillo harinoso y espeso,
un borrón que parece de plata
o de nácar. ¿Lo ves?
Ya lo veo.

Madre abuela. ¿Dónde está Santiago?
Por allí marcha con su cortejo,
la cabeza llena de plumajes
y de perlas muy finas el cuerpo,
con la luna rendida a sus plantas,
con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan
los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!

Una vieja que vive muy pobre
en la parte más alta del pueblo,
que posee una rueca inservible,
una virgen y dos gatos negros,
mientras hace la ruda calceta
con sus secos y temblones dedos,
rodeada de buenas comadres
y de sucios chiquillos traviesos,
en la paz de la noche tranquila,
con las sierras perdidas en negro,
va contando con ritmos tardíos
la visión que ella tuvo en sus tiempos.

La segunda visión de Federico Gª Lorca se corresponde con la imagen tradicional de Santiago peregrino, con el bordón en su mano, que ayuda a los pobres (como el de la imagen) y se muestra generoso con ellos:

Ella vio en una noche lejana
como ésta, sin ruidos ni vientos,
el apóstol Santiago en persona,
peregrino en la tierra del cielo.

Y comadre, ¿cómo iba vestido?
le preguntan dos voces a un tiempo.

Con bordón de esmeraldas y perlas
y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta,
mis palomas sus alas tendieron,
y mi perro, que estaba dormido,
fue tras él sus pisadas lamiendo.
Era dulce el Apóstol divino,
más aún que la luna de enero.
A su paso dejó por la senda
un olor de azucena y de incienso.

Y comadre, ¿no le dijo nada?
la preguntan dos voces a un tiempo.

Al pasar me miró sonriente
y una estrella dejóme aquí dentro.

¿Dónde tienes guardada esa estrella?
la pregunta un chiquillo travieso.

¿Se ha apagado, dijéronle otros,
como cosa de un encantamiento?

No, hijos míos, la estrella relumbra,
que en el alma clavada la llevo.

¿Cómo son las estrellas aquí?
Hijo mío, igual que en el cielo.

Siga, siga la vieja comadre.
¿Dónde iba el glorioso viajero?

Se perdió por aquellas montañas
con mis blancas palomas y el perro.
Pero llena dejome la casa
de rosales y de jazmineros,
y las uvas verdes en la parra
maduraron, y mi troje lleno
encontré la siguiente mañana.
Todo obra del Apóstol bueno.

¡Grande suerte que tuvo, comadre!
sermonean dos voces a un tiempo.

Los chiquillos están ya dormidos
y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago
por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de julio!
¡Ha pasado Santiago en el cielo!

La tristeza que tiene mi alma,
por el blanco camino la dejo,
para ver si la encuentran los niños
y en el agua la vayan hundiendo,
para ver si en la noche estrellada
a muy lejos la llevan los vientos."


También en 1935 publicó Seis poemas gallegos, escritos en gallego. De ellos, tres tienen relación con la ciudad de Santiago o con el Camino de peregrinación...

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