- “No nos dejan limpiar el monte”
- “No se puede coger ni una piña”
- “Los ecologistas no dejan quemar”, etc.
Son afirmaciones que oigo constantemente, pero son falsas. Y es que la gestión de los incendios forestales no es cuestión de opiniones: hay normas jurídicas y competencias claras que definen cómo deben actuar las administraciones y cuáles son nuestras responsabilidades como ciudadanos. Y hay una gestión tradicional del fuego como mucho valor y eficiencia, que se ignora en no pocos protocolos muy modernos ellos.
En un momento tan duro como estamos viviendo, es fundamental reducir el ruido de la desinformación y de los bulos para hablar de las soluciones, retos y desafíos. Ahí van:
FALSO: No es que no se pueda limpiar el monte, es que de hecho es obligatorio hacerlo.
La Ley 43/2003 de Montes no prohíbe limpiar, recoger frutos o hacer quemas. Al contrario, esa Ley obliga a hacerlo dentro de una gestión forestal sostenible y la prevención de incendios.
Los planes de prevención y tratamientos selvícolas son obligatorios. El artículo 48 de la Ley de Montes es claro:
- Las comunidades autónomas deben elaborar planes anuales de prevención de incendios.
- Estos planes incluyen tratamientos selvícolas obligatorios: desbroces, eliminación de vegetación, podas, limpieza de cortafuegos, puntos de agua, etc
La responsabilidad recae en la propietaria del monte, sea una administración o un propietarios particular. Deben limpiar sus finca, y el ayuntamiento debe cumplir y vigilar que se cumpla por los particulares privados. Esto es un temazo porque el 73 % de las masas forestales de este país son de titularidad privada. Por ley, los propietarios forestales deben mantener sus fincas limpias y en buen estado. Pero si no lo hacen, corresponde a los ayuntamientos exigir e incluso actuar de manera subsidiaria para garantizarlo.
El problema aparece cuando los municipios carecen de recursos. En esos casos, la Ley de Montes es clara: la comunidad autónoma debe asumir la responsabilidad. No podemos permitir que la falta de medios locales se convierta en una excusa para mirar hacia otro lado. Las administraciones autonómicas deben implicarse con fondos, personal y campañas informativas que hagan llegar a cada propietario sus obligaciones.
FALSO. Con sentido común, la recolección está permitida
En los montes hay aprovechamientos forestales: madera, corcho, resinas, setas, pastos, sí, también piñas.
- Las piñas abiertas en el suelo se pueden recoger libremente.
- Las piñas cerradas en ramas que hay que podar ¡tienen propietarios! y requieren de autorización.
- Otros productos silvestres como como frutos silvestres, plantas medicinales, etc… dependen de la normativa específica y hay que asegurarse de que no son especies protegidas. Es decir, sentido común.
Incluso en los espacios con un mayor nivel de protección, como los Parques Nacionales, la normativa establece qué tipo de actividades compatibles pueden llevarse a cabo dentro del espacio. Y en otros espacios como la Red Natura 2000 (en nuestra comarca tenemos varios espacios dentro de esa Red Natura 2000) hasta incluso se fomenta la ganadería extensiva como herramienta de prevención frente a incendios, entre otras iniciativas.
FALSO: Las autorizaciones de quemas las dan las administraciones, no una ONG.
El uso del fuego como herramienta de prevención está permitido.
Pero es que hay más: en esta comarca históricamente, siempre en invierno, había quemas controladas del monte bajo para limpiar el montes, para evitar incendios y mejorar los pastizales. Eso se hacía todos los años en Redecilla del Camino, en los Montes de Ayago, y casi todos los pueblos de la Comarca.
Por ello es necesario quemas controladas para reducir la carga combustible, como las que se ha hecho toda la vida, al final del otoño, invierno y principios de la primavera. El problema es que ya no se puede quemar como se quemaba antes, y hay que tener más cuidado: debido a las condiciones meteorológicas cada vez más extremas por el cambio climático, la ventana meteorológica para quemar es cada vez más reducida. De manera que no se autorizan tantas quemas porque pueden generar incendios dramáticos (este año ha habido incendios en invierno en Cantabria). Si los técnicos que autorizan estas practicas conocieran mejor las circunstancias, los demandantes..., igual, tal vez, se autorizaría más quemas preventivas. Y si estuvieran presentes en las mismas, mucho mejor.
Si una quema sin autorización se descontrola y provoca un incendio, se considera un incendio intencionado. Y si no se da autorzación, por qué no la hacen profesionales de la administración?
Es necesario recuperar la cultura de los pueblos para hacer ese uso preventivo y tan sensato de las quemas controlada en invierno para gestionar el aumento de combustible, pero sobre todo para generar pastizales utilizables por el ganado.
El propio fuego bien usado, como tradicionalmente se ha hecho en nuestra comarca hasta tiempos muy recientes, es una herramienta de prevención de primera magnitud.
FALSO. Abandono no es conservación.
Quizá la confusión nace porque, a simple vista, tanto el abandono como el conservacionismo, muestran un monte “natural” y poco intervenido.
Nada más lejos de la realidad, el abandono de aprovechamientos tradicionales o tratamientos por despoblación rural provoca:
- acumulación de combustible vegetal
- proliferación de matorral
- mayor riesgo de incendios, plagas y enfermedades
Por otro lado, el conservacionismo no significa inacción, significa planificar estratégicamente dónde no intervenir o dónde hacerlo; y habia los sistemas tradicionales de planificación de esa intervención en el monte: claro que no se hacía un documento para lucirlo en el parlamento o ante la prensa.. La clave está en combinar dos enfoques:
- Gestión activa del “combustible” en zonas de alto riesgo, y rotativas periodicamente.
- Gestión pasiva de las masas forestales maduras
Ambas estrategias deben coexistir y coordinarse a través de instrumentos de planificación forestal y de emergencia, junto con estudios específicos de cada caso. Y ambos pueden y deben integrar las magníficas y tradionales maneras y prácticas de adminitrar el monte en provecho del ganado, de la silvicultura, de la prevención de incendios. Solo así se podrán definir prioridades y una zonificación eficiente que garantice:
- La seguridad de la población
- La conservación de la biodiversidad
- El mantenimiento de los servicios ecosistémicos y ambientales
- La eficacia y seguridad de los servicios de extinción
- La rentabilidad económica del uso del monte: sin poner en valor la riqueza que pueden dar los montes, no habrá una de las herramientas más importantes contra la despoblación. Repoblación y gestión económica y medioambiental de los montes deben ir de la mano. Como se abandone el territorio, como se está haciendo, no habrá remidio.
En definitiva, la clave está en asumir la larga y eficiente cultura de los pueblos en la gestión del medio forestal, en una planificación forestal equilibrada, capaz de armonizar seguridad, biodiversidad y sostenibilidad de la vida humana en el medio...
La extinción de incendios es una tarea profesional y altamente especializada.
Ni el voluntariado ni el personal de una ONG están preparados para esta función: esa afirmación es una de tantas memeces circulantes.
La extinción de incendios forestales requiere conocer el territorio (cosa en la que fallan muchas veces los técnicos que viven fuera del medio rural), requiere, por tanto, conocer la cultura tradicional y actualizada del uso de los montes que hacen sus usuarios: (los pueblerinos, de eso sí que saben). Lo demás es importante: que una buena preparación física y técnica específicas, un profundo conocimiento del comportamiento del fuego en el terreno concreto (quien no conoce el monte, en fin...). Los profesionales son muy necesarios, cuanto más preparados mejor, pero serán mejores profecionales si conocen el territorio y saben usar los medios, que existen, que deben conocer y que hay en los pueblos. Esta tontería de que, habiendo fuego de medio metro cuadrado, lo que hay que hacer es llamar al 112, es lamentable. Un fuego en sus inicios lo apaga, en general, cualquiera. Lo que necesita es saberlo apagar en el momento inicial, y si no lo controla, llamar al 112. Gracias al sentido común, que no suelen tener algunos protocolos, la inmensa mayoría de los incendios se apagan por la gente en sus momentos iniciales. Pero no estaría nada mal que hubiera campañas de información y formación para enseñar cómo los ciudadanos deben operar los incendios en sus inicios. Las miles de horas que dedican los Medios en informarnos sobre los fuegos activos del momento, mejor sería emplearlas en educar a la gente cómo intervenir sobre un fuego en sus inicios y desde la cercanía (sin embargo, cada vez hay mayor distancia entre la población y el fuego: por tanto cada día llegará más tarde la intervención sobre él: la repoblación es una necesidad para gestionar eficaz y localmente el fuego)
La lucha contra los incendios va más allá de apagar el fuego,
Antes, va de contar con la gente y con el pueblo, va de poner valor al mundo rural (qué debe la ciudad al campo?, que lo pague), va de conocer el fuego, dónde surge y cómo se desarrolla; en fin, va de prevenir, como se ha hecho toda vida (curiosamente, oyendo a algunos profesionales y viendo algún protocolo, da la sensación de que el fuego es una cosa recién inventada).

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