¡¡¡Va por nuestros seres queridos!!!
Por qué nuestros cipreses en el Campo Santo?.
Nos lo explica El Jardín del Calvo, siempre maravillosamente...
Últimamente me fijo mucho en los cipreses que crecen junto —o dentro— de los cementerios. Este, en el valle de Manzanedo (Burgos), me parece especialmente encantador y profundamente simbólico.
Un recinto de piedra, una puerta sencilla, un único ciprés… y una imagen que todos interpretamos sin necesidad de palabras. Pero conviene recordar que este símbolo es mucho más antiguo de lo que imaginamos, y desde luego, no nació en Europa.
Los persas lo tenían clarísimo: el ciprés era inmortal. No había discusión. Si tu abuelo, y el abuelo de tu abuelo, aseguraban que aquel ciprés del pueblo ya era enorme cuando ellos eran niños —sin saber que un ciprés puede vivir hasta 5.000 años— la conclusión era evidente: ese árbol no moría. Era sagrado.
Con buen criterio, se enterraban junto a él, esperando que su presencia les ayudara a alcanzar esa inmortalidad que quien tiene fe, sea cual sea su religión, busca de una forma u otra.
Luego llegaron los romanos a aquellas tierras y copiaron la idea. Ellos lo copiaban todo: esa era la clave de su éxito. Y de repente, por todo el imperio, se popularizó plantar cipreses en los lugares de reposo de los difuntos. La costumbre llegó hasta Inglaterra. En España también, por supuesto, y de ahí saltó a América.
Pasaron los siglos, ya sin romanos de por medio, y a nadie le molestó aquel árbol creciendo en el camposanto. Se convirtió en tradición. Y en España, cuando abrazamos una tradición, no la soltamos: aunque olvidemos su origen, la mantenemos… por si acaso.
Reconozco que esta tradición me resulta hermosa. Asociar un árbol al último viaje de una persona tiene algo poético, como si sus raíces absorbieran nuestro ser y lo elevaran hacia las alturas.
Pero el mundo evoluciona, y los cementerios también. Ya se oye hablar de los “nuevos cementerios”, arboledas donde las cenizas se entierran al pie de un árbol. Ya no tiene por qué ser un ciprés, pero al final estás creando un bosque, un lugar vivo. Te ahorras filas de lápidas y, al visitar a tu ser querido, ves un árbol: algo que crece, respira, cambia. Sea como sea, siempre hay un árbol en el proceso.
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Ahora os pregunto: ¿para los cipreses, preferís los cementerios tradicionales o las arboledas del futuro?
Estos días un recuerdo para nuestros seres queridos.
¡¡¡Que descansen en paz todos nuestros vecinos(amigos, familiares...) que reposan su historia en el Camposanto de Redecilla del Camino!!!.
Seguro que esos cipreses les acompañan, y les cuentan como va la nuestra vida, el tiempo... Lo mismo harán los miles de gorriones que se cobijan cada noche entres sus ramas, y los cientos de flores que cada cabo de año o por estas fechas les ponemos a sus pies...
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